Es claro que no vivimos en la era mesiánica, que el mundo aun requiere de ser redimido, por lo mismo la ética judía busca solucionar problemas asociados con la falta de moral, la maldad, la arrogancia, el abuso y el enojo diseñando estrategias capaces de solucionar conflictos causados por la falta de un mundo ideal.

En la Hagadá de Pésaj releemos cada año la historia de los cuatro hijos: el bueno, el malo, el simple y aquel que no sabe preguntar.

No es el objetivo de esta carta describir las preguntas formuladas por cada hijo ni la interpretación (o interpretaciones) rabínicas sobre ellos, sin embargo, cabe señalar que los cuatro hijos, tanto el que produce orgullo y satisfacción a sus padres, como el apático, el desafiante o el demasiado joven están incluidos e invitados a participar en la cena de Pésaj.

¿Por qué no mejor anular al malo? ¿Desacreditar al apático o ignorar al joven? Es claro que las fuentes buscan una integración de todos los diferentes tipos de judíos, enriqueciendo así la cultura con matices de las distintas personalidades del Klal Israel. En ninguna de las fuentes aparece la idea de incluir en la cena de Pésaj sólo al hijo listo, ni de expulsar de la familia al hijo malo.

En la celebración litúrgica de Sucot, necesitamos de las cuatro especies Etrog, Hadas, Arava y Lulav (arbá minim) para cumplir con la ley (Levítico 23:40). Los rabinos interpretan que cada especie representa un tipo de “personalidad” humana (El Etrog que posee olor y sabor, representa aquel judío que estudia Torá y hace buenas acciones, el Lulav que posee sabor mas no olor, corresponde a aquel que no estudia Torá sin embargo hace buenas acciones, el Hadas hierba desprovista de sabor mas no de olor corresponde a aquel que hace buenas acciones mas no se ocupa del estudio de la Torá. Por último tenemos la Aravá que no cuenta ni con olor, ni con sabor. Obviamente representa a aquellos judíos que no estudian Torá ni se ocupan de realizar buenas acciones). (Midrash Rabá, Vayikra, Levítico 30:11)

En el Shuljan Aruj, aprendemos que la bendición de Sucot es válida exclusivamente cuando las cuatro especies están juntas. De no ser así la bendición no se considera legalmente válida. (Shulján Aruj, Oraj Jaim 651:12).

En el tratado de Menajot 27a leemos: “De las cuatro especies dos dan frutos y dos no dan frutos. Las que dan frutos necesitan a los que no dan frutos, y las que no dan frutos necesitan a las que dan frutos. El hombre no cumple con la obligación (de tomar las cuatro especies en Sucot) hasta que toma a las cuatro en un ramillete (o juntas) y así es el Pueblo de Israel…”

En el libro de Éxodo verso 30 versículo 34-36 la Torá relata la construcción del Tabernáculo. El texto narra las instrucciones para la preparación del incienso: El gran exégeta Rashi Z”B (Rabino Shlomo Ben Yizjak) explica que la especie llamada “galbanum” -la cual despedía un olor penetrante y amargo- debía ser incluida dentro de la mezcla requerida para hacer el incienso ya que simbolizaba la participación de todo tipo de caracteres que conforman al pueblo de Israel.

¿Quiénes somos nosotros para juzgar a que ser humano le corresponde ser el malo, el listo, el etrog, la aravá o el galbanum? No es esta una lección para aquellos con tendencia a descalificar al “diferente”, para quienes subrayan la otredad como un defecto capaz de alienar al prójimo.

Estos tres ejemplos, me llevaron a pensar una vez más en “Espejos”. El evento de “Espejos” fue diseñado como una micro sociedad donde todos aquellos invitados a participar tenían en su agenda aportar elementos constructores a un grupo de jóvenes, por lo mismo estaban incluidos empresarios, mercadólogos, adictólogos, médicos, artistas, actores y rabinos (entre otros).

Me pareció natural que en un modelo de una micro sociedad judía, los rabinos tuvieran participación. Me atrevo a dudar cual será el futuro de “Espejos” en relación a esto. La situación que se dio entre los líderes espirituales, ¿podría arriesgar su participación en el futuro? ¿Es acaso el modelo “libre de rabinos” el verdadero reflejo de una sociedad judía? Lo dudo.

Citando al gran teólogo Abraham Joshua Heschel pido a nuestros líderes espirituales que sean capaces de ver que actualmente el aislamiento religioso es un mito. “Ninguna religión es una isla”.

Esto es un hecho, jóvenes de las cinco comunidades conviven en el CDI, bailan en el festival Aviv, compiten en las macabiadas, participan en actividades garantizando seguridad a nuestros templos e instituciones y viajan a la Marcha de la Vida.

Después de muchos años en que vivimos discriminándonos unos a otros, la comunidad judía de México finalmente se está integrando.

¡Construyan puentes! No los quemen.

¡No excluyan a uno de los cuatro hijos de su séder, todos necesitamos familia!

¡No desacompleten el minián!

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