Hasta hace poco lo que más se conocía acerca de Emiratos Árabes Unidos (EAU) era que se trataba de un riquísimo y pequeño país árabe colindante con el Reino Saudita, que gracias a su abundancia petrolera había conseguido modernizar de manera asombrosa su infraestructura urbanística, creando verdaderos paraísos en medio de su desierto, lugares de ensueño que bien podían ilustrar cuentos de reyes y princesas. Rascacielos imponentes, centros comerciales de ultra lujo, vehículos de colección al por mayor y construcciones subacuáticas para deleitar las aspiraciones de novedad de un turismo ávido de placeres insospechados. Además, para millones de aficionados al deporte, el lema Fly Emirates se volvió familiar al aparecer constantemente en camisetas de futbolistas y atletas en general.

Recientemente, la popularidad de los Emiratos tuvo un impulso adicional cuando, con la mediación de la administración de Trump, se registró el avance diplomático insólito de que el gobierno emiratí y el del Estado de acordaron normalizar relaciones, con lo que los nombres de Abu Dabi y Dubái, las ciudades más importantes de los Emiratos y emblemáticas de desarrollos urbanos futurísticos de altísimos vuelos, acrecentaron aún más su fama.

Sin embargo, hay un lado tenebrosamente oscuro que contrasta con todo el boato que acompaña a la imagen de EAU. Se trata del hecho conocido por muchos, pero casi siempre soslayado, de que millones de trabajadores migrantes han constituido, y lo siguen haciendo, la fuerza de trabajo con la que se han construido esas apantallantes urbes, fuerza de trabajo mantenida en condiciones de esclavitud. Esclavitud en el sentido más tradicional del término.

En la actualidad se cuentan en EAU cerca de ocho millones de trabajadores migrantes, los cuales constituyen el 95% de la fuerza de trabajo privada del país, la cual proviene de países como Bangladesh, Pakistán, India y Filipinas. Se trata de gente agobiada por condiciones de pobreza extrema que cae en la trampa de creer en ofertas de salarios extraordinarios al irse a trabajar a EAU, ya sea en construcción, manufactura o servicios varios. La realidad es que quienes sucumben a esos ofrecimientos comprueban, al llegar a Dubái, que se les confiscan sus pasaportes y sus salarios resultan ser tan sólo una parte ínfima de lo prometido. De tal suerte que no pueden volver a sus países de origen ni vivir en condiciones mínimamente dignas. De hecho, quedan secuestrados y en condiciones de esclavitud, ya que a menudo reciben castigos físicos, son víctimas de abusos sexuales y de tráfico humano para efectos de prostitución y pornografía al servicio del turismo. Una investigación al respecto, presentada el año pasado en la televisión griega, expuso la complicidad de las autoridades estatales emiratíes en el tráfico humano ahí desarrollado. Ese estudio calculaba que tan sólo en Dubái cerca de 45 mil mujeres estaban atrapadas en una red de prostitución, la cual abarcaba también a muchachos adolescentes que “proveían de servicios” a los visitantes del exterior.

Quienes han logrado dar testimonio del horror al que quedan sometidos hablan de jornadas de trabajo de 12 a 14 horas diarias bajo el sol del desierto y temperaturas de hasta 50 grados. Todo eso en medio de condiciones de vida muy precarias, con hacinamiento, falta de servicios elementales y alimentación adecuada. Las protestas que llegan a presentarse contra esta situación son reprimidas con violencia por los empleadores y la policía y, por supuesto, no existe tal cosa como huelgas, sindicatos o derechos laborales reconocidos por alguna autoridad estatal. Se sabe de suicidios frecuentes derivados del extremo sufrimiento físico y moral de quienes dejan de creer que algún día podrán regresar a su terruño y al seno de sus familias.

Si bien es cierto que ha habido condenas a todas estas prácticas por parte del Parlamento Europeo y el Departamento de Estado de EU, así como reportajes periodísticos que han difundido y denunciado esos horrores —que por cierto, también son práctica común en los vecinos de EAU, como Baréin y Arabia Saudita—, es un hecho que la impresión que prevalece en el mundo sobre estas naciones de la Península Arábiga es que han superado su condición de monoexportadoras de petróleo y han pasado a ser emblemáticas de lo que son capaces de hacer con inteligencia, esfuerzo, dinamismo, creatividad y tesón. Desgraciadamente, lo que no se conoce es lo que está detrás de todo esa exuberancia propia de película de ciencia ficción hollywoodesca: brutal explotación, crueldad, y esclavitud pura y dura.

FuenteExcelsior

SIN COMENTARIOS

Deja tu Comentario

A excepción de tu nombre y tu correo electrónico tus datos personales no serán visibles y son opcionales, pero nos ayudan a conocer mejor a nuestro público lector

A fin de garantizar un intercambio de opiniones respetuoso e interesante, DiarioJudio.com se reserva el derecho a eliminar todos aquellos comentarios que puedan ser considerados difamatorios, vejatorios, insultantes, injuriantes o contrarios a las leyes a estas condiciones. Los comentarios no reflejan la opinión de DiarioJudio.com, sino la de los internautas, y son ellos los únicos responsables de las opiniones vertidas. No se admitirán comentarios con contenido racista, sexista, homófobo, discriminatorio por identidad de género o que insulten a las personas por su nacionalidad, sexo, religión, edad o cualquier tipo de discapacidad física o mental.
Artículo anteriorLibro: "Janucá", de David Sokoloff
Artículo siguienteBrillo en los ojos
Licenciada en Sociología egresada de la UNAM (1980), con estudios de maestría en Sociología en la UNAM y con especialización en Estudios Judaicos en la Universidad Iberoamericana. (1982-1985) Fue docente en la ENEP Acatlán, UNAM durante 10 años (1984-1994). Actualmente es profesora en diversas instituciones educativas privadas, judías y no judías.De 1983 a 1986 fue colaboradora semanal del periódico "El Nacional" tratando asuntos del Oriente Medio.Desde 1986 hasta la fecha es editorialista semanal en el periódico Excélsior donde trata asuntos internacionales.Es comentarista sobre asuntos del Medio Oriente en medios de comunicación electrónica.Publicaciones:"Los orígenes del sindicalismo ferrocarrilero". Ediciones El Caballito S.A., México, 1982.En coautoría con Golde Cukier, "Panorama del Medio Oriente Contemporáneo". Editorial Nugali, México, 1988.Formó parte del equipo de investigación y redacción del libro documental "Imágenes de un encuentro. La presencia judía en México en la primera mitad del siglo XX" publicado por la UNAM, Tribuna Israelita y Multibanco Mercantil, México, 1992.Coautora de "Humanismo y cultura judía". Editado por UNAM y Tribuna Israelita. José Gordon, coordinador. México, 1999.Coordinadora editorial de El rostro de la verdad. Testimonios de sobrevivientes del Holocausto en México. Ed. Memoria y Tolerancia, México, 2002.Redactora de la entrada sobre "Antisemitismo en México" en Antisemitism: A Historical Encyclopedia of Prejudice and Persecution". Ed. ABC CLIO, Chicago University, 2005."Presencia judía en Iberoamérica", en El judaísmo en Iberoamérica. Edición de Reyes Mate y Ricardo Forster. EIR 06 Enciclopedia Iberoamericana de Religiones. Editorial Trotta. , Madrid, 2007.Artículos diversos en revistas de circulación nacional e internacional.