Tras la retirada de los Estados Unidos de Afganistán y el ascenso al poder de los talibanes en el lugar, Hamás, su líder Isma’il Haniya y otros funcionarios del movimiento estuvieron entre los primeros en felicitar a los talibanes por «expulsar a los ocupantes» librando su «yihad» mientras afirmaban que tal situación era prueba de la eficacia de la resistencia. El movimiento también se apresuró en publicar fotografías de una reunión entre Isma’il Haniya y funcionarios talibanes realizada en Doha, Qatar como mensaje de apoyo a los talibanes, y de esta manera expuso los contactos de larga data de Hamás con este movimiento.[1]

En los días transcurridos desde ese entonces, ex-funcionarios de Hamás y periodistas afiliados al movimiento publicaron artículos en los que se discutían las lecciones que Hamás debía extraer de los eventos ocurridos en Afganistán respecto a su propia lucha contra Israel. Los escritores afirmaron que los talibanes lograron imponer condiciones al enemigo e imponer una retirada humillante a una superpotencia poderosa como lo es Estados Unidos, gracias a su persistente resistencia y negativa a comprometerse con los ocupantes estadounidenses y con sus agentes. La resistencia palestina, dijeron, debe seguir un camino similar – debe rechazar cualquier propuesta de alto al fuego o compromiso y perseguir insistentemente su objetivo de expulsar a la ocupación y establecer un estado independiente.

Al abordar el tema de las negociaciones de los talibanes con los Estados Unidos, uno de los autores Yousuf Al-Lidawi, escribió que las negociaciones eran solo otra forma de lucha para los talibanes, un medio para lograr objetivos «que no puede lograrse por la fuerza o por medio de las armas». Las concesiones hechas por los talibanes por el bien de su pueblo y de su país son solo prueba de su grandeza como combatientes de la resistencia y de su firme voluntad, agregó Al-Lidawi. Sin embargo, este comentó que si bien las negociaciones de los talibanes con los Estados Unidos eran legítimas, las negociaciones palestinas con constituyen traición y compromiso. Al-Lidawi agregó que, con los talibanes en control de Afganistán y ante las relaciones de Hamás con estos, Afganistán puede incluso convertirse muy bien en otra base de operaciones para Hamás.  

Otro escritor, el periodista en Gaza Fayez Abu Shamala, criticó a los líderes de la resistencia en Gaza por aceptar un alto al fuego con Israel. La experiencia de los talibanes en Afganistán dijo, así como también la experiencia de Hezbolá en el Líbano y la experiencia pasada de la propia resistencia palestina demuestran que la resistencia no debe aceptar ningún alto al fuego o tregua con los enemigos, hecho que les aparta la espada del cuello. Este hizo un llamado a los líderes de la resistencia en Gaza para que lancen una guerra continua contra Israel, así Gaza sufra de bombardeos diarios hasta que se logre el objetivo.

Reunión de Haniya con la delegación de los talibanes (Fuente: Twitter, Ebrahemmuslam, 15 de agosto, 2021)
Reunión de Haniya con la delegación de los talibanes (Fuente: Twitter, Ebrahemmuslam, 15 de agosto, 2021)

Lo siguiente son extractos traducidos de estos artículos.

Ex-funcionario de Hamás y columnista del diario portavoz de Hamás: La lección de Afganistán es que la resistencia siempre obtiene el triunfo, incluso si la victoria se retrasa

Yousuf Rizqa, ex-ministro de información de Hamás en Gaza y asesor de Isma’il Haniya, escribió en su columna en el diario portavoz de Hamás Filastin: «La lección que podemos aprender de los talibanes… es que la resistencia siempre derrota al ocupante. Un ocupante, incluso uno tan grande y poderoso como son los Estados Unidos, será necesariamente derrotado y la resistencia nacional, donde sea que esta suceda, necesariamente triunfará. La victoria puede llevar un tiempo y su costo puede variar, pero el resultado siempre será la victoria otorgada por Alá a aquellos que sirvieron fielmente a su patria y religión y se apegaron al camino de su deidad.

«La resistencia palestina seguramente ha aprendido la lección de Afganistán y ha sacado conclusiones respecto a la situación nacional en Palestina y en Al-Aqsa. Esta ha aprendido que también triunfará, al igual que los afganos que se levantaron contra el ocupante ruso soviético y luego contra el ocupante estadounidense y contra sus agentes en Afganistán. Los afganos triunfaron porque se adhirieron al estilo de vida y a la esencia islámica y no traicionaron su causa, a diferencia del gobierno colaborador del ex-presidente afgano Hamid Karzai. Habiendo pagado el costo y hecho muchos sacrificios, los talibanes ahora han entrado triunfalmente en la capital y han restaurado su estado islámico, por el que han estado luchando desde su creación por el mulá ‘Omar.

«Esta victoria afgana no es nada extraña, ni es ningún gran milagro. Simplemente refleja la realidad, al igual que los levantamientos pasados, de los argelinos en contra de Francia y los vietnamitas contra los Estados Unidos. La extraña excepción es nuestra propia revolución, que precedió a estos dos y que gozó de un apoyo financiero mucho mayor, ¡¿cómo puede ser que aún no hayamos logrado nuestra victoria, mientras ellos sí lo lograron?!

«La victoria de los palestinos es demorada debido a la naturaleza de la ocupación que se ha asentado en sus tierras, o bien debido a las propias fallas en la revolución palestina, que alberga el virus de la corrupción y las negociaciones con la entidad ocupante y de elementos que colaboran con este en nombre del nacionalismo, ¡porque no existe nada patriótico en actuar como agente de los que usurpan la tierra y masacran al pueblo! Karzai era tal agente en Afganistán, sirviendo a la ocupación extranjera y luchando contra los talibanes y otros con la ayuda de los Estados Unidos y Occidente. Pero la verdad fue revelada recientemente, cuando la resistencia afgana se mantuvo firme y leal a su causa y el resultado fue que el presidente afgano Ashraf Ghani, quien sucedió a Karzai como agente de los estadounidenses, huyó de Kabul hacia Tayikistán, dejando la capital y el palacio presidencial para celebrar la llegada de los talibanes. Occidente los etiquetó de terroristas y fanáticos, pero hoy se ha visto obligado a reconocer su estado islámico…

«La gran lección que los palestinos deben aprender de todo esto es que nosotros, la resistencia palestina y el pueblo que se opone a la ocupación y a sus agentes, también alcanzaremos nuestro estado y nuestra victoria, incluso si los judíos y Occidente etiquetan de terrorismo nuestras actividades y nuestro yihad. El estilo de vida y la esencia islámica tardan en materializarse sólo cuando pierden su control sobre los corazones de los ciudadanos que luchan por la resistencia y de aquellos que se resisten».[2]

Ex-representante de Hamás en Siria, el Líbano e Irán: Los talibanes ganaron porque, mientras mantenían negociaciones, no renunciaron a ninguno de sus principios y nunca detuvieron sus ataques

En una serie de artículos, el Dr. Mustafa Yusuf Al-Lidawi, escritor e investigador palestino y ex-representante de Hamás en Siria, el Líbano e Irán, también examinó la de los talibanes respecto a Estados Unidos y pidió a las facciones de la resistencia palestina que aprendan de ello. En un artículo publicado el 19 de agosto, este escribió lo siguiente: «La actitud hacia el movimiento de los talibanes no debe ser totalmente negativa, viendo solo sus defectos… y juzgándolo solo en base a su pasado, ignorando sus nuevas características y su desarrollo. Los talibanes de hoy día no son como el antiguo movimiento yihadista afgano, aunque surgió directamente de ello. En los últimos 20 años, durante los cuales fueron excluidos del gobierno, estos se convirtieron en un movimiento revolucionario que busca liberar al país del imperialismo norteamericano y eliminarlo y establecer un estado independiente junto a liberar al gobierno nacional de la subordinación ante Occidente en general y ante Estados Unidos en particular…

«Nosotros los palestinos y todas las fuerzas de la resistencia árabes, quizás necesitemos examinar urgentemente esta experiencia afgana, que no es menos relevante que otras experiencias de las que aprendimos, tales como las de Vietnam, Argelia, Sudamérica y otros casos. Afganistán es el ejemplo más reciente y más rico en experiencia, que representa el pináculo de la codicia imperialista estadounidense contemporánea, en el que Estados Unidos no dudó en lo absoluto en utilizar sus armas más letales y avanzadas, incluyendo la bomba infernal (quizás una referencia al misil Hellfire), que este empleó más de una vez. Sin embargo, a pesar de todo esto, Estados Unidos eventualmente se retiró de Afganistán… la gran preocupación de con los recientes acontecimientos en Afganistán… nos hace preguntarnos el por qué este tiene tanto temor, considerando que Afganistán se encuentra muy lejos…»[3]

Siempre que los negociadores se apeguen a sus principios, la negociación puede ser una herramienta eficaz, pero no en el caso de Palestina

En otro artículo de la serie, publicado el 21 de agosto, Al-Lidawi escribió lo siguiente: «Negociar con el enemigo no es vergüenza. Esto no significa abandonar la causa, renunciar al islam, cometer traición… rendirse o hacer concesiones. Al contrario, si los negociadores siguen los reglamentos, salvaguardan sus principios, se adhieren a sus términos, evitan compromisos perjudiciales y rechazan los términos destinados a limitarlos u obstaculizarlos, la negociación es de hecho una forma de resistencia y lucha. Gracias a la ‘sabiduría y experiencia de los negociadores y su adhesión a sus posturas y derechos… las negociaciones pueden producir logros que no se pueden obtener por la fuerza o a través de las armas. Al escribir esto, no me refiero al tema palestino. Este modelo no se aplica a ello… porque las negociaciones de los palestinos con el enemigo israelí constituyen traición, desprecio por los derechos palestinos y concesión…

«Los talibanes lograron imponer su voluntad ante la administración estadounidense y la obligaron a realizar concesiones dolorosas que estos nunca pensaron hacer… Por su parte, el movimiento de los talibanes, acusados de ser intolerantes, rígidos de conducta radical y política, que nunca pensaron encontrarse a sí mismos sentados en la mesa de negociaciones con quienes asesinaron a sus miembros, ocuparon su tierra y desataron la guerra civil y las crisis en el lugar, aun así finalmente se encontraron aceptando la propuesta estadounidense y las opciones que este ofrecía.

«Pero aunque el movimiento acordó negociar y dialogar, estableció una serie de términos y demandas y obligó a los Estados Unidos a cumplirlos y aceptarlos. Además, estos nunca dejaron de combatir, sino que continuaron realizando ataques de alta envergadura contra los objetivos del gobierno estadounidense y afgano. Al mismo tiempo, estos no guardaron silencio ante alguna violación de los estadounidenses o del gobierno, sino que respondieron a estos con fuerza y ??violencia. Estos se negaron firmemente a detener sus combates mientras los estadounidenses y sus aliados persistieron en los suyos y eso es lo que realmente sucedió.

«Los talibanes acusaron a los negociadores del otro bando y a aquellos en cuyo nombre hablaron, de liberar a miles de sus miembros de las cárceles y prisiones del gobierno afgano. Estos se negaron a incluso iniciar negociaciones hasta que vieran a estos prisioneros liberados, sin ser perseguidos ni asediados, incluso si se reunieran con sus unidades que combaten en las montañas y en los frentes. Estos rechazaron las limitaciones, términos y listas de nombres presentados por el gobierno afgano. Estos colocaron en la mesa una lista de todos los detenidos, e insistieron en que todos fueran liberados y esto es exactamente lo que sucedió…

«El mero hecho de que una superpotencia tal como los Estados Unidos, armados con todo tipo de armamento y con la tecnología más avanzada del mundo, se auto-humilló, empañó su reputación y entregó su arsenal militar el cual quedó en Afganistán… demuestra claramente que los talibanes, que lo hicieron bien y tuvieron la ventaja en el campo de batalla, también tuvieron negociadores muy exitosos que lograron todo lo que esperaban. Quizás hicieron algunas concesiones por el bien de su pueblo y prometieron implementarlas por el bien de su población en su país. Quizás prometieron permitir asociaciones políticas y respetar los derechos humanos, pero eso no es un compromiso humillante o una rendición. De hecho, solo demuestra la grandeza de los combatientes de la resistencia y refleja la confianza de quienes confían en su propia victoria…»[4]

En un artículo publicado un día después, Al-Lidawi escribió lo siguiente: «Los talibanes… fueron muy claros, honestos y directos al anunciar, durante los últimos 20 años, su determinación de expulsar a las fuerzas estadounidenses y a sus aliados del país. Estos los definieron de ocupantes que invadieron su tierra, asesinaron a su pueblo y sembraron la ruina y destrucción entre ellos y por lo tanto deben ser combatidos, opuestos y expulsados ??por la fuerza. Incluso la disparidad de poder entre los Estados Unidos y los talibanes, que algunos exageran y la superioridad percibida de los estadounidenses en armas, equipos y números no hizo nada para desalentar al movimiento, debilitar su determinación o cambiar su decisión.

«Los talibanes caracterizaron a los gobiernos estadounidenses designados de… ilegítimos e ilegales. Ellos creían que estos gobiernos estaban subordinados a los ocupantes, implementaban sus objetivos… y colaboraban con ellos y que las elecciones que los llevaron al poder eran falsas y no reflejaban la voluntad del pueblo… Los talibanes, por lo tanto, sostuvieron que, así como era necesario desarraigar y expulsar al ocupante para liberar la tierra y al pueblo, también era necesario derrocar a cualquier gobierno que el ocupante hubiese formado…

«Estados Unidos y todas las demás fuerzas que siguen sus pasos y piensan así y ocupan tierras que no son las suyas, cometen el error de pensar que pueden quebrar la voluntad de los pueblos ocupados, desviarlos de sus objetivos y ambiciones, distorsionar su futuro… y obligarlos a permanecer en silencio y aceptar la presencia de los ocupantes… Estos ocupantes olvidan que la tierra le pertenece a sus legítimos propietarios y que los pueblos no guardan silencio cuando se les limita la libertad de elección, sus derechos son usurpados, su futuro es hipotecado y su realidad distorsionada. Estos olvidan que todos los ocupantes, por fuertes y crueles que sean, son demasiado débiles para imponer su voluntad y aguantar para siempre y que su destino final es terminar y desaparecer, incluso si esto lleva tiempo.

«La administración estadounidense trató, directamente y a través de sus ayudantes, de sacar a los talibanes de sus posiciones y hacer que aceptaran cambios en su terreno, a cambio de promesas y compromisos… Los mediadores transmitieron generosas ofertas estadounidenses a los talibanes y sueños optimistas de una futuro brillante y una economía próspera que los estadounidenses garantizarían si los talibanes solo depusieran sus armas, renunciaran a su resistencia, se unieran a las negociaciones y aceptaran las soluciones propuestas… Pero los talibanes se negaron a renunciar a sus objetivos o negociar sus derechos, sino que más bien se adhirieron a sus objetivos declarados, por los que había sido fundada y por los que luchó. Ni las tentaciones estadounidenses ni las promesas europeas pudieron desviar a los talibanes de su objetivo, desviarlos de su camino, empañar su reputación o cambiar su verdad. A los líderes talibanes se les ofreció puestos de trabajo y se les otorgaron privilegios y subvenciones y promesas… Pero las ventajas y privilegios del poder no les interesaban. Solo querían expulsar a la ocupación de su tierra y obtener la independencia de su país. Estos comenzaron a negociar con eficacia y habilidad, al igual que eran competentes y creativos en la lucha y en resistencia. Eso es lo que obligó a Estados Unidos a respetarlos, incluso en contra de su voluntad, rendirse a ellos y a sus términos y aceptar sus demandas al igual que eran competentes y creativos en la lucha y resistencia. Eso es lo que obligó a Estados Unidos a respetarlos, incluso en contra de su voluntad, rendirse a ellos y a sus términos y aceptar sus demandas.

«Los objetivos claros son una necesidad, la perseverancia en perseguirlos es fuente de fortaleza y la adhesión a ellos conduce a su logro. Al contrario, negociar los objetivos conduce a la derrota y a la pérdida de los derechos y de la tierra… Pequeñas concesiones conducen a grandes concesiones… Felicitaciones al pueblo afgano, cuyo liderazgo fue inquebrantable…»[5]

Para ver el resto del despacho en inglés junto a las imágenes y videos copie por favor el siguiente enlace en su ordenador: https://www..org/reports/hamas-journalists-former-officials-discuss-lessons-taliban-victory-uncompromising-resistance


[1] Véase la serie de Despacho Especial No. 9505 – Los protegidos de Qatar – funcionarios de Hamás, de la Hermandad Musulmana y reporteros de Al-Jazeera – alaban el ‘yihad’ y la ‘victoria’ de los talibanes; periodistas y liberales en respuesta: Deberían irse a vivir a Kabul – 19 de agosto, 2021.

[2] Filastin (Gaza), 17 de agosto, 2021.

[3] Facebook.com/abu.amro.moustafa, 19 de agosto, 2021.

[4] Facebook.com/abu.amro.moustafa, 21 de agosto, 2021.

[5] Facebook.com/abu.amro.moustafa, 22 de agosto, 2021.

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