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Lo siguiente es un editorial del Director Ejecutivo de Steven Stalinsky, el cual fue publicado originalmente en el diario El Washington Post el 17 de diciembre, 2018.

El 26 de noviembre en una corte federal de Nueva York, Zoobia Shahnaz, de 27 años de edad, se declaró culpable de apoyar financieramente al grupo terrorista el Estado Islámico con un plan que según los fiscales empleó el lavado de dinero y fraude bancario, junto a Bitcoin y otras criptomonedas. Ella fue sorprendida cuando agentes federales detectaron transferencias electrónicas en el extranjero diseñadas para evitar los requisitos a informaciones financieras.

La criptomoneda ha arribado al terrorismo, con una serie de organizaciones terroristas que aprovechan el anonimato proporcionado por la tecnología blockchain para la recaudación de fondos y finanzas, sin embargo, funcionarios del departamento de contraterrorismo en los Estados Unidos parecen haber sido lentos en comprender la extensión del problema.

Ciertamente, el Informe de la Comisión del 11-S en el año 2004 reconoció que “los vigorosos esfuerzos para rastrear el financiamiento del terrorismo deben mantenerse al frente y centro de los esfuerzos contraterrorismo realizados por los Estados Unidos”, en parte porque “la información sobre el dinero procedente del terrorismo nos ayuda a entender sus redes, ir por ellos e interrumpir sus operaciones”. Pero eso fue mucho antes de que surgiera la criptomoneda como un método para mover dinero y evadir ser detectados. La Estrategia Nacional para el Contraterrorismo lanzada por la Casa Blanca en octubre, el primer informe de este tipo desde el 2011, pudiera haber abordado el papel de la criptomoneda en financiar el terrorismo, pero no fue así.

La nueva estrategia nacional observó que los terroristas emplean comunicaciones cifradas y prometió “negarle a los terroristas las capacidades de recaudar fondos” y “planear ataques, viajar y abusar del sistema financiero global”. Pero en una omisión enorme, la estrategia nacional no logró vincular el cifrado y la financiación del terrorismo.

Con el califato físico del Estado Islámico en ruinas, los ingresos del petróleo y los impuestos han desaparecido, pero las criptomonedas tales como Bitcoin, Dash, Ethereum, Monero, Verge y Zcash, junto a otras en desarrollo, constituyen una fuente alterna de financiamiento para los terroristas. Las transacciones son rápidas y anónimas y su interrupción es bastante difícil. Además de las organizaciones terroristas más establecidas, un grupo emergente de grupos terroristas y afiliados, tales como Al-Sadaqah, Malhama Tactical y el Centro de Medios de Comunicación Ibn Taymiyyah, han comenzado a utilizar las criptomonedas. Las comunicaciones sobre transacciones a menudo tienen lugar en aplicaciones de mensajería cifradas tales como la plataforma Telegram, favorecidas por grupos terroristas porque son fáciles de utilizar y ofrecen un lugar seguro para la planificación y el reclutamiento además de asesorar a los partidarios en Occidente sobre el cómo utilizar las criptomonedas.

Los mensajes de texto y de voz cifrados en Telegram han ganado popularidad mundial desde su lanzamiento en el 2013 por el empresario ruso Pavel Durov. El servicio pasó a 100 millones de usuarios activos mensuales hace solo 2 años y su secreto también atrae inevitablemente a organizaciones criminales y terroristas. Hasta ahora, estos grupos dependen de Bitcoin para las actividades financieras en la plataforma Telegram, pero ahora Durov parece estar listo para lanzar la propia criptomoneda de Telegram luego de obtener $1.8 billones en financiamiento.

El proyecto ha alarmado al representante Ted Poe (R-Tex.), Presidente del subcomité de la Cámara sobre terrorismo, la no-proliferación de armas y el comercio y al representante Brad Sherman (D-Calif.), miembro destacado del subcomité sobre Asia y el Pacífico. El 25 de octubre, le escribieron a Durov expresando su preocupación de que el lanzamiento de una criptomoneda en la plataforma Telegram “hará aún más fácil para los terroristas recaudar fondos sin interrupciones”. Los congresistas pidieron a Durov que provea un “plan de acción” para “crear salvaguardas con el fin de evitar que grupos terroristas utilicen la plataforma como una herramienta segura de recaudación de fondos”. La oficina de Poe dice que Durov no ha respondido.

Otras alarmas sobre el uso de las criptomonedas por los terroristas han sido emitidas en los últimos meses. En septiembre, la Cámara aprobó un proyecto de ley presentado por el Representante Ted Budd (RN.C.) que pide el establecimiento de un grupo de trabajo en el área de tecnología financiera independiente para investigar la utilización de nuevas tecnologías financieras por parte de los terroristas y específicamente para combatir el uso de las criptomonedas por parte de los terroristas. (El proyecto de ley aguarda a las acciones del Senado). El Grupo de Acción Intergubernamental de Acción Financiera, que combate el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo, señaló en una declaración del 19 de octubre que los grupos del Estado Islámico y Al-Qaeda están utilizando las criptomonedas y pidió a los gobiernos de todo el mundo establecer reglas para su uso.

Se necesita urgentemente mucho más liderazgo de quienes trabajan alrededor del mundo contra la recaudación de fondos provenientes del terrorismo. No debería sucederse un ataque terrorista importante, planeado en las aplicaciones cifradas y financiado con alguna criptomoneda, para llamar su atención.

*Steven Stalinsky es director ejecutivo del Instituto de Investigación de Medios de Comunicación del Medio Oriente y autor de “Traidor Americano: El auge y caída del líder nacido en los Estados Unidos Adam Gadahn”.