Diario Judío México - La libertad es el tesoro más preciado que posee el ser humano y esto lo sabía no solo Jean-Paul Sartre, sino que es el principio fundamental que rige a toda persona en cualquier parte del mundo; porque el simple hecho de ser libre y no estar condicionado por ninguna diferencia de carácter socio-cultural es fundamental. Ya que para hacer efectivo el pleno goce de ésta máxima humana, debemos comprometernos a luchar cada día contra viento y marea, por no ser hostigados a raíz de nuestras creencias, raza, situación económica, preferencia sexual o en definitiva, lo que nos caracteriza como seres humanos, el simple hecho de ser diferentes unos de otros e iguales al mismo tiempo.

Sin embargo, alguien podría decir que esto no es del todo cierto y que las diferencias son tan abismales entre nosotros que esa frase no es más que una falacia, porque en realidad no podemos generalizar en una igualdad real más allá del discurso teórico que suena muy humanitario, aunque en la práctica no se aplique a cabalidad. Ya que a mi criterio desde el punto de vista de la filosofía, la realidad humana nos circunda a todos como seres sociales de una misma especie.

La cual, durante su desarrollo y evolución, debe aprender a leer las coyunturas socio-históricas en las que se ha visto inmersa y por ende, saber interpretar que el Mundo es uno solo y que éste avanza, cambia y se transforma día tras día. Por ello, es que no podemos pensar que la libertad como máxima principal del ser humano, se encuentre restringida a unos pocos, los cuales son los únicos en poder gozar de ella en forma plena, ya que ésta, es parte de la integridad humana que poseemos cada uno.

Entonces debemos tener claro que: “Si mi libertad se termina dónde empieza la de los demás”, no es posible que algunas personas pretendan imponerse frente a otras, como si fueran los dueños absolutos del libre albedrío de todos los que habitamos este mundo, y del cual somos responsables cada uno individualmente, aunque otros no estén de acuerdo con nuestras posturas, creencias o tradiciones personales que en el ejercicio de la dialéctica diaria, debe entenderse como esa búsqueda de la verdad en el desarrollo de la plena libertad.

Aunque, las relaciones interpersonales se desenvuelvan en un ámbito tan cambiante que lo que para algunos estaba bien o se daba por sentado desde un principio, puede ser que ya no se contemple como aceptado por todos o incluso, lo que en el pasado no se consideraba como pertinente, ahora puede ser que si lo sea.

Porque la libertad en el sentido estricto de la palabra, es la base fundamental del ser humano y principio rector de su desarrollo personal, más allá de cómo puede ser percibida de un lugar a otro y del manejo que pretendan detentar unos pocos a través del poder, en nombre del despotismo y egoísmo que alberga en muchos seres humanos en la actualidad.
(Especial para el Diario Judío.com de México.)

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Licenciada en Filosofía de la Universidad de Costa Rica, UCR, especializada en identidad nacional costarricense; ética; y comunicación social. En la actualidad investiga sobre los judíos sefardíes en Costa RIca. Además tiene estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad de Costa RIca y trabaja como consejera en razonamiento jurídico en una firma de abogados. Publica artículos en El Semanario Universidad, de la Universidad de Costa RIca, en esefarad.com, revista argentina en internet sobre cultura sefardita y ha publicado en el diario La Nación de Costa RIca. Es Poeta. Publicó poemas en la Revista Tópicos del Humanismo de la Universidad Nacional, UNA, en el Semanario Universidad de la UCR y en el diario La Nación. Forma parte de la Junta Directiva de la Ong Instituto para el Desarrollo, la Democracia y la Ética, IDDE.