En su columna en el diario qatarí Al-Sharq, ‘Abdallah Al-‘Amadi, ex-asesor de medios de comunicación del ministro de educación qatarí, escribió sobre la importancia de predicar el bien y prohibir el mal. Como «punto de partida» y con el propósito de «aclarar el enfoque», este discutió extensamente el conocido relato islámico, mencionado en el Corán y en el hadith, según el cual Alá transformó a los judíos en monos y cerdos como castigo por violar su Sabbat (sábado).

La historia del castigo divino de convertir a los judíos en monos y cerdos es mencionada en las fuentes islámicas más importantes. El Corán lo menciona en tres de sus versículos: «… Ellos son aquellos a quienes Alá ha arrojado a un lado y sobre quienes ha caído Su ira y de los cuales Él ha creado a algunos como monos y cerdos…» (5:60); «… Seguramente ustedes conocieron el fin de aquellos de entre ustedes que transgredieron todo lo referente al tema del sábado, por lo que les condenamos: Vuélvanse ustedes simios, despreciados» (2:65); y «cuando, en lugar de enmendarse, se volvieron más persistentes en la búsqueda de aquello que les estaba prohibido, nosotros los condenamos: Vuélvanse ustedes simios, despreciados» (7:166). Además, la historia también es mencionada en las colecciones más confiables de hadices Sahih Al-Muslim y Sahih Al-Bukhari.[1]

En su artículo en el diario qatarí, Al-‘Amadi presenta el relato en el que Alá transforma a un grupo de judíos en simios luego que le desobedecen pescando en sábado a pesar de la prohibición advertida. Este agrega que según la tradición, otros dos grupos de judíos obedecieron el decreto del Señor y se abstuvieron de pescar en sábado; el primer grupo aconsejó activamente a los rebeldes que obedecieran a Alá, mientras que el segundo grupo permaneció totalmente indiferente. Al-‘Amadi afirma que el primer grupo, que exhortó a los trasgresores a que obedecieran a Alá, se libró del castigo y que esto subraya la importancia y la obligación de aconsejar y predicar el bien y prohibir la maldad.

La frase figurativa islámica a la transformación de los judíos, o de sus antepasados ??lejanos, en monos y cerdos ocupa un lugar muy destacado en el árabe de la era moderna. La referencia a este relato tradicional en el diario qatarí Al-Sharq demuestra su importancia.[2]

Lo siguiente son extractos traducidos de la columna de Al-‘Amadi:[3]

«Cuando en su insolencia ellos (los judíos) transgredieron (todas) las prohibiciones, nosotros les dijimos: ‘Vuélvanse ustedes simios, despreciados y rechazados'». Corán 7:166, Yusuf Ali.

«Hablan ustedes con esta persona y con aquella, escriben aquí y allá, actúan para el bien y para prevenir la maldad, persisten y no se rinden, aguantan indefinidamente, pero luego viene alguien y les dice: están desperdiciando su tiempo y esfuerzos en gente que no le prestan nada de atención, por lo tanto, deberían concentrarse en ustedes mismos y sus seres queridos y mantener la puerta cerrada a menos que sepan con exactitud que sus acciones darán frutos.

«Este es un enfoque totalmente negativo que puede infundir desesperación en los corazones de la gente, uno entre muchos que existieron en el pasado y el presente y que perdurará en el futuro hasta que Alá herede la tierra y todo lo que existe en ella. Para no desviarnos del tema, recurrimos al relato del pueblo del Sabbat (sábado) es decir, los judíos, en una ciudad junto al mar,[4] con el fin de aclarar el enfoque y convertir la historia en un punto de partida para mi objetivo final.

«Los judíos fueron mencionados en el Corán cuando algunos de los judíos de la ciudad de Medina alardearon ante el profeta Mahoma, tratando de demostrar su alta condición entre las naciones y su descendencia directa de Abraham, y Moisés y luego Alá instruyó a su profeta Mahoma: «Pregúntales acerca de la ciudad que está junto al mar. ¡He aquí! Ellos transgredieron sobre el tema del sábado. Ya que en el día de su Sabbat (sábado) sus peces vinieron a ellos, abiertamente levantando la cabeza, pero el día en que no tenían sábado, no vinieron: por lo que los juzgamos, ya que se encomendaron a la transgresión».[5] Es decir, Alá dijo: Oh Mahoma, pregúntale a tus vecinos judíos sobre las crónicas de sus antepasados judíos a quienes Alá convirtió en monos y cerdos. ¿No los castigué Yo por sus pecados…?

«El relato del pueblo del Sabbat (sábado)

«La gente de la ciudad – sobre el cual Alá no proveyó detalles geográficos o históricos, aparte del hecho de que eran judíos, según el contexto de los versículos anteriores – dependían del mar para ganarse la vida. Su prueba se les hizo más difícil cuando las masas de peces aparecían en el día sábado, mientras que la cantidad disminuía significativamente durante el resto de la semana.

«Entonces, un grupo eludió el decreto del Señor: ellos extendieron sus redes de pesca antes del día sábado, los peces venían durante el sábado y se enredaban en estas y luego los recogían al día siguiente Otro grupo, que no aprobó esta elusión del decreto del Señor, lo prohibió de inmediato, condenó las acciones del otro grupo y les ordenó detenerse, para evitar la venganza del Señor de descender y lastimar a toda la ciudad, pero ellos se negaron.

“El tema siguió siendo disputa entre los dos grupos y después de un tiempo, un tercer grupo apareció y le dijo al segundo grupo que prohibió la acción: ‘¿Por qué predican ustedes ante aquellos a quienes Alá muy pronto aniquilará?’[6] Es decir, continuar prohibiendo, condenando y aconsejando a este grupo es perder el tiempo, ya que no tiene sentido predicar y prohibir las acciones de tal grupo de pecadores malvados, quienes indudablemente serán aniquilados por desobedecer lo que su dios les ha encomendado.

«¿Dejó realmente de predicar el bien el grupo que ordenó a los pecadores que detuvieran sus actos malvados?

«El grupo no se detuvo, por supuesto y respondió brevemente a aquellos que vieron sus acciones como inútiles diciendo: Nuestras acciones son ‘cumplir con nuestro deber para con su Señor y tal vez así le teman’.[7] Es decir, Nuestras acciones son un deber que cumplimos por la causa de Alá… Por lo tanto, después de este engaño y las diversas respuestas a este, la ciudad se dividió en tres grupos: aquellos que engañan, los que prohibieron los actos malvados y un tercer grupo, que no estuvo de acuerdo con ninguno de los otros dos grupos.

«En otras palabras, los residentes de la ciudad se dividieron en tres grupos… un grupo rebelde y muy astuto; un grupo que toma una postura activa en contra de esta rebelión y engaños a través de condenas y consejos y un grupo que desautoriza a aquellos que condenaron el mal y tomaron una postura pasiva de condena sin actuar en lo absoluto.

«Cuando predicar y aconsejar resultó ser algo inútil, dejando a ese grupo sin recursos, la palabra de Alá se cumplió y su advertencia también fue cumplida: Aquellos que prohibían el mal estaban protegidos de la maldad; los rebeldes fueron severamente castigados, tal como será explicado en breve; y, respecto del tercer grupo, el texto guarda silencio, posiblemente indicando desprecio por estos – aunque no fueron castigados – porque no condenaron activamente los hechos y se contentaron con condenarlos pasivamente, por lo que merecían ser ignorados, si no castigados, tal como está escrito: ‘Cuando hicieron caso omiso de las advertencias que se les habían dado, rescatamos a aquellos que prohibían el mal; pero visitamos a los malhechores propinándoles un doloroso castigo porque se dieron a la transgresión. Cuando en su insolencia transgredieron (todas) las prohibiciones, nosotros les dijimos: «Conviértanse ustedes en simios, despreciados y rechazados»‘.[8]

«El deber de informar

«Los del relato de la ciudad señalan la importancia vital de actuar para eliminar el mal de la sociedad a través de todos los medios descritos en el sharia, tal como se dijo en la compilación de hadices de Sahih Al-Muslim:[9] ‘El que presencia una mala acción debe cambiarlo con sus propias manos; si no puede, que lo haga con su lengua; y si tampoco puede, que lo haga en su corazón; y este actuar dentro del corazón es el nivel más bajo de la fe’.

«La pereza de la sociedad en no cumplir con el deber de disuasión… o el deber de aconsejar y pedir mejoras por todos los medios posibles, que se expresan fundamentalmente en el deber de todo musulmán de decretar el bien y prohibir el mal – esta pereza en algún momento puede causar no solo la ruina del grupo rebelde sino la de todos…

«En toda sociedad, debe existir un grupo que decrete que se haga el bien y se renuncie al mal y que actuará de todas las formas habidas y por haber y por todos los medios necesarios. Este papel no se le puede dejar a un grupo que actúa erradamente y lleva a otros por el mal camino, o a un grupo que cree solo en la rectitud de sus propias acciones y de su propia agenda e ignora las acciones de otros… La pereza y el desprecio a aquellos grupos que eluden el sharia y sus leyes constituyen pasos con el fin de lograr un final muy desagradable para todos, incluyendo a aquellos decentes y a los devotos.

«Aquí es donde el Corán dirige nuestra atención, con las palabras de Alá: ‘Y témanle al tumulto u opresión, que afecte en particular no (solo) a aquellos de ustedes que hacen el mal: y sepan que Alá es estricto en el castigo».[10] Alá le ha ordenado a los creyentes que no acepten el mal entre ellos, ya que entonces, el castigo los incluirá a ellos también…»


[1] Véase la serie de Informe Especial No. 11 – Basados en los versos coránicos, interpretaciones y tradiciones los clérigos musulmanes afirman lo siguiente: Los judíos son descendientes de los simios, cerdos y de otros animales, 31 de octubre, 2002.

[2] Véase la serie de Investigación y Análisis No. 442 – árabe e islámico, 29 de mayo, 2008; y decenas de referencias más.

[3] Al-Sharq (Qatar), 11 de noviembre, 2021.

[4] «La ciudad junto al mar» es mencionada en Corán 7:163 como una ciudad de judíos.

[5] Corán 7:163, Yusuf Ali. Quran.com/7.

[6] Corán 7:164. Yusuf Ali. Quran.com/7.

[7] Corán 7:164. Yusuf Ali. Quran.com/7.

[8] Corán 7:165-6. Yusuf Ali. Quran.com/7.

[9] Sahih Al-Muslim es una de las seis colecciones de hadices más importantes para los musulmanes sunitas, quienes consideran esta colección de hadices como la más veraz después de Sahih Al-Bukhari.

[10] Corán 8:25. Yusuf Ali. Quran.com/8.

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