En la parte uno me refería a la fe, la manipulación y continuó remarcando otras facetas de mi propio “nacer de nuevo”.

ATENCIÓN MÉDICA

Al estar vivo y haber estado internado 11 días en UCI me lleva a declarar sin lugar a duda que la atención del personal de la clínica fue muy buena. Me sentí todo el tiempo cuidado y protegido. El nivel de tratamiento era tal, que cuando ya me pasaron a la habitación de segundo nivel de internación, me ofrecían todos los días elegir el menú del día siguiente. Las enfermeras muy atentas y cariñosas me despertaban verdadera pena con toda su vestimenta que las convertía más o menos en astronautas y si bien escuchaba sus nombres, no podía identificarlas físicamente. Los médicos que me visitaban una o dos veces por día me explicaban sobre la mucha medicación que me daban y que la mayoría era preventiva. No dejaban de manifestar su preocupación ya que, si bien por un lado daba claras muestras de recuperación, en cualquier momento el proceso podría revertirse y mis pulmones podrían colapsar. Después, cuando ya regresé a casa me enteré que fueron muy explícitos con mi esposa sobre el peligro existente. Confieso que mi impresión era que en realidad los médicos no sabían bien cuál debe ser el tratamiento y que aplicaban lo que ya se estimaba que podía ayudar después de casi un año de pandemia. Realmente yo estaba más preocupado por mi esposa, sola en la casa y si bien estábamos en contacto continuo gracias al teléfono o el WhatsApp me imaginaba que las noches debían ser terriblemente largas y atemorizadas. Ella también tenía que cuidarse de estar en contacto con personas.
¿Acaso fue peor la atención médica en los pacientes que han fallecido? Realmente no lo creo y es una prueba que cada ser humano tiene su propia conformación física y psíquica que lo puede llevar a superar en mejores condiciones los escollos que nos impone la vida. Me porté muy juicioso y cumplí todas las instrucciones que me daban los médicos, en especial no esforzarme para nada e intentar dormir el máximo tiempo posible, incluso boca abajo para que el peso del cuerpo no agobie los pulmones. Estuve pendiente de la saturación de oxígeno, en especial cuando comía lentamente, pues tenía que sacarme la máscara de oxígeno hasta que recuperara el nivel necesario. Medir la saturación como control sigo haciendo ahora y para escribir estas líneas encuentro que tengo 100. Usualmente tengo 97-98. Aparte estoy caminando y nadando y creo que eso me ayudará a mantener un nivel saludable.
El estar en la clínica y tener mucho apetito, completar mi dieta con galletitas cracker que pedí a mi esposa me hacía sentir muy bien pues mi madre solía decir que el que tiene apetito no está enfermo.

LA SOCIABILIZACIÓN
No es lo mismo que socializar. Así como respeto a las personas que se aferran a la fe, también respeto a las personas que por sus razones prefieren no manifestar o compartir sus enfermedades. Todos los días publicaba en mi muro del Facebook sobre mi situación y como me sentía, a veces o casi siempre, agregaba alguna foto. El contacto con amigos y conocidos fue muy importante para mí. Personas con las que no tenía contacto muchos años se hicieron presentes porque veían mi muro, sin saberlo yo, o escuchaban de otros, algunos al correo electrónico y otros al WhatsApp. Varios incluso no dejaron de orar por mí. También por todos ellos me sentía obligado a sobrevivir y continuar mi camino y estas notas, en realidad, las dedico a todos esos amigos que todos los días me acompañaban e instaban a que no deje de compartir con ellos, pues confieso que había momentos que el ánimo decaía. Si, es verdad que también quería sobrevivir para algunos que sorprendentemente no se hicieron presentes. La sensación general era de paz y amor y olvidarme de rencillas y enojos. No puedo dejar de mencionar que en estos dos años y no solo por Covid19, de hecho la minoría por esa razón, quince familiares, amigos y conocidos han fallecido. También ellos me obligan a seguir celebrando la vida.

NACER DE NUEVO
La sensación de haber nacido de nuevo y la fragilidad relativa de la vida, asumí recién en el mes de junio, cuatro meses después de la enfermedad, cuando mi hija médica residente en y habiendo recibido diariamente los análisis y las radiografías de pulmones, me comentó que ella estimaba que yo no sobreviviría y que tomaba las medidas para venir a verme, pero las condiciones de viajes, permisos, autorizaciones, cuarentenas, lo hacían prácticamente imposible. Recordemos que muchos no pudieron siquiera despedir a sus muertos.

Ella también decía, comentando información de colegas, que los enfermos no tenían la sensación que morirían.

Seguramente esta nota no es un consuelo para aquellos que han perdido sus seres queridos, pero si deseo sea un aliento para los que aún pueden enfermarse y un llamado de atención a los que deciden no vacunarse.

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Julio Ioseph May (Yossi) nació en Entre Ríos, Argentina. Es Contador Público de la Universidad de Buenos Aires. Desde 1973 viviò  en el Estado de Israel y a partir de febrero 2014 reside en Barranquilla, Colombia. En vistas a la tercera edad comenzó a practicar su sueño de escribir que lo acompañó desde chico.Participa activamente en variados grupos literarios del internet. Comparte publicaciones de cinco antologías: De Paz y De Guerrasy Lazos Umbilicales publicadas en Israel en 2007, "primer antología" de Muestrario de Palabras (2007) y Libro del Haiku, Ediciones Artesanales Santoamor (2008) ambas en Buenos Aires. Pensamiento Antologico Universal, La poesia purifica la vida humana, Congreso Universal de Poesia Hispanoamericana, publicada en Mexico 2010. La revista virtual Palabras al Sol publicaba regularmentecuentos y poemas de su autoría. Su preferencia es la narración.