Este es el artículo 5 de 12 en la serie Nuestros Gobernantes

Diario Judío México - Durante el prolongado período porfirista, fueron adoptadas filosofías positivistas, pero no engendraron ninguna propia, por lo que la situación de dependencia fue más grave que la de los liberales y teólogos coloniales. En pocas palabras se adoptó un sistema que históricamente no le correspondía.

Ese disfraz -según Octavio Paz- “no estaba destinado a engañar al pueblo, sino a ocultar la desnudez moral del régimen a sus mismos usufructuarios. Esas ideas, tampoco justificaban las jerarquías sociales ante los desheredados”. Se había creado un sector neo feudal, no obstante que ellos mismos fueron los herederos del liberalismo que encabezó Juárez; con ello la Reforma y el proyecto histórico que contenía verdades universales, quedó reducido a sueños. El pueblo, tras 100 años de lucha, se encontraba más solo que nunca.

Al surgir el estallido de la Revolución, las causales ideológicas -a excepción de la prolongada estancia de Díaz en el poder- no fueron muchas, pues no se contaba con intelectuales para un nuevo cambio. Sus causales realmente fueron las limitantes que encontraba el pueblo en su vida diaria, sobre todo los jóvenes de clase media que no podían escalar social y políticamente, pues esos puestos estaban ocupados por personas ya de edad o sus familiares, que habían enriquecido y cerrado filas con un presidente que no deseaba dejar el poder, no obstante que su administración había dejado frutos en el país, sobre todo por la preferencia a capitales europeos que llegaron a dominar casi todas las actividades comerciales y de industria.

Esas políticas de notable preferencia en inversiones, causó un gran recelo a los gobernantes del país vecino del norte, que se encontraba en plena expansión. Por ello no debemos de extrañarnos, del gran apoyo que los E.U. otorgó a la nueva corriente revolucionaria mexicana; por ello también, es que los primeros pasos armados dados por el movimiento, surgieron en la mayoría de los estados norteños del país, sobre todo en el de Sonora.

De esta primera gesta revolucionaria a nivel mundial del siglo XX, surgen nombres que se han hecho famosos, al igual que los que surgieron en la Reforma, como los de: Emiliano Zapata, Venustiano Carranza, Luis Cabrera, Francisco I. Madero, Francisco Villa, José Vasconcelos, Álvaro Obregón, Lázaro Cárdenas, Felipe Ángeles y muchos más, algunos en papeles bien definidos y otros no tanto, pero a diferencia de los personajes de la Reforma, los nuevos protagonistas o caudillos, no tuvieron la claridad de ideas de los primeros, aunque eso no les ha impedido convertirse en mitos populares.

Mucho se ha escrito y filosofado sobre la Revolución de y sus resultados; unos llaman que es el estallido de una realidad y el encuentro de una comunión; otros dicen que es el resurgir de viejas sustancias dormidas, un salir de ferocidad, ternura y finuras ocultas por el miedo a ser. En “El laberinto de la soledad”, el propio Paz concluye: ¿Y con quién comulga en esta sangrienta fiesta?…Consigo mismo, con su propio ser. se atreve a ser. La explosión revolucionaria es una portentosa fiesta en la que el mexicano, borracho de sí mismo, conoce al fin, en abrazo mortal, al otro mexicano.

De la renuncia del presidente Porfirio Díaz, el 25 de mayo de 1911, a la presidencia de Manuel Ávila Camacho, período este último en que vi la luz (mediados de 1945), ocuparon la silla presidencial durante la revolución, los siguientes personajes: Francisco León de la Barra (1911), Francisco I. Madero (1911-1913), Pedro Lascuráin (1913), Victoriano Huerta Ortega (1913-1914), Francisco S. Carvajal (1914), Venustiano Carranza (1914-1920), Eulalio Gutiérrez (1914-1915), Roque González Garza (1915) y Francisco Lagos Cházaro (1915). En los gobiernos post-revolucionarios: Adolfo de la Huerta (1920), Álvaro Obregón (1920-1924), Plutarco Elías Calles (1924-1928), Emilio Portes Gil (1928-1930), Pascual Ortiz Rubio (1930-1932), Abelardo L. Rodríguez (1932-1934) y Lázaro Cárdenas del Río (1934-1940). Como presidentes que puedo considerar como mis contemporáneos, sería el mencionado Manuel Ávila Camacho (1940-1946), hasta el actual, Felipe de Jesús Calderón Hinojosa.

De estos “Mis Contemporáneos” o “Mis Presidentes”, son los que inspiraron esta serie de artículos, pero me vi obligado a tratar en 5 colaboraciones, aunque fuera a vuelo de pájaro, los importantes antecedentes de las épocas mexicanas de antaño, para de ser posible comprender -aunque sea en mínima parte-, los porqués de los cambios y tendencias de ese nuevo poder que en cada sexenio se presenta, no por presentar un rostro físico y estilo distinto, sino cada vez -y no creo que sea por la edad-, menos incomprensible a mis contemporáneos y al parecer a varias generaciones de jóvenes.

Antes de apagar el ordenador y darme tiempo de planear la exposición de las próximas entregas, que pienso serán más detalladas, pues son las que me ha tocado vivir, no quisiera dejar de comentar el aspecto de la comunidad judía, en este largo período revolucionario y posterior a él, aunque también -estoy seguro- que por su conexión, se hará referencia a los mismos en las entregas por venir.

Como dato histórico, se puede señalar que durante las presidencias de Álvaro Obregón y más tarde en la de Plutarco Elías Calles, se hicieron públicas invitaciones para que los judíos que lo desearan pudieran asentarse en , llegando alrededor de 10,000 inmigrantes. Sin embargo este flujo se restringió a principios de la década de los años 30. En esa migración masiva de los 20’s, los que llegaban generalmente eran hombres solos que no sabían el idioma del país y generalmente llegaban sin recursos económicos, por lo que su actividad -tanto en la capital como en la provincia- fue el de negociar en las calles, lo que conocemos como vendedores ambulantes o aboneros.

Sin embargo varios de ellos tuvieron la ayuda de una organización judía norteamericana llamada B’nai B’rith, que trataba de apoyarlos desde su desembarco, generalmente en el puerto de Veracruz, para ello se había establecido una caja de préstamos. Ese primer despertar del pequeño comercio en , les dio la oportunidad de traer esposas, hijos y demás familiares para formar su nuevo hogar.

Como apuntábamos en el capítulo anterior, la comunidad judía se estaba conformando primeramente con personas procedentes de , y de los Balcanes, pero también -y casi al mismo tiempo- con inmigrantes de Europa y Estados Unidos, formando grupos en que el idioma y sus costumbres los distinguían de los demás. Para 1912 se establece en forma oficial, el primer sector judío en , que encabezó la Alianza Monte Sinaí, cuyos miembros compran el primer terreno para uso de panteón israelita y en 1923, obtienen el primer permiso oficial para la construcción de la primera sinagoga.

Poco antes de la primera sinagoga, en 1921, judíos provenientes de los E.U. fundan el Y.M.H.A. (Young Men Hebrew Association), sentando las bases para una organización comunitaria del sector ashquenazí denominada Nidje , para cubrir diversas necesidades sociales y religiosas, entre ellas la educación para sus hijos, abriendo la primera escuela en 1924.

Por su parte el sector sefaradita, establece en 1923 una organización de ayuda llamada Bikur Holim, y más tarde se constituye en comunidad con su primer nombre de Unión Sefaradí.

El crecimiento fue notorio y en 1927, los judíos originarios de la ciudad de Alepo, , fundan por su cuenta otra comunidad, construyendo en 1930 su sinagoga con el nombre de Rodfe Sadek.

Con el pasar del tiempo las primeras generaciones de judíos nacidos en , se desarrollan y adquieren sus tradiciones en esos sectores, aparentemente aislados de los demás, fundando organizaciones sociales y deportivas, generalmente en los alrededores del Centro de la capital, pero no fueron los únicos asentamientos judíos, ya que muchos emigraron -para buscar mejores oportunidades económicas- a la provincia, siendo las principales ciudades en que radicaron: Tampico, San Luis Potosí, Veracruz, Puebla, Mazatlán, Guadalajara, Monterrey y Tijuana, entre otras de menor tamaño.

Ese despegue económico dado en los años treinta y principios de los cuarenta, repercutió en el desarrollo de la comunidad, donde con trabajo y dedicación, los inmigrados y los ya nacidos en el país, pasaron de ser, de pequeños comerciantes a industriales y profesionistas. Los tres sectores judíos mayoritarios, siempre mostraron el interés de preservar los diversos aspectos culturales, tradicionales y artísticos que orgullosamente los distinguían, pero a su vez se enriquecieron y enriquecieron, del y el entorno de sus nuevos hogares.

Continuará…

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Egresado de la carrera de Contador Público del ITAM, por varios años trabaja en la industria de la confección, transformación y la industria editorial.Es de destacar su actividad en organizaciones comunitarias judías mexicanas entre ellas la Comunidad Sefaradí y el Comité Central. Al mismo tiempo se dedica a la edición de varias publicaciones como la revista "Emet" (1984); periódico "Kesher" (1987) y "Foro" en 1989.Dentro del campo intelectual siempre ha tratado de mantener vigente la Asociación de Periodistas y Escritores Israelitas de México y por lo menos un medio escrito lo suficientemente amplio, con calidad y profesionalismo como lo es "Foro", para que más de 60 escritores de México y el extranjero expresen mensualmente a través de sus páginas los pensamientos e inquietudes que forman opinión dentro del gran número de lectores que hasta la fecha tiene.Dentro de esta misma práctica de edición, ha colaborado, cuidado y diseñado más de 40 libros de escritores e instituciones que se lo solicitan y tiene en su haber tres libros histórico-biográfico y de consulta, como el "Prontuario Judaico".