Todavía la Administración Biden se encuentra en sus etapas iniciales, pero en lo que respecta al tema en política exterior este ha sido un año muy difícil que ha traído una avalancha de crisis aparentemente implacables. Los dramáticos acontecimientos en Afganistán, con terrorismo y gente cayendo al vacío desde los aviones que despegaron en la pista, fue sin duda la debacle más notoria. Y aunque el acuerdo Australia-Reino Unido-Estados Unidos (AUKUS) ante China pareciera muy prometedor, el año también vio a Rusia recompensada con el proyecto Nord Stream 2 y sin ningún tipo de desanimo al tema de las fronteras en Ucrania. En otros lugares, la represión en Cuba, Nicaragua y Venezuela continúa en su mayoría sin producir respuestas, mientras que Irán, la mayor y más probable de todas las debacles, está por llegar. En África, la tragedia que se encuentra en pleno desarrollo (iniciada durante la Administración Trump) en Etiopía es claramente el principal desafío junto a la volátil situación en Sudán tras de ello.

Manifestante sudanés el día 6 de diciembre: «Esta revolución es como el sol, nunca se extingue».

Sudán muy ciertamente se ve hoy día como un fracaso de la diplomacia estadounidense, dados los informes de luchas internas burocráticas en Washington sobre el cómo responder al golpe de estado militar perpetrado el 25 de octubre contra la parte civil del gobierno del país.[1] Según informes, el enviado especial al Cuerno de África Feltman deseaba castigar a los generales sudaneses por el golpe de estado, mientras que la recientemente confirmada subsecretaria de Estado para África Molly Phee deseaba concretar una línea mucho más suave dirigida contra el ejército de Sudán. La lucha interna dentro del estado en la administración Biden en Sudán es un contraste interesante ante el de la Administración Trump, donde la lucha burocrática finalmente llevó a la Casa Blanca a tomar el control del dossier Sudán del estado en una muy resuelta búsqueda en gran parte por los Acuerdos Abraham.

En lugar de castigar a los generales, Washington parece decidir que recompensarlos es el mejor camino a seguir, al menos por ahora. El acuerdo del 21 de noviembre entre el primer ministro sudanés Hamdok (derrocado el mes anterior por los generales) y el líder del golpe de estado y presidente del Consejo Soberanía, el general Burhan, definitivamente pareciera recompensar a los golpistas. Si bien Hamdok regresa como primer ministro y supuestamente puede nombrar a su propio gabinete, los generales solidificaron su control sobre el gobernante Consejo de Soberanía (incluyendo el nombramiento de un ex-partidario del régimen de Bashir para el consejo). El golpe de estado desenmascaró una alianza autoritaria entre el ejército y los líderes rebeldes en Darfur, ahora en posiciones de poder y aliados en contra de la población civil, lo cual pareciera continuar.

Mientras tanto, los generales nombraron a un nuevo jefe del servicio de inteligencia sudanés (GIS, anteriormente NISS), el general Ahmed Ibrahim Mufaddal, un veterano del servicio de inteligencia que se desempeñó como adjunto de GIS desde el año 2019. Significativamente Mufaddal, posee una larga trayectoria tanto en el activismo islámico como en política y en los servicios de inteligencia.[2] El dictador Bashir nombró a Mufaddal para que ocupe el sensible rol de gobernador de Kordofán del Sur en el año 2018, cargo en el que también funcionó como jefe del Partido Congreso Nacional local (el PCN ahora se encuentra prohibido en Sudán) en una provincia sensible donde la oposición SPLM-N, bajo tutela del carismático Abdel Aziz al-Hilu, ha mantenido una insurgencia de larga data contra Jartum durante décadas y donde (al igual que Darfur) los militares aprovecharon las minas de oro locales.

El jefe de Intel Mufaddal también posee experiencia en el campo de la inteligencia económica, una especialidad que se espera cobre importancia a medida que el gobierno civil de Sudán intenta corregir los desastres económicos derivados de 30 años de dictadura islamista. La unión de los islamistas de Sudán y su ejército en una alianza pecaminosa parece ser inexorable.[3]

Washington bien puede haber temido se produzca una mayor agitación inmediata en Sudán a corto plazo, lo que provocó el acuerdo con los generales que dejan su poder intacto o mejorado. Estos también quedarán impunes por los 49 manifestantes muertos y los cientos de heridos desde que ocurrió el golpe estado en octubre, mientras que algunos de los rangos inferiores son ofrecidos como chivos expiatorios. Tales temores de inestabilidad han sido avivados por el general Burhan y otros advirtiendo sobre la posibilidad de que estalle una guerra civil. El colaborador más cercano de Burhan, el general Muhammad Hamdan Daglo (también conocido como «Hemeti») advirtió incluso en entrevistas de prensa sobre los peligros de los flujos masivos de inmigrantes al norte de Europa (una advertencia dirigida a la Unión Europea) y al renovado terrorismo yihadista (una advertencia tanto para los estadounidenses y para la Unión Europea) en caso de que Sudán caiga en el caos como resultado de ejercer demasiada presión sobre los militares.[4]

A medida que Hemeti amenazaba, Burhan dijo que se retirará luego de concluir las elecciones programadas para el año 2023 en Sudán y habló con dulzura de su compromiso y el de los militares, de entregar el poder a los civiles luego de realizadas las elecciones. Mientras que la rutina del “policía bueno (Burhan)/policía malo (Hemeti)” pudo haber convencido a algunos extranjeros que aplaudieron la aparente reconciliación entre Hamdok y el ejército, los manifestantes sudaneses han mostrado su desaprobación efectuando repetidas manifestaciones masivas.

Los estadounidenses, distraídos por la colosal tragedia y carnicería que se desarrolla en Etiopía (el portafolio de Feltman incluye tanto a Sudán como a Etiopía, un mandato masivo), en cierto sentido pospusieron una eventual confrontación con el ejército sudanés por cuestiones de derechos humanos y de democracia. Según informes, la administración ha intentado evitar las sanciones impuestas por el Congreso contra la paciencia del asesoramiento militar. Washington en realidad posee una excelente oportunidad de mostrar cierta determinación sobre Sudán esta semana con sanciones conectadas al próximo evento Cumbre por la Democracia.

Si bien dicho evento es principalmente pura platica, se esperan nuevas sanciones por parte del departamento del Tesoro «dirigidas a aquellos involucrados en actos de corrupción, abusos graves a los derechos humanos y que socavan la democracia» junto a la conferencia sudanesa.[5] He hablado para ver si Hemeti y su hermano Abdul Rahim son tomados como candidatos obvios[6] a la tal lista, pero a los activistas se les ve muy escépticos de que Washington realice tales acciones.

Si bien el hecho de que Occidente haya tomado medidas enérgicas ahora pudo haber roto una relación entre militares y civiles que ya venía deteriorándose en Sudán, el nuevo acuerdo crea problemas en un futuro cercano de tres maneras.

Primero, un ejército envalentonado, ya sea que Burhan cumpla o no su palabra y se retire, tiene tiempo suficiente para establecer las reglas del juego antes de las elecciones y resumir la transición democrática en el año 2023. El único poder que posee Hamdok es renunciar en protesta. El ejercito puede moldear el poder judicial y otras instituciones con el objetivo de favorecer cualquier resultado que considere oportuno y hacerlo incluso rehabilitando a aquellos individuos asociados con la dictadura islamista anterior.

Segundo, el acuerdo pautado el 21 de noviembre entre Hamdok y Burhan creó una peligrosa división entre el primer ministro y una de sus ventajas más poderosas, la calle sudanesa. Esta situación aumenta la dependencia de Hamdok al apoyo internacional y disminuye la confianza en formar un frente amplio en la sociedad civil y las organizaciones base que desempeñaron un papel tan vital en la caída de Bashir en el año 2019.

El nuevo acuerdo consagra también un tipo de esquizofrenia económica en Sudán que difícilmente conduce a algún futuro democrático estable. El golpe de estado sacudió la confianza internacional en la transformación de Sudán y naturalmente, disminuyó el entusiasmo en Occidente ante el actual liderazgo político y la gobernabilidad económica en el poder en Jartum. Estados Unidos se encuentra entonces en la incómoda situación de buscar ambas formas de castigar al ejército de Sudán y ayudar al país y a su pueblo, en su mayoría controlados por el ejército).

Mientras tanto, es el gobierno civil que sufragará el costo de las frustradas esperanzas de aquellos sudaneses desesperados, mientras que los generales culparán a los ministros que son civiles. Y, por supuesto, existe contradicción directa entre la impunidad y cleptocracia del ejército sudanés y el tipo de gobernabilidad económica transparente y reformista que la comunidad internacional quisiera ver como parte de Sudán que recibe alivio de la deuda bajo el marco mejorado de los países pobres más endeudados (Iniciativa HIPC).

Para decirlo caritativamente, Washington parpadeó sobre el tema Sudán, temiendo peores resultados que un gobierno militar mejorado y abandonando a su suerte a un movimiento popular genuino yendo en dirección a la democracia, mientras esperaba que de alguna manera pudiera influir en los resultados a futuro durante los próximos 18 meses. Si la historia de Sudán nos sirve de guía, los regímenes de Jartum a menudo están mucho mejor situados para manipular y subvertir procesos largos y complicados que los bien intencionados occidentales pero distraídos para evitar que lo hagan. El pueblo sudanés, que ha trabajado durante tanto tiempo y con tanta nobleza por su propia dignidad y libertad, se merecía algo mejor de parte nuestra.

*Alberto M. Fernández es vicepresidente de .


[1] https://foreignpolicy.com/2021/12/03/sudan-military-coup-khartoum-us-influence/

[2] https://www.alrakoba.net/31646465/%d8%aa%d8%b9%d9%8a%d9%8a%d9%86-%d9%85%d9%81%d8%b6%d9%84-%d8%aa%d8%a3%d9%83%d9%

8a%d8%af-%d8%b9% d9%84%d9%89-%d8%b3%d8%b7%d9%88%d8%a9-%d8%ad%d9%85%d9%8a%d8%af%d8%aa%d9%8a-%d9%88%d8%a7%d8%ae%d8%aa/

[3] https://www..org/tv/sudanese-scholar-hayy-yousuf-un-jewish-crusader-organization-hamdok-agent-homosexuality

[4] https://www.politico.eu/article/mohamed-hamdan-dagalo-sudan-refugee-borders-military/

[5] https://www.usnews.com/news/us/articles/2021-12-03/u-s-to-announce-sanctions-next-week-marking-bidens-democracy-summit

[6] https://www.reuters.com/article/us-sudan-gold-exclusive/exclusive-sudan-militia-leader-grew-rich-by-selling-gold-idUSKBN1Y01DQ

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