Diario Judío México - Hace veinte años estaba yo en un restaurante cuando vi que una persona tenía junto a el lo que parecía una caja de zapatos. Era un teléfono celular. Fue la primera vez que vi uno. Era feo e incómodo para cargar… un estorbo. Años después se empezaron a fabricar teléfonos celulares más chicos mucho más fáciles de cargar y manejar.

Muy al principio las tarifas de los celulares fueron muy caras, así que no era de ninguna manera una facilidad para todos. Había pocas compañías -una o dos- que podían prestar ese servicio de élite. Años después nos encontramos con bastantes compañías que ofrecen el servicio.

Teléfonos celulares ahora los hay de todos tamaños, de todos colores, y con múltiples aditamentos que amplían su función original con opciones de todo tipo. El tener ahora una línea telefónica personal y privada, no resulta tan cara y está al alcance de muchas personas. Para algunos es una herramienta de trabajo imprescindible e insustituible, como: médicos, empresarios, policías, profesionistas….la lista es muy larga.

Pero en la vida no todo es blanco o negro, existen medios tonos y muchos grises. En mi caso particular, estos aparatitos tan populares, muchas veces desestructura mi diaria planeación de trabajo. A veces resulta ser un saturador desordenado, en el que las prioridades importantes de ese día pierden su importancia. Me genera angustia cuando me satura de actividades; al punto de no saber por donde empezar, ya que de pronto casi todo es urgente.

Cuando más me angustia es cuando voy en mi automóvil y de pronto vibra. Con dificultad lo tomo de mi cinturón y contesto; empiezo a hablar y al mismo tiempo trato de escuchar el tráfico que me circunda.

Todo empieza a complicarse, el manejar con una sola mano me es difícil; mientras tanto la circulación se congestiona… más autos y autobuses, sin mencionar los inquietos microbuceros y uno que otro motociclista. Mi angustia sigue en aumento con una mano en el teléfono y la otra en el volante; si puedo trato de orillarme, y si no cuelgo por el temor a chocar o atropellar a un peatón, ya que entre mi teléfono, el auto y yo, ya no hay coordinación para seguir adelante.

Hace poco leí un mensaje al respecto, que versa:

No permitas
que el teléfono
interrumpa
momentos importantes,
está ahí
para tu conveniencia,
no de la persona que llame.

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Industrial y asesor en materia de seguros y fianzas, inicia su actividad periodística hace siete años, principalmente en periódicos y revistas comunitarias judías y en el periódico El Asegurador, en su sección "Vivir seguros".