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En adelanto al aniversario del 11-S, el semanario del EIIS Al-Naba publicó un editorial titulado «Del 11-S al califato musulmán»,[1] que describió el 11-S como «un evento tremendo» que causó grandes pérdidas al enemigo, pero que también marcó el comienzo de las nuevas cruzadas contra el Islam y por ende, también le causó mucho daño a los musulmanes. El editorial crítica a Al-Qaeda por centrarse en combatir contra y sus aliados mientras ignora los otros enemigos de los musulmanes y traiciona el verdadero objetivo de la continua guerra entre el Islam y sus enemigos: el establecimiento de un califato islámico que actúe para exaltar la palabra de Alá. Según el editorial, Al-Qaeda traicionó dicho objetivo cuando dejó que otros cosecharan los frutos de sus victorias, por ejemplo, grupos tales como la Hermandad Musulmana, que en realidad solo le sirven a sus propios intereses y a los de . El EIIS, enfatiza el editorial, es el único grupo que no se ha desviado del camino correcto y permanece leal a la causa del verdadero monoteísmo y al Califato Islámico.

Los siguientes son extractos traducidos del editorial:

«Los ya benditos ataques del 11-S fueron un evento tremendo y un cambio de dirección irrevocable en la historia musulmana moderna. Su importancia no radica en la magnitud del impacto directo sobre los Estados Unidos, aunque su alcance en términos de muertes y daños fue de hecho grande, sino en el que marcaron el comienzo de las nuevas cruzadas contra los países islámicos, guerras que llevan dos décadas sucediéndose en varias regiones y que, con la ayuda de Alá el Todopoderoso, pronto llegarán a su fin. Todos nos damos cuenta de que los efectos de esta larga guerra no solo lo sienten los cruzados, independientemente de las muertes y el agotamiento económico que estos han sufrido. También en los países musulmanes, la guerra ha provocado la muerte, heridos o el desalojo de cientos de miles de personas o que fueron tomados como rehenes…

«Algunos líderes yihadistas eligieron dirigir a los combatientes yihadistas para que ataquen a y a sus aliados hasta que cayeran o al menos se vieran obligados a abandonar las tierras musulmanas. Estos líderes yihadistas estuvieron guiados por un enfoque ‘determinista’, fuera de todo contacto con la realidad, lo que les hizo creer que derrocar a resultaría automáticamente en la creación del Estado Islámico, como si el Islam y los musulmanes no tuviesen otros enemigos en el mundo excepto Estados Unidos…

«Muchos países y partidos políticos infieles utilizaron la derrota de y sus aliados, a quienes se les veía muy preocupados por la guerra de desgaste en su contra, como una oportunidad para aumentar su influencia y fortalecer sus ejércitos y economías. Los tawaghit[2] que gobiernan a los países musulmanes aprovecharon la oportunidad para atormentar a los musulmanes por su apoyo al yihad y a los combatientes yihadistas. Muchos partidos apóstatas aprovecharon la oportunidad para ofrecer sus servicios a los cruzados en la guerra de estos últimos contra los monoteístas. Estos se ofrecieron para combatir junto a ellos a cambio de su amistad y varios otros beneficios…

«Lo extraño es que los líderes de Al-Qaeda dejaron que los musulmanes libraran una guerra que derramó su sangre, destruyó sus países y dañó su sustento además de su religión, pero luego les impidió disfrutar los frutos de esta costosa guerra y dejaron que los tawaghit y los apóstatas les roben sus logros y erijan sobre los cuerpos de los monoteístas un lugar para el politeísmo. Algunos líderes de Al-Qaeda creen que esta guerra debe continuar incluso si todos los monoteístas son exterminados y que solo terminará cuando los cruzados acuerden entregar el gobierno en los países musulmanes a los demócratas politeístas, a los infieles y al sahawat apóstata[3] quienes se auto-denominan musulmanes. Sólo entonces terminará la guerra, [estos dicen, pero] quien la continúe después de ese punto es khariji[4] cuya vida, propiedad y honor son dados por perdidos.

«Mientras otros se desviaron del camino correcto, Alá el Todopoderoso guió a un grupo de combatientes yihadistas quienes estaban decididos a no derramar su sangre y la sangre de sus hermanos por ningún objetivo excepto asegurarse de que toda religión sea para Alá. Estos están decididos a no centrar su lucha solo en los cruzados, tal como algunos desean hacer, sino en todos los grupos herejes y de apostasía, hasta que no haya más fitna [querellas] en el mundo y toda religión sea para Alá. Esto provocó hostilidad en todos los grupos infieles, sin excepción. Aquellos que limitaron su lucha a los cruzados, o solo a algunos de los tiranos [es decir, Al-Qaeda], recibieron aplausos y fueron alentados por algunos grupos que consideran a Al-Qaeda nada más que un aparato para limpiar las minas terrestres en el camino para obtener ganancias o como escudo contra los ataques de sus enemigos».

Según el editorial, Al-Qaeda declaró que no combatirá contra los gobiernos de la Hermandad Musulmana que llegaron al poder luego de ocurrir la Primavera Árabe en Egipto y Túnez y por lo tanto se desviaron del camino correcto. Esto, dice, significa que «el yihad se detiene en el momento en que se alcanza este despreciable objetivo [el de los grupos islamistas que llegan al poder] y que todo el sacrificio y yihad de los musulmanes está siendo subordinado hacia este objetivo y nada más. Estos criminales han actuado para difundir este enfoque en todos lugares, mientras expulsan a los combatientes yihadistas que se oponen e incitan contra ellos hasta convertirse en humillantes servidores que aceptan derramar su sangre por el taghout…»

El editorial concluye: «Para todos los verdaderos combatientes yihadistas, el objetivo de todas las guerras continuas desde el 11-S es la renovación del califato musulmán y la unidad de los musulmanes. Este es el objetivo por el cual lo han sacrificado todo – su sangre, esfuerzos y propiedades – y eso es lo que desean preservar hoy y renovarlo de generación en generación, hasta que Alá herede la tierra».


[1] Al-Naba, edición No. 251, 10 de septiembre, 2020, chat.techhaven.to/channel/greenb1rds.tm.

[2] Literalmente ídolos falsos, una referencia a los mandatarios que gobiernan mediante leyes artificiales.

[3] Milicias en países musulmanes que combaten contra los grupos yihadistas.

[4] Los khawarij fueron una secta islámica temprana que abogó por excomulgar a los musulmanes incluso por cometer pecados menores y fueron proclamados herejes por la corriente principal sunita. Hoy, los críticos del EIIS utilizan el término para calificarlos de extremistas que están más lejos de los límites del Islam más puro y legítimo.