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No soy historiador. Mi pasión es la poesía y mi ocupación la …” escribe Octavio Paz en su Advertencia al lector de Tiempo Nublado.

En su ensayo El arco y la lira, Paz define la poesía, y a lo largo de su obra, su compromiso con el lenguaje. Lo demás es pensamiento, la Idea. Es plasmar definiciones de la historia, dar significado a la política, expresar de manera crítica la naturaleza de los regímenes de la era en que vivió. De ahí su cuidado por el detalle, por la veracidad y por la palabra.

Octavio Paz nace el 31 de Marzo de 1914, teniendo como cuna la , el activismo político y la Revolución. Su abuelo, Irineo, era escritor liberal y en su momento, seguidor de Porfirio Díaz; de él sacó las letras, la pasión por lo que sería su profesión años después. Su padre, también Octavio, fue seguidor de Zapata, activista de la Revolución. Imagino las discusiones en el teatro familiar de las que fue testigo en su primera infancia, antes de mudarse a Estados Unidos. Así que la historia de venía circulando por sus venas; y, pese a que la fue su ocupación, la política venía tatuada en su frente. Desde siempre. Desde que se apellidó Paz. A partir de esto, trazó una línea que duraría toda su vida: el papel de las letras en la política.

En su época de estudiante, vivió de cerca el vasconcelismo y comenzó a comprender (cosa que años más tarde documentaría en las revistas Plural y Vuelta) qué se requería de un intelectual en el sistema, en la crítica al sistema y en la ejecución de las leyes del sistema. “Un intelectual, ante todo y sobre todo, debe cumplir con su tarea: escribir, investigar, pensar, pintar, construir, enseñar.”, dice a Julio Scherer en una entrevista en noviembre de 1977. Plantea que casi todos los escritores (al menos los de su época) habían servido de una u otra forma al gobierno y ese desempeño era parte de la responsabilidad moral y social de las voces de una generación, sin embargo, el hambre de poder era una tendencia clara entre los mismos. Para él, Vasconcelos fue el intelectual que estuvo más cerca del poder “de verdad” y el no haber ganado las elecciones le hizo un bien porque siguió siendo (así lo dice Paz) genial. Escritor a escribir y legislador a legislar: zapatero a tus zapatos. Pero siempre, con presencia de las letras en los gobiernos para plantear las ideas, para señalar los errores, para comunicar masivamente lo que sucede en verdad dentro y fuera del país.

Conforme pasa el tiempo, la significación y la Idea van evolucionando, van degenerando y convirtiéndose en una charlatanería alejadísima de su intención original. Hoy en día vemos esto claramente con el PRD, lo vemos con el PAN, lo vemos en la demagogia que la mera búsqueda del poder promueve con fuerza, dejando atrás los principios. Esa es una de las grandes necesidades de pensadores y escritores en los sistemas: definir, explicar, poner en palabras lo que se busca o no con un gobierno, lo que (a su juicio) está bien o mal en la forma de gobernar, lo que busca o rechaza el posible candidato o grupo que gobernará.

Octavio Paz trazaba sutilmente su postura, pero marcaba tajantemente y explicaba a detalle aquellas posturas que repudiaba. Sin miramientos. Con un compromiso mayor con el no que con el sí. De nuevo, su ocupación era la . Su lugar como pensador y ordenador del lenguaje era su principal tarea. Era justo lo que creía que debía ser un intelectual.

En 1937 se opone a los regímenes fascistas que crecían rápidamente en Europa, y como resultado de esto se une a la causa rusa y al comunismo. Pero se desencanta rápidamente: en 1939 (justo ates de estallar la ) se firma el pacto entre la Alemania Nazi y la Unión Soviética, esto indigna y escandaliza a Paz, quien rompe relaciones con amigos y publicaciones comunistas “…la ruptura con Pablo Neruda y con otros fue total y dolorosa.”. A partir de aquí se le comienza a acusar de “anticomunista” y comienza también la verdadera investigación de Paz contra los “Jefes” y jefecillos y contra las dictaduras, contra la burocracia. Quedándose fuera de la “izquierda” en 1950, cuando publica información sobre campos de concentración en la URSS. Paz se sienta en su escritorio, ve al mundo, va al mundo y trabaja en su labor de análisis y síntesis de aquello que observa. “Día a día se hace más patente que la casa construida por la civilización occidental se nos ha vuelto prisión, laberinto sangriento, matadero colectivo. No es extraño, por tanto, que pongamos en entredicho a la realidad y que busquemos una salida.” Dice el poeta en una conferencia de surrealismo en 1954. Consideraba a Breton como “hombre de conciencia”. Eso era Paz, un poeta de conciencia.

En diciembre de 1977, luego de que Octavio Paz recibiera el Premio Nacional de , Salvador Elizondo escribe un artículo en Unomásuno titulado Saludo a Octavio Paz. Meses después, en junio de 1978, en el mismo diario, Elizondo escribe acerca de la publicación de Manual del distraído, de Alejandro Rossi. En el segundo artículo habla de la importancia de la prosa apoyando la introducción de Manual del distraído, habla también del estilo, del amor simple a la por el hecho de ser . En el primer artículo, defiende a la poesía, defiende a Paz, alaba al poeta cerrando así: “El muy merecido reconocimientote que ha sido objeto Octavio Paz en estos días convoca, creo, un asentimiento unánime. Eso es la mejor prueba de que los mexicanos todavía podemos unirnos en torno a algo: la Poesía”. Así, con mayúsculas y todo.

La fuerza estilística que defiende y predica Elizondo no es siquiera equiparable con el perfeccionamiento del lenguaje que concreta Paz en su obra poética, es su compromiso con la palabra misma, con la palabra dicha, con la palabra escrita. Como poeta es cuidadoso, independiente y puntual. Deja a la poesía dentro del poema como una entidad autónoma que viaja más allá del intelecto para convertirse en parte del lector. Desde 1935 explora la técnica y la deshace, la convierte y camina hacia el estilo trabajando con la prosa. La poesía y el poema son dos cosas separadas.

En Salamandra hace de naturaleza, en Ladera Éste imprime en español una ideología contraria a la occidental que siempre criticó. La poesía de Octavio Paz se lee palabra por palabra y se relee, avanza hasta el punto en que se cuela en toda su obra ensayística y en el corazón de la crítica política nacional.

El legendario, el poeta, el “anticomunista” de izquierda, el que odia a la derecha, el no historiador que escribe historia, el erudito, el Nobel de literatura, el “amigo/enemigo” de Fuentes. El escritor. El Octavio Paz de nos cuenta nuestra propia historia como no nos gusta escucharla, su poesía es inyectada a través del siglo veinte en nuestra sangre y nos hace saber aunque no queramos; se vuelve parte de la genética de nuestro pueblo. Despotricando con estilo, como el que sabe y habla de lo que sabe, con la fluidez de una disertación clara.

Dice que la izquierda de hace treinta años en piensa poco y discute mucho. Tal vez esa aseveración sea válida en estos días. Ni derecha ni izquierda. Ruido.

“Inocencia y no ciencia: / Para hablar aprende a callar.” Octavio Paz, 31 de Marzo 1914 – 19 de Abril 1998

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