Si Rusia ha observado recientemente a Turquía con cautela como resultado del exitoso respaldo dado por Turquía a Azerbaiyán en su reciente guerra con Armenia por Nagorno Karabaj, estando en bandos opuestos en Siria y Libia, el suministro de armas de Turquía a Ucrania y la negativa de Turquía de reconocer la anexión de Rusia a Crimea en el período previo a la cumbre Putin-Erdogan en Sochi el día 29 de septiembre, 2021 y después, el tono de la música cambió. El profesor Alexander Dugin, asesor de Putin e iluminado de la escuela euroasiática le atribuyó un significado histórico a la reunión: “En esta cumbre, los jefes de los dos estados trazaron sus puntos de no-retorno y una hoja de ruta para el nuevo mundo. Desde ahora en adelante Turquía y Rusia se han embarcado en un nuevo camino y esto afectará tanto la dinámica regional como al mundo en su totalidad».[1] El comentarista y presentador de la televisión pro-Kremlin Dmitry Kiselyov declaró que Erdogan y Putin lograron la unidad en casi todos los temas.[2] Durante la cumbre, Putin enfatizó la búsqueda de compromisos, pero los comentaristas rusos creen que Erdogan en general se adhirió a Putin y recibió aliento de una retirada militar turca de Idlib en Siria. Al tratar de explicar la más complaciente de Erdogan, los comentaristas rusos se concentraron en la vulnerabilidad económica y de Turquía. Este último fue el resultado de un enfriamiento entre Erdogan y la administración Biden que privó a Erdogan de la opción de actuar en ambos bandos.

A continuación, se muestra una encuesta de los comentarios rusos en torno a la cumbre celebrada Erdogan-Putin:

Putin y Erdogan (Fuente: Kommersant.ru)
Putin y Erdogan (Fuente: Kommersant.ru)

Vulnerabilidad económica de Turquía

Escribiendo en el portal Ura.ru, Ekaterina Lazareva creía que la economía era el talón de Aquiles de Turquía y Putin estaba muy consciente de esta vulnerabilidad: «Si Erdogan sigue su de expandir la presencia turca en Idlib (Siria) y continúa inmiscuyéndose en los asuntos de la región transcaucásica Rusia atacará al elemento más débil – siendo este, la economía turca».[3] De acuerdo al análisis de Lazareva, Putin empeoró deliberadamente la situación al acentuar lo positivo en las relaciones económicas bilaterales, pero al mismo tiempo se refirió a la dependencia de Turquía de Rusia. Este habló del creciente volumen de tratos comerciales y de los millones de turistas rusos que visitan Turquía. Putin también le señaló a su invitado que la inversión rusa en Turquía eclipsa la inversión de Turquía en Rusia. Putin también le recordó a Erdogan la ayuda de Rusia en términos de los requisitos energéticos de Turquía, que van desde el gasoducto Turkish Stream hasta las plantas de energía nuclear.

Nikita Danyuk, subdirector del Instituto de Estudios y Pronósticos Estratégicos de la Universidad de la Amistad de los Pueblos en Moscú, le advirtió a Turquía que, si sucumbía a sus «aspiraciones expansionistas», este pudiera esperar un retroceso económico de Rusia: Si las contradicciones no se resuelven pronto, existe la posibilidad de que pudieran frenarse algunos proyectos económicos; y el turismo y las importaciones de productos agrícolas también sufrirán estas consecuencias». Danyuk recordó que anteriormente, cuando las relaciones se deterioraron, Rusia prohibió las importaciones agrícolas turcas alegando haber hallado dentro de estas, plaga en los productos turcos. Pavel Feldman, subdirector del Departamento de Filosofía y Ciencias Políticas en la Academia de Relaciones Laborales y Sociales (ALSR) afirmó que Putin le mostró a Erdogan que «no vale la pena poner en riesgo el comercio con Rusia haciendo declaraciones agresivas contra nosotros».[4]

Nikita Danyuk (Fuente: Regnum.ru)
Nikita Danyuk (Fuente: Regnum.ru)

Otros medios de comunicación rusos han destacado la vulnerabilidad económica de Turquía. La agencia de noticias EADaily tituló lo siguiente el día después de la cumbre: La lira turca va en descenso, la inflación anda disparada. Erdogan corre el riesgo de perder la simpatía de los votantes turcos». El comentario informó que Erdogan se tambaleaba en las encuestas de opinión pública debido a que la inflación anual se estaba acercando al 20%, al creciente desempleo, al debilitamiento de la lira turca y de hecho por la caída en la inversión extranjera.[5]

Interfax informó que «los precios de los alimentos y de los refrescos en el país se incrementaron en un 28,79%, los precios de los servicios eléctricos subieron un 22,77%, los servicios de transporte un 20,21% y los servicios públicos en un 20,97%».[6]

Un ente acelerador en la inflación fueron los precios de la energía provocados por la escasez mundial de gas y esto también afectó a Turquía.[7]

Kiselyov comentó sobre la buena suerte de Turquía al tener a Rusia como amiga en estas circunstancias:

«El gasoducto Blue Stream recorre el área entre Rusia y Turquía. El nuevo» Turkish Stream/la Corriente turca» comenzó a funcionar a plena capacidad, a través del cual el gas pasó hacia Hungría y Croacia. Y así de proféticas fueron las decisiones de Putin y Erdogan, tomadas durante la visita del presidente ruso a Turquía a finales del año 2016, cuando acordaron realizar el proyecto de la Corriente turca. En el contexto a la histeria del gas de la Unión Europea, Turquía ahora se siente mucho muy confiada. Añádase a esto la construcción por Rusia de la primera planta de energía nuclear en Turquía – el proyecto Akkuyu».[8]

Los problemas políticos de Turquía

Además de la vulnerabilidad económica de Turquía, los comentaristas enfatizaron los problemas diplomáticos de Turquía y particularmente la frialdad en las relaciones con los Estados Unidos.

Antes de la cumbre, el miembro nacionalista de la Duma Vladimir Zhirinovsky, líder del Partido Liberal Democrático, aconsejó a las autoridades rusas que resaltaran las debilidades de Turquía comenzando por la inquieta minoría kurda: «‘El punto más débil son los kurdos, existen 40 millones de ellos. Ellos esperan ayuda de cualquier país y con gusto recibirán armas, más de las que poseen ahora, las más modernas’. Turquía debe estar atenta a la intervención francesa en nombre de Armenia. Además, los países balcánicos y Grecia alimentaron sus resentimientos históricos contra Turquía y «saben muy bien lo que es vivir cinco siglos bajo el yugo turco».[9]

El principal problema diplomático de Turquía fueron sus relaciones con Washington. El experto militar Alexei Leonkov cree que Turquía no puede esperar recibir las armas que este desea de los Estados Unidos, especialmente si no tiene la intención de seguir las reglas de juego impuestas por los Estados Unidos: «Todavía siguen existiendo bastantes desacuerdos entre los y Turquía, especialmente sobre Siria e Irak. En este sentido, yo no espero que suministre el equipo que Erdogan desea. Y esto, a su vez, significa que si bien la cooperación continuará, será a un nivel que poco probable se adapte a la parte turca».[10] La negativa de Turquía a renunciar a la compra de los sistemas de defensa aérea rusos S-400 llevó a los a excluir a Turquía de que reciba los aviones F-35 y según el secretario de prensa de Putin Dmitry Peskov, este tema fue discutido en la cumbre junto a sugerencias de cooperación intensificadas en el campo de la aviación.[11]

La voluntad de Putin de reunirse con Erdogan inmediatamente después de salir del aislamiento presentado por la pandemia del Covid-19 contrastó con la nebulosa programación de una reunión con Biden quizás en la cumbre del G20 en Roma. Erdogan llamó al coordinador del Consejo de Seguridad Nacional estadounidense para el Medio Oriente y África del Norte Brett McGurk de «cerebro de los terroristas». McGurk fue, según Erdogan, un facilitador para el PKK kurdo

El experto en temas del Medio Oriente Stanislav Tarasov afirma que la postura de Erdogan respecto a Rusia se ha debilitado porque Turquía carecía ahora del respaldo estadounidense: «Cuando Erdogan hacia cualquier declaración, Moscú sabía que los estadounidenses también la apoyaban. Sin embargo, esta vez, Biden abandonó estos trucos y dejó a Erdogan al descubierto con Putin». Uno de los resultados fue la retirada de las fuerzas turcas de Idlib”. “Yo me refiero a varios miles de soldados y muchos vehículos blindados”, señaló Tarasov.

El presidente del Instituto del Medio Oriente Evgeny Satanovsky, quien ha sido muy crítico en el intento de cortejar a Turquía, también tomó nota de la retirada turca y expresó su renuente admiración por las políticas de Putin: «Putin es capaz de mantener relaciones con Turquía en lugar de luchar contra este en alguna gran guerra regional». Satanovsky incluso tenía dispuesto ver el rayo de luz en la continua presencia de Turquía en Siria: «Mientras la presencia de Turquía en Idlib siga siendo molesta para Assad, este no puede vender su lealtad a los estadounidenses o a los europeos, tal como solían hacer los líderes árabes cuando dejaron de necesitarnos».[12]


[1] Inosim.ru, 3 de octubre, 2021.

[2] Vesti.ru, 3 de octubre, 2021.

[3] Ura.ru, 29 de septiembre, 2021.

[4] Ura.ru, 29 de septiembre, 2021.

[5] Eadaily.com/ru, 30 de septiembre, 2021.

[6] Interfax.ru, 4 de octubre, 2021.

[7] Lenta.ru, 4 de octubre, 2021.

[8] Vest.ru, 3 de octubre, 2021.

[9] Vesti.ru, 26 de septiembre, 2021.

[10] Russian.rt.com, 3 de octubre, 2021.

[11] Ria.ru, 30 de septiembre, 2021.

[12] Vz.ru, 30 de septiembre, 2021.

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