Diario Judío México - Este año no se puede llegar a Polonia, ni entrar a Auschwitz, ni sentir el viento en las fosas de Tycocin, ni decir kadish en Majdanek; tampoco marchar en , no podemos marchar físicamente, pero debemos recordar.

Desde 1988, más de 10,000 personas de 40 países diferentes hemos estado presentes en esta marcha de y por la vida. Y ahora con todo esto  del COVID-19 se canceló por primera vez 32 años y la verdad no quisiera que la fecha pase desapercibida, este año habían más de 300,000 participantes de 52 países diferentes que no tuvieron la experiencia física de marchar esos 3.2 km que eran conocidos como”La marcha de la muerte”, quisiera que marchemos virtualmente o que hagamos algo para conmemorar la fecha y mi granito de arena es este diario que lo empece en el camión saliendo de BIRKENAU y me acompaño todo el camino ayudándome a transmitir mi sentir y plasmarlo en estas páginas que ahora comparto con ustedes.

Hoy todo es en línea, no hay límites, marchemos, todos los que ya fueron, los que no pudieron ir este año, los que quieran ir cuando se pueda, los que no tienen interés de ir, a todos los invito a que no olvidemos, recordemos y reflexionemos sobre lo que hoy sí tenemos y que agradezcamos nuestras vidas y honremos las de ellos.

Marchemos “virtualmente”, puede ser de cualquier manera; escribiendo alguna línea, decir kadish en su memoria, mencionando la fecha, transmitiendo la historia a las nuevas generaciones.

​DM

​​HOJA 1 Y 2 DEL DIARIO: ​

En mi imaginación Polonia es un lugar gris, cubierto de nieve y piedras; con árboles negros, pelones, sin hojas, forjados en filosas y puntiagudas estacas; calles bardeadas, destruidas, con cráteres en el piso y vidrios rotos en las fachadas cubiertas de graffiti. Alambre de púas rodeándolo todo.

La realidad de Varsovia me toma por sorpresa. Varsovia es hermosa. Varsovia es verde, verdísima. Es prácticamente nueva. Tiene el sabor de una Europa en movimiento y un olor a progreso y prosperidad.

También es donde hace menos de un siglo habíamos 400 mil de los 3 millones y medio de judíos que vivíamos en Polonia, donde hoy no vivimos ni siquiera diez mil. Durante cuatro siglos Polonia fue el centro de la vida judía.

Todo cambió en 1940.

Las paredes del Ghetto se alzaron ese año. Tres metros de ladrillo. Vidrio roto sobre la piedra. Púas encima del vidrio.

Hoy visitamos lo que queda de ese muro. Apenas una pared pequeña dentro del patio de una vecindad de clase media donde en éste día soleado se oía el cantar de algunos pájaros de ciudad.

Hoy solo quedan las vías y un cintillo que demarca donde estaba el muro.

El ghetto donde la comida nunca era suficiente, donde más de cien mil niños, mujeres, ancianos, jóvenes, adultos morimos de inanición apenas el primer año.

​El sustento de las familia lo traían las niñas de entre siete y nueve años que podían escabullirse por los hoyos en la pared o los túneles y salían a robar o contrabandear. Para las niñas era más fácil, no tenían un pene circuncidado​ ​que pudieran revisar.

El ghetto donde habían más enfermos que medicinas, donde los huérfanos vivían como animales salvajes, hurgando en la basura, robando, matando por comida o un poco de agua limpia para aplacar la sed del día, una cobija, un par de zapatos. Sobrevivían así si acaso una semana.

Habitában todos los unos con los otros. Una, dos, a veces hasta tres familias por habitación; hasta diez familias en un apartamento.​ ​Los afortunados se quedaban en los baños, donde a veces había agua a la mano. Y aún así, vivían.

​Vivían y se juntaron y se armaron y ​decidieron  que no podía​n​evitar la muerte, pero podía​n​elegir​ como morir​. ​Repeli​aron​ataque tras ataque. La policía polaca, la SS, la Gestapo. Infantería​,​ ​a​rtillería​,t​anques. Todo menos la fuerza aérea. Tuvieron que bombardear e incendiar el ghetto, destruirlo todo y aún así dimos una última pelea en la que morimos como lo escogimos.

“ACÁ ESTAMOS, ACA ESTAREMOS” AM JAI.

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