Dos proposiciones separadas sobre el tema Afganistán pueden ser y de hecho son ciertas al mismo tiempo:

Los Estados Unidos muy probablemente pudieran haber permanecido en el país bajo la actual situación de estatus quo apoyando al gobierno afgano durante años sin un gran número de pérdidas de vidas, pero con considerables costos continuos financieros.

El pueblo estadounidense, en un momento de consenso bipartidista poco común en una nación dividida, generalmente se alegra de ver el final de la directa participación militar de los Estados Unidos en Afganistán, considerándolo de pérdida de tiempo y de recursos.

La administración del presidente Biden eligió una fecha paupérrima para la retirada, el 11 de septiembre, el 20avo aniversario del ataque terrorista más exitoso de la , organizado desde Afganistán – pero la administración basó su decisión en el impulso iniciado por la administración Trump para acelerar una retirada estadounidense. Uno no puede evitar pensar que si la administración Biden quisiese evitar utilizar la fecha del retiro previsto por la administración Trump del 1 de mayo, el 14 de noviembre hubiese sido un día mejor que el 11-S. El 14 de noviembre del 2001 es el día en que Kabul le fue arrebatado a los talibanes, en un solo día, por la «Alianza Nacional» afgana respaldada por el abrumador poderío aéreo estadounidense.

Si bien no existe ninguna duda de que esta es una derrota para el armamento estadounidense y los talibanes parecen estar muy confiados y de hecho avanzan, mucho depende de lo que suceda después de que las fuerzas estadounidenses se marchen y el cuándo esto suceda. Se irán unos 10.500 soldados estadounidenses y de la OTAN y probablemente un buen porcentaje de los 16.000 contratistas extranjeros que se encuentran actualmente en el país también se marcharán.

Si bien las fuerzas terrestres estadounidenses y aliadas han desempeñado un papel importante, es el poderío aéreo y el dinero estadounidense los que han sido clave para mantener al gobierno afgano en el poder. Y no fueron solo los estadounidenses; las tropas de la OTAN y especialmente el dinero de los miembros de la OTAN han ayudado a mantener al Ejército Nacional Afgano (ENA) sobre el terreno, aunque parece que los talibanes pagan mejor. Es testimonio del avance de la misión occidental o de las ambiciones nobles y poco realistas – o ambas – que además de financiar al ejército afgano, el dinero del Fondo Fiduciario de la ENA ha sido destinado para «fortalecer la buena gobernabilidad dentro de las estructuras de seguridad afganas – y mejorar la participación significativa de la mujer dentro de las áreas más relevantes de los ministerios e instituciones de seguridad afganos».[1]

Ciertamente, el Ejército Nacional Afgano y las fuerzas de seguridad serán puestos a prueba como nunca antes lo han hecho. Más de 60.000 miembros del personal de seguridad del gobierno ya han sido asesinados desde el año 2001. Una comparación será hecha para ver si el actual gobierno afgano y sus fuerzas de seguridad pueden defenderse por sí mismas (después de haberse gastado $88 billones en ellos) y lograr una especie de estancamiento o caer mucho más rápidamente que el régimen soviético títere de Najibullah. Se esperaba que este cayera inmediatamente luego de la retirada de las fuerzas soviéticas en el año 1989, ese brutal policía secreto pudo resistir durante más de tres años luego que los rusos se marcharon, perdiendo lentamente el control del país. Cuando la Unión Soviética colapsó, un final repentino de la ayuda rusa – lo que provocaría una pérdida del poderío aéreo y de dinero, contribuiría a la caída de Najib y finalmente para él, terminó colgado de un poste de luz cerca del palacio presidencial. Los talibanes han prometido hacer lo mismo con el presidente afgano Ashraf Ghani.[2]

Por supuesto que, el actual gobierno afgano no se parece en nada a la dictadura comunista que cayó en el año 1992. Primeramente, no es una dictadura en lo absoluto, sino una especie de seudodemocracia (también uno de los estados más corruptos del mundo).[3] Segundo, el gobierno afgano apoyado por Occidente no se encuentra aislado ni carece de amigos. Los estadounidenses y la OTAN no van a cortarle apuradamente los fondos a la ANA y ese devastador poderío aéreo estadounidense todavía puede que se encuentre disponible. Ninguno de esos elementos sustanciales del poder estadounidense son cosas que los talibanes pueden ignorar, pero el grupo ha resistido mucho más ante los Estados Unidos durante las últimas dos décadas y no solo sobrevivió sino que también floreció.[4]

El mejor escenario posible para los Estados Unidos sería un gobierno afgano capaz, más o menos, de mantener las partes del país que este aún conserva.[5] Este luego utiliza esa inusual firmeza para participar en algún tipo de acuerdo de compromiso con los talibanes.[6] Esto sería una especie de acuerdo para salvaguardar las apariencias que evita el hecho de lo que sería más vergonzoso para los Estados Unidos, siendo esta la situación de una especie de escenario en donde veríamos «helicópteros en el tejado de la embajada estadounidense» al igual que Saigón en el año 1975.[7] Tal acuerdo pudiera proveer a los Estados Unidos con ese «intervalo decente» que el cínico Henry Kissinger consideró como meta para la política estadounidense al final de la guerra de Vietnam: «dos o tres años entre la retirada de las tropas estadounidenses» y la toma del poder por parte del enemigo.[8] Si bien los talibanes poseen muy pocos incentivos para negociar en serio, ellos y sus partidarios preferirían capturar algo más que escombros si es que al final toman Kabul.[9]

Pero el elemento más convincente del final de Afganistán no es tanto lo que le sucede al actual gobierno, a la sociedad civil afgana, a la democracia, a las mujeres afganas y a los derechos humanos – todos ítems importantes en sí mismos – en una nueva fórmula política.[10] Incluso preocupaciones muy reales sobre terrorismo o amenazas por parte de los talibanes contra los estadounidenses si estos permanecen por más tiempo son menos pertinentes que una más amplia perspectiva regional.[11] Lo más interesante será el cómo la lucha político-militar en Afganistán puede iluminar el desarrollo de la política de poderes en Eurasia dentro de la nueva realidad de un Occidente que va en retirada.

Una clara victoria de los talibanes, primero y ante todo, será una victoria para Pakistán, que ha sido fundamental al florecimiento y supervivencia del grupo durante décadas.[12] Tal situación también sería un revés para India, por supuesto.

Pero aparte de los dos rivales del subcontinente que poseen armas nucleares, el papel de las potencias regionales de China, Rusia, Irán y Turquía pudiera ser muy significativo. Incluso el papel del pequeño país de Qatar, amigo de los talibanes, Irán y Turquía, merece ser vigilado muy de cerca. ¿Encontrarán estos otros países (además de los adversarios India y Pakistán) una manera de dividir y compartir el pastel afgano, o surgirán dos o más bandos contendientes con sus respectivas esferas de influencia?[13]

El secretario de Estado estadounidense Blinken dijo recientemente que si los talibanes «tienen alguna expectativa de ser aceptados internacionalmente, tendrán que respetar los derechos de la mujer y de las chicas». Eso no es realmente cierto.[14] Ciertamente esto aplica a Occidente, pero ninguno de estos poderes regionales hace política sobre la base de los derechos de la mujer o de cualquier derecho humano. Irán puede estar preocupado por los derechos de los chiitas hazaras (cuando no los utiliza como carne de cañón en Siria) y Turquía puede estar interesada en los derechos de los uzbecos/turcomanos afganos, pero estos no son compromisos basados ??en el tema de los derechos como algún tipo de ideal universal.

La última vez que los talibanes – antes del 11-S, estuvieron en el poder en Kabul, se enfrentaron a la oposición respaldada por Rusia, Irán e India, que apoyaron a la Alianza del Norte destacando al legendario Ahmed Shah Massoud y al robusto superviviente Abdul Rashid Dostum. Esta ronda será una oportunidad temprana para que veamos surgir un nuevo poder político euroasiático, junto a una China en ascenso trabajando o mediando entre Pakistán, Irán y Turquía.[15] China ha hablado de enviar fuerzas de mantenimiento de la paz a Afganistán, pero todo esto parece probable sólo en un contexto de garantías por parte de sus aliados musulmanes regionales.[16] Los chinos ciertamente no van a desperdiciar un billón de dólares allí como lo hicieron los estadounidenses.[17] Más que un regreso al pasado, el destino de Afganistán puede ser una mirada hacia el futuro de Asia.

*Alberto M. Fernández es vicepresidente de .


[1] Nato.int/nato_static_fl2014/assets/pdf/2021/2/pdf/2102-backgrounder-ana-trust-fund.pdf, febrero, 2021.

[2] Véase el informe del Proyecto Supervisión a la Amenaza Terrorista y Yihad en (PSATY) – Talibanes afganos prevén ejecución del presidente Ashraf Ghani mientras ahorcaban al Dr. Najibullah en la oficina de las Naciones Unidas en Kabul en el año 1996, 18 de febrero, 2021.

[3] Ariananews.af/afghanistan-scores-dismally-on-corruption-perception-index, 28 de enero, 2021.

[4] Véase el informe del Proyecto Supervisión a la Amenaza Terrorista y Yihad en (PSATY) – Portal de los talibanes: Cientos de policías y funcionarios administrativos afganos se unieron al Emirato Islámico en noviembre, 2020

[5] Longwarjournal.org/archives/2018/09/mapping-taliban-controlled-and-contested-districts-in-afghanistan-lwj-vs-us-military-assessments.php, 8 de septiembre, 2018.

[6] Véase la serie de Investigación y Análisis No. 1532 – Conversaciones internas afganas se encuentran estancadas en Qatar, talibanes realizan ataques terroristas en 24 provincias afganas y exigen ‘un gobierno islámico puro’, 2 de octubre, 2020.

[7] Youtube.com/watch?v=wD64kYG-z5I, 30 de abril, 2020.

[8] Historynewsnetwork.org/article/140712, consultado el 20 de abril, 2021.

[9] Youtube.com/watch?v=dOX-GWXgwM8, 20 de diciembre, 2016.

[10] Véase el informe del Proyecto Supervisión a la Amenaza Terrorista y Yihad en (PSATY) – Diario urdu: Los talibanes afganos ordenaron resurgir los tribunales del sharia en Afganistán, 11 de marzo, 2021.

[11] Véase el informe del Proyecto Supervisión a la Amenaza Terrorista y Yihad en MEMRI (PSATY) – Jefe de operaciones de los talibanes afganos Sirajuddin Haqqani le advierte a la administración Biden ante eliminación del Acuerdo Doha: ‘Tenemos la tecnología para utilizar drones, tenemos nuestros propios misiles; esta vez, si los muyahidines reanudan la lucha, sería algo que los estadounidenses nunca han visto antes’, 3 de marzo, 2021.

[12] Hindustantimes.com/world-news/india-afghanistan-criticise-pakistan-for-backing-taliban-meddling-in-afghan-affairs-101618586835936.html, 16 de abril, 2021.

[13] Véase la serie de MEMRI Despacho Especial No. 9291 – Visita del canciller ruso Lavrov a Pakistán muestra mejora en las relaciones entre los dos países, 19 de abril, 2021.

[14] Washingtonpost.com/national-security/biden-afghanistan-decision-foreign-policy-process/2021/04/18/e45e3fec-a05d-11eb-a774-7b47ceb36ee8_story.html, 18 de abril, 2021.

[15] Véase el Informe diario de MEMRI No. 256 – Nueva alianza surge en el Oriente – Turquía, Azerbaiyán, Pakistán, China – y sus enemigos – Estados Unidos e India, 3 de febrero, 2021.

[16] Scmp.com/news/china/diplomacy/article/3129707/china-may-send-peacekeeping-force-afghanistan-after-us-troops, 16 de abril, 2021.

[17] Bbc.com/news/world-47391821, 16 de abril, 2021.

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