Diario Judío México - Moshé (Moises) Rabenu transformó sus virtudes y cualidades

Está escrita una historia increíble acerca de Moshé Rabenu:

Cuando Moshé Rabenu sacó a los Yehudim de Egipto, los pueblos vecinos se sorprendieron por el “gran hombre” debido a quien ocurrieron tantos milagros y maravillas.

Un rey árabe que quería investigar la fuerza de Moshé Rabenu mandó a algunos pintores expertos para dibujar el rostro del líder hebreo. Éstos dibujaron exactamente el rostro del pastor de y lo mostraron al rey.

El monarca llamó entonces a los hombres más expertos en interpretar los rostros de los seres humanos y les entregó el dibujo de Moshé Rabenu para que con base en el retrato explicaran su gran fuerza, virtudes y cualidades.

Todos le dijeron: “Este hombre es un individuo malo, presumido, amante del dinero y enojón, y posee las peores cualidades del mundo”.

El rey pensó que tal vez estaban burlándose de él; fue tanta su furia que los dibujantes y los “expertos” se llenaron de temor y empezaron a echarse la culpa uno al otro. Uno decía que estaba mal dibujado, el otro que estaba mal interpretado…

Entonces el rey mismo quiso ir hasta donde estaba Moshé Rabenu para conocerlo y verificar si el dibujo era correcto.

El rey tomó el dibujo y fue al desierto de Sinai. Cuando vio a Moshé Rabenu se dio cuenta de que era idéntico al retrato que tenía en la mano.

Pensó que los dibujantes habían estado en lo correcto, pero que los intérpretes se habían equivocado.

Antes de regresar a su país, el rey pudo platicar con Moshé Rabenu. Le contó todo lo que había hecho y le dijo que el dibujo que tenía en su mano era correcto y ahora se había dado cuenta de que los intérpretes estaban equivocados.

En ese momento le dijo Moshé Rabenu algo increíble: “Los dibujantes y los intérpretes están en lo correcto. Pero quiero que sepas que, conforme a mi naturaleza, todas esas virtudes malas estaban arraigadas dentro de mí. Yo debía ser malo y tener las peores cualidades: presumido, enojón, etc. Incluso pienso que a los intérpretes les faltó agregar peores virtudes de ese dibujo sobre mí… Pero, con el tiempo, he trabajado con todas mis fuerzas en mi propia superación personal y he gobernado mis deseos y ambiciones, hasta llegar a ser lo que soy ahora”.

En otras palabras, Moshé Rabenu atestiguó sobre sí mismo que tenía malas cualidades, que era enojón, etc., pero pudo vencerlas y ser otra persona, totalmente distinta.

[1] Tiferet , al final del tratado de Mishná Kidushín.

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