Este es el artículo 4 de 12 en la serie Nuestros Gobernantes

Diario Judío México - Ya para 1799 surgen los primeros movimientos independentistas, con la llamada conspiración de Los Machetes, la cual fue descubierta. En lugar de disminuir las presiones, los gobernantes expiden los llamados Vales Reales (pago inmediato de adeudos) que provocan mayor malestar; además, y para que no se dude del poder, también lo exhiben, mediante la colocación en la plaza mayor de una estatua ecuestre de Carlos IV (la que conocemos como El Caballito). Pero las cosas siguieron empeorando para el imperio en Europa, y llegan a la Nueva España las noticias de la abdicación de Carlos IV y Fernando VII, a quienes suple José Bonaparte. Localmente se dan nuevas conspiraciones como la de Valladolid, que si bien no tuvieron el éxito esperado y la muerte de sus iniciadores, sientan las bases para la formación del Congreso de Chilpancingo, la Constitución de Apatzingan, proclamación del Plan de Iguala y el poder organizar el Ejército Trigarante, que bajo el mando de Iturbide, entra en la ciudad de México el 27 se septiembre de 1821. Al día siguiente, mediante la firma del acta, el país entra en un período independiente, después de casi 500 años en que se acumularon carencias, vicios y malas costumbres entre los hombres del poder, en medio de una creciente esperanza de sus gobernados, por mejores condiciones de vida y libertad.

El 28 de septiembre de 1821, inicia el período del primer gobernante del México independiente,en la persona de Agustín de Iturbide y Arámburu, llamándose la Primera regencia del imperio mexicano. Se continuó con una segunda, hasta que en 1822 Iturbide pasó a ser el Emperador del país. De ahí hasta 1824, el máximo puesto de la nación, se le denominó de varias formas hasta que Guadalupe Victoria llegó al poder con el nombre de Presidente Constitucional. La historia nos marca que desde el primer presidente constitucional, hasta antes de la revolución con la renuncia de Porfirio Díaz Mori el 25 de mayo de 1911, han detentado el poder un poco más de una treintena de personas, de las que varios -en períodos continuos o salteados- repitieron su mandato con diferentes modalidades y títulos. Todo ello en casi un siglo, en que la figura ambigua de la Conquista produjo un fenómeno de doble significado, no obstante el nacimiento de una pluralidad con la creación de nuevos Estados.

Este fenómeno de flujos y reflujos,entre distanciarse de un pasado y regresar a pretéritos usos, costumbres y vicios del poder, no ha sido exclusivo de nuestra nación, pues también -en menor o mayor grado- se han dado en toda la América hispana. Al sur de México surgieron San Martín y Bolívar, cuyos proyectos de nación, tal vez fueron más radicales que los de los próceres independentistas de la nación azteca, pero con el tiempo, muchos de esos proyectos se hicieron astillas con la realidad; sobre todo el de la unidad de estas naciones en base al ideal bolivariano, que hasta la fecha continúa siendo como un sueño, que radicales dictadores e infinidad de hombres de poder de corte democrático, siguen sacando a la palestra sin mucho éxito.

El período de esa independencia anterior a la revolución mexicana, según Octavio Paz, en “Laberinto de la Soledad”, lo compara con el sudamericano y marca al mexicano como menos brillante, menos rico en ideas y frases universales, y más determinado por las circunstancias locales; afirma que la mayoría de esos luchadores, no tenían una noción clara de su obra; sin embargo, tenían un sentido más profundo de la realidad, que con el tiempo se reflejaron en las Leyes de Reforma; unas leyes que costaron muchas vidas y luchas internas, pero que se inclinaron más -con mucho éxito y adelantados a su tiempo- hacia conceptos de libertad e igualdad de inspiración europea, neutralizando además en gran parte, el gran poder que la iglesia había adquirido desde la colonia; pero a diferencia de la América sajona, la transformación no llegó a ser tan completa y profunda, sobre todo en lo concerniente a proyectos en que los satisfactores materiales y de educación, de grandes grupos e individuales, pasaron a un plano más que secundario, dejando estos a la providencia, voluntad y venia de los grandes señores del poder.

En definitiva, y la historia nos lo confirma,los Presidentes mexicanos en esos largos años, consolidaron un poder en gran parte a la usanza española, pero no fueron capaces de crear una nueva sociedad. Los períodos imperiales, los de reforma y los dictatoriales a la larga, escudaron sus incapacidades con mentiras, muchas que llegaron a ser institucionales. Hubo sin duda personas en el poder de muy buena intención, esforzados y de valía, pero por falta de sistemas efectivos de administración, o confianza en algunas personas al delegar responsabilidades, fueron creando un segmento privilegiado en la sociedad que usufructuaba el poder, muy parecido al de los tiempos feudales.

A diferencia de nuestros tiempos, en que existen tres partidos políticos que se reparten o luchan por detentar el poder, en esos tiempos tan solo existieron los liberales y los conservadores, cuyas luchas se realizaban entre militares, la iglesia, la aristocracia, terratenientes y personas ilustradas, que olvidaron por su encono los grandes deseos de expansión de la pujante nación del norte, realizándose además de las múltiples guerras intestinas, otras más injustas o sucias, cuyo costo fue la pérdida de la mitad del territorio nacional.

Con el tiempo los liberales triunfarían,más la ambigüedad volvería a aparecer, pues ya en el poder y con sus propias leyes, muchos se transformarían en defensores de esas nuevas castas surgidas, y hasta protectores de las más conservadoras, haciendo de lado un verdadero proyecto nacional que lograra la adhesión de lo que quedaba de país, mediante nuevas formas políticas. Ante esa simulación, el mismo Porfirio Díaz pagaría el precio con un destierro que aún tiene efecto, ya que sus restos mortales continúan estando en Francia.

En esos finales del siglo XIX y principios del XX, llegan de nueva cuenta a México, un pequeño grupo de judíos provenientes de Europa y de Norteamérica, quienes fundaron varios almacenes de prestigio y algunas industrias; muchos de ellos regresaron a sus países de origen, y no fue sino hasta el año de 1924, en que la emigración judía aumentaría, principalmente por la llamada Ley Johnson, que los promulgó para evitar la entrada masiva de extranjeros a su país, aplicando cuotas estrictas que produjeron la desviación de los emigrantes a países latinoamericanos.

Los fundadores de lo que sería la Comunidad Judía de México, empezaron a llegar de Siria, Turquía, Polonia, , Lituania, Rumania y Alemania. Esa emigración, como veremos en el siguiente capítulo en que trataremos el período revolucionario, sería por invitación expresa de los nuevos hombres del poder en México.

Continuará…

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Egresado de la carrera de Contador Público del ITAM, por varios años trabaja en la industria de la confección, transformación y la industria editorial.Es de destacar su actividad en organizaciones comunitarias judías mexicanas entre ellas la Comunidad Sefaradí y el Comité Central. Al mismo tiempo se dedica a la edición de varias publicaciones como la revista "Emet" (1984); periódico "Kesher" (1987) y "Foro" en 1989.Dentro del campo intelectual siempre ha tratado de mantener vigente la Asociación de Periodistas y Escritores Israelitas de México y por lo menos un medio escrito lo suficientemente amplio, con calidad y profesionalismo como lo es "Foro", para que más de 60 escritores de México y el extranjero expresen mensualmente a través de sus páginas los pensamientos e inquietudes que forman opinión dentro del gran número de lectores que hasta la fecha tiene.Dentro de esta misma práctica de edición, ha colaborado, cuidado y diseñado más de 40 libros de escritores e instituciones que se lo solicitan y tiene en su haber tres libros histórico-biográfico y de consulta, como el "Prontuario Judaico".