Según anotan diversos expertos e investigadoras[1], desde la caída del Imperio Romano de Occidente (año 476) hasta mediados del siglo XV, la mentalidad predominante respecto a la mujer era la misoginia; es decir, visión u opinión que tenía como resultado la discriminación de la mujer en todos los ámbitos pero, con especial énfasis, en el tema intelectual. Sin embargo, a pesar de las cortapisas que se les impuso para manifestarse como creadoras a través de la escritura, un nutrido grupo supo dejar a un lado los convencionalismos sociales y las prohibiciones, dando a la luz obras en las que muestran el poder creativo de su innovador intelecto.

Dicho grupo constituye una excepción en un mundo cultural o intelectual en el que el varón cerraba y encerraba todas las posibilidades de acercarse en plan de igualdad al arte literario. Y todo ello; porque el papel de la mujer ideal fue diseñado, a lo largo de los tiempos, como esposa y madre; con la salvedad que muchas de ellas se hacían religiosas y entraban en un convento precisamente para huir de la tutela familiar. En todo caso, en las dos formas, el papel femenino era pasivo y, en el matrimonio, además de elegir para ella, en numerosos casos, marido, no se les permitía tener opinión y si la tenían no debían expresarla en sociedad.

Respecto a la importancia de los conventos y monasterios en la Edad Media sabemos que fueron el centro del saber y, desde dichos cenobios se expandía la cultura. Por ello, las escritoras del Alto Medievo fueron en su mayoría monjas. Por otro lado, el convento también cumplía una función importante dentro de la sociedad medieval. Podríamos decir que, los grandes monasterios fueron poderosos focos de formación educativa para las niñas (en algunos casos para los niños) y llegaron a convertirse, como veremos, en centros en los que destacaban mujeres de alto nivel cultural[2], entre otras, Teresa de Cartagena y Saravia.

Breve biografía de Teresa de Cartagena y Saravia

Teresa de Cartagena y Saravia nació en Burgos entre 1420-1425 en el seno de una familia judía conversa de alta posición social, compuesta de siete hijos. Su madre fue María de Saravia y su padre, Pedro de Cartagena, consejero real e hijo de un rabino burgalés, Selomo-Ha-Levi: figura importante de la comunidad judía que se había convertido al cristianismo adoptando el nombre de Pablo García de Santa María, llegando a ser obispo de Cartagena y después de Burgos. Tras la conversión, la familia conservó su influencia y adoptó el apellido Santa María Cartagena.

Como era común en las familias poderosas de origen judío se prestaba un valor particular a la educación. Su tío abuelo, Alvar García de Santa María y su tío paterno Alonso de Cartagena (1384-1456) fueron influyentes humanistas y escritores. Según esa tradición, Teresa recibió las primeras letras en su casa, antes de ser enviada, con unos 15 años de edad (alrededor de 1440) a un monasterio franciscano de Burgos, el de las Hermanas Pobres de Santa Clara: «La mano de Dios me hizo señal que callase y cesase las hablas mundanas». Allí permanece al menos hasta 1449, año en el que se traslada a otro monasterio burgalés, el de Santa María la Real de las Huelgas, de la orden cisterciense. En este monasterio, probablemente a causa de una enfermedad, queda totalmente sorda[3].

Algunos de sus biógrafos creen que su entrada en el convento fue debida a la persecución a los judíos que se inicia por esas fechas en nuestro País; posible razón por la que la familia la traslada desde el convento franciscano al monasterio de las Huelgas de la orden del Cister; ya que en esa época los franciscanos mostraban intolerancia hacia el problema político-social de los conversos.

Como se sabe, la posición de los conversos en nuestro País en el s. XV fue complicada y está llena de controversias; pues la sociedad creía que si bien se convertían al cristianismo, en algunos casos, pese al bautismo, seguían manteniendo algunas prácticas del antiguo rito judío, aprovechando su condición de cristianos para ocupar cargos importantes: generalmente los judíos conversos procedían de las élites sociales de entonces[4]. ​

Obra de Teresa de Cartagena

En la clausura y totalmente sorda Teresa se cobija en sí misma y escribe La Arboleda de los enfermos. En dicho volumen cuenta los sufrimientos que le había supuesto la pérdida del oído en su juventud, así como su aislamiento, marginación social y el desarrollo espiritual que tal pérdida le trajo consigo; pues Teresa de Cartagena afirma en el prólogo de esta obra, que fue -al igual que el resto de la familia- a la Universidad de Salamanca: los pocos años que yo estudié en el estudio de Salamanca.

La Arboleda causó asombro entre los intelectuales de la época. Por ello, y porque según los cánones de entonces, sus contemporáneos cuestionaron su autoría por ser mujer y considerarla enferma o discapacitada. No se aceptaba que una pobre monja sorda pudiese escribir un texto tan importante con autoridad, conocimiento e inteligencia sobre temas religiosos y teológicos. Por ello la acusan, con gran escándalo, de plagio.

Alrededor de un año después Teresa escribe un segundo libro: Admiraçión Operum Dey (Admiración de las obras de Dios), en el cual defiende la capacidad intelectual de la mujer para leer, escribir y pensar igual que los hombres: «asy en las henbras como en los varones puede yspirar e fazer obras de grande admiraçión e magnificençia a loor y goria del santo Nonbre».

También critica las limitaciones de educación y espacio que tenían desde siempre las mujeres: «enceradas dentro en su casa». Intenta visibilizar a la mujer como intelectual «[...] porque inhumana cosa nos pareció de sofrir que tantas obras de virtud, y ejemplos de bondad fallados en el linaje de las mujeres fuessen callados, y enterrados en las escuras de la olvidanza». Y alienta a que escriban, pidiendo a los hombres el reconocimiento merecido: «Aquel poderoso Señor soberano que dio preheminençias al varón… bien las puede dar a la henbra».

Son precisamente los argumentos que usa la autora en el segundo libro por los que está considerada una pionera en el discurso feminista, sin olvidar que también es la primera autora española que le da valor a la sordera; es decir, trata con naturalidad un tema que se ocultaba como un estigma.

Respecto a su formación, ya hemos anotado que la recibió esmerada en su propio domicilio; pues en la Edad Media la educación sólo estaba al alcance de las clases altas. Las mujeres de dicho status recibían clases de latín y sabían leer en lenguas vernáculas, clásicas y sagradas; pero al haber aprendido un tipo de educación limitada y orientada a un papel social también limitado, escriben con un estilo diferente: la mayoría lírica cortesana, obras epistolares, sermones, hagiografías y autobiografías espirituales de experiencia personal.

Actualmente, los dos textos, manuscritos en 91 hojas de folio menor, con letra del s. XV, se encuentran dentro de un códice, junto a dos obras más de diferente autor, en la Biblioteca del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial y son los ya referenciados: Arboleda de los enfermos y Admiraçión operum Dey. En dichos Teresa de Cartagena, al igual que haría posteriormente Teresa de Jesús, defiende la oración mental, la vida austera y la devoción a Cristo; asimismo ensalza las virtudes de la humildad, caridad y paciencia.

Especialmente La Arboleda es un tratado de consuelo para ayudar a las personas enfermas que, como a ella, la ciencia no les ayudaba. Da un valor místico al sufrimiento físico y, para aceptarlo, propone en su libro la fórmula de la alegría: “Poblaré mi soledat de arboleda graçiosa, so la sombra de la qual pueda descansar mi persona y reçiba mi espíritu ayre de salud”.

En Teresa, la escritura, y la creencia y retórica cristianas se convirtieron en el medio para defender a la mujer. Su valor está sobre todo en la autoría. Los suyos son de los primeros textos donde aparece la firma de una mujer. Laus Deo.


[1] Alicia Caballero Salamanca: (2018), Mujer y producto intelectual: la incorporación femenina al ámbito intelectual. Archivo de la Historia. medieval. Mujer y su incorporación al mundo intelectual - Archivos de la https://archivoshistoria.com

[2] Ricardo Walter Corleto OAR: (2006), La mujer en la edad Media (Algunos aspectos). Revista Teología. Tomo XLIII, nº 91. Diciembre, pp. 655-670.

[3] Página inicial del manuscrito de Arboleda de los enfermos, Biblioteca de San Lorenzo del Escorial. En Teresa de Cartagena. Escritora y religiosa sorda del Siglo XV. En línea: www.cultura-sorda.org/teresa-de-cartagena/

[4] Pérez, Joseph: (1993). de una tragedia : la expulsión de los judíos de España. Serie Crítica e Medieval. Barcelona.

FuenteLa Voz de Tomelloso

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