El mexicano siempre está lejos, lejos del mundo y de los demás. […]Temeroso de la mirada ajena, se contrae, se reduce, se vuelve sombra y fantasma, eco.
Octavio Paz, El Laberinto de la Soledad.

Desde la década de los cincuenta, cuando Octavio Paz publicó su obra El Laberinto de la Soledad, el mexicano ya se caracterizaba por su mirada recelosa hacia el mundo. Desconfiado, desinteresado, ensimismado y parroquial el mexicano del siglo XXI no ha cambiado y difícilmente voltea a ver lo que ocurre en el mundo.

El mundo es limitado y parchado ante los ojos de la mayoría de los mexicanos. Gran parte de la población no se informa sobre los asuntos globales, no tienen contacto frecuente con extranjeros, no hablan un segundo idioma y los medios de comunicación casi no destinan espacios para el análisis del acontecer mundial, una batería de mensajes que en su mayoría drena la encuesta , Las Américas y el Mundo 2012-2013 del CIDE. Lo anterior genera que la sociedad mexicana carezca de perspectiva global y trate las problemáticas de su entorno más próximo e inmediato.

padece si el mundo experimenta una contracción económica, por la vía del comercio, turismo, remesas o bien inversión extranjera podemos ganar o perder. Fluctuaciones en las finanzas internacionales o en los precios de las materias primas generan un impacto directo en los ingresos públicos que nos obligan a replantear políticas internas. Decisiones del G20 o de la OMC inciden en el curso nacional de los hechos que nos obligan a estar más presentes en cada uno de los movimientos de la gobernanza mundial. Por otro lado, la coyuntura de las guerras, el terrorismo, el calentamiento global y las epidemias sanitarias generan tan sólo un interés momentáneo de los mexicanos sobre el mundo. Un interés fugaz, breve, efímero que se esfuma con el paso de los días para regresar a la pasividad original y al predominio de los localismos.

Los temas que nos importan a los mexicanos no se pueden desatorar sino miramos como se transan en la esfera regional e internacional. Seguridad, economía, justicia, anticorrupción y cambio climático son asuntos anclados más allá de nuestras fronteras. ¿Podemos delinear una estrategia de seguridad nacional en contra del crimen organizado trasnacional sin advertir lo que sucede en Centroamérica? ¿Podemos planear nuestros presupuestos nacionales sin tomar en cuenta el propósito de Arabia Saudita de sacar del mercado a las empresas del shale gas y shale oil en EE.UU. que han ocasionado el desplome de los precios del petróleo? ¿Podemos llevar justicia a los familiares de los desaparecidos de Ayotzinapa sin la guía de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA y sin los instrumentos internacionales de la ONU que presionan al Estado mexicano para rendir cuentas?

Hoy más que nunca el mundo es importante para México, no sólo para el gobierno sino para la gente. ¿Podemos avanzar el tema de la transparencia y rendición de cuentas sin el escrutinio internacional? ¿Acaso debemos pasar por desapercibido que la OCDE vigilará la aplicación de recursos para el nuevo aeropuerto internacional de la Ciudad de o que Washington incrementará los recursos destinados a las investigaciones de corrupción en otros países? ¿Podemos practicar una política de cambio climático aislada del mundo cuando sabemos que la interdependencia ecológica nos impone una serie de compromisos y responsabilidades? Los mexicanos no terminamos de comprender que muchos de los asuntos de carácter internacional se convierten en temas de agenda interna y que nuestros niveles de seguridad, desarrollo y calidad de vida dependen en gran medida de lo que suceda afuera.

Tampoco queda claro que la política exterior sirve como palanca para promover el desarrollo nacional y que el mundo debe ser aprovechado para servir a los intereses de en aras de extraer las mejores lecciones y aprendizajes para temas de interés común. El resultado: hemos perdido visión sobre la resolución de problemas. El mundo interconectado del siglo XXI necesita de mexicanos que asimilen estas ideas y se comprometan con el conocimiento sobre el mundo. De no hacerlo seguiremos construyendo visiones cojas y leyes incompletas que deben ser reformadas una y otra vez. Los decisores necesitan confeccionar políticas públicas bajo una mirada internacional que incluya forzosamente la inspección ciudadana y que no falle en omitir nuestras particularidades, rasgos y códigos de identificación, ¿un nuevo radar para gobernar con mayor asertividad?

tiene que observar al mundo y ser observado por éste. El mundo puede ser fuente transformadora de la realidad nacional. Muchas instancias internacionales pueden convertirse en aliados estratégicos de los mexicanos que a todas luces modelamos descobijados frente al crimen organizado trasnacional, red de complicidades y actos de corrupción. Frente a esta terrible situación, el mundo nos ofrece sus instancias jurídicas regionales e internacionales que emiten cuestionamientos, pronuncian recomendaciones, ofrecen asesoría y ayuda técnica, así como refuerzan capacidades que abonan a la protección del ciudadano desconfiado y vulnerado. Ahora el combate contra el hermetismo rinde beneficios concretos a los mexicanos.

¡México: el mundo sí importa!

¡México: el mundo sí importa!

@RinaMussali

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Internacionalista con Maestría en “Estudios Latinoamericanos” en la FCPyS UNAM. Soy miembro del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI) y mi experiencia laboral destaca en áreas de planeación, investigación y comunicación integral vinculada al quehacer del gobierno federal, de asesoría sobre asuntos internacionales del Poder Legislativo y en la coordinación de proyectos de comunicación internacional. Fui líder de Comunicación Nacional e Internacional del IV Foro Mundial del Agua y Coordinadora de Comunicación de México en la Tribuna del Agua en la Expo Zaragoza 2008, España. Actualmente soy analista y conductora del programa de televisión “Vértice Internacional” y de la serie “2013:Elecciones en el mundo” en el Canal del Congreso. Asimismo, soy autora de varios libros y artículos, así como comentarista sobre asuntos políticos globales. La gente me describe como una persona responsable, disciplinada, innovadora y visionaria, así como enfocada a la consecución de metas.