Los seres humanos contamos con una capacidad increíble para la creación, y de eso pueden dar cuenta la gran cantidad y calidad de escritores, pintores, músicos, artesanos y artistas que nos ha dejado la historia, y que seguro seguirá ampliándose con el paso de los años.

A esta lista pueden sumarse todos los profesionales que cada día aportan su grano de arena para construir los pilares de nuestra civilización: médicos, científicos, investigadores, educadores, periodistas, ingenieros… y de verdad, seguiría, pero no puedo nombrarlos a todos. En todo caso, en este lado están ubicadas todas las personas que se dedican a crear, construir, aportar, ayudar, servir y dar.

Desafortunadamente, nuestra capacidad destructiva como especie no es menor o menos evidente; y de eso pueden dar cuenta la gran cantidad de guerras, genocidios y masacres sucedidos a lo largo de una muy larga historia.

También puede observarse esta capacidad de hacer daño que tenemos los humanos en las cárceles llenas de asesinos, violadores, traficantes (y un largo etcétera); así como en el crimen y las mafias que imperan en las calles de nuestras ciudades.

Actualmente también debemos agregar a esta lista la gran cantidad de casos de asesinatos, maltratos, bullying y acoso escolar que se están presentando en centros educativos en todo el mundo.

La maldad, el odio, la rabia y la saña no tienen edad. Hace poco un joven de 18 años entró a un colegio para matar a 21 personas, entre las que se contaban 19 niños menores de 12 años.

También hemos visto en redes sociales a jóvenes que no pasan de los 15 años agredir a sus compañeros más vulnerables hasta llegar a hacerles verdadero daño físico y emocional (menos evidente, pero igualmente peligroso) ante el aplauso, la celebración y la indiferencia del resto de los presentes en tales actos de violencia y abuso.

Pienso que cada ser humano tiene dentro de sí una gran capacidad para la creación, pero también una tremenda capacidad para la destrucción. Por lo tanto, su legado al mundo se basa en una decisión íntima y personal en la que cada quien deberá determinar si se deja guiar por su lado luminoso y positivo o si, por el contrario, prefiere hacerle caso a sus sombras y demonios internos.

Es decir, nuestro comportamiento hacia los demás siempre es resultado de nuestra condición humana y de las elecciones que tomamos en silencio y dentro de nosotros mismos; ya lo basemos en nuestra experiencia, ya lo basemos en nuestra conciencia; ya tomemos en cuenta valores y principios universales, o aquello que aprendimos de las personas responsables de criarnos y educarnos.

Todos llevamos dentro de nosotros luces y sombras, y todos tenemos que lidiar con lo que otros sembraron en nuestros huertos personales; sin embargo, al final cada uno es responsable de las decisiones que toma a la hora de actuar, a la hora de interactuar, a la hora de mostrar al mundo qué o quiénes somos realmente.

La edad no es una excusa ni un atenuante a la hora de rendir responsabilidades por nuestros actos. Me consta que hay jóvenes de 14, 15 y 16 años con una evidente inclinación hacia la maldad, que albergan dentro de sí una capacidad de odio inaudita y que no demuestran escrúpulo alguno a la hora de actuar para atacar y hacer el mayor daño posible a los demás, sin pensar en consecuencias ni en códigos morales pasando incluso por encima de la lógica y el sentido común.

No puedo evitar cuestionarme sobre los que nos depara el futuro a nuestras sociedades cuando observo a esta increíble cantidad de jóvenes que empezando su vida deciden ser tremendamente destructivos para los demás, pero especialmente para sí mismos. ¿En qué tipo de adultos se convertirán?

Si estos individuos que rayan en la sociopatía (y no son pocos), no encuentran límites a sus comportamientos destructivos en las instituciones y grupos familiares en los que se desenvuelven, ya sea por negligencia, irresponsabilidad o desidia… ¿con qué estructura interna se enfrentarán a un mundo que no va a mostrar la misma condescendencia malsana que exhiben sus supuestos educadores?

¿Qué tipo de aportes positivos o constructivos podrán hacer a sus comunidades estos jóvenes que han ejercido la maldad sin ser controlados o censurados de alguna forma, estos jóvenes que están llenos de odio hacia los demás, que son capaces de ejercer la violencia hasta llegar al asesinato, que actúan contra compañeros vulnerables en medio de la celebración de los espectadores al mejor estilo de los circos romanos?

Si bien es cierto que la decisión de actuar de manera constructiva o destructiva corresponde al fuero interno de cada individuo, no es menos cierto que las familias, las instituciones, las comunidades, las sociedades e, incluso, el Estado deben buscar y encontrar mecanismos más eficaces para limitar el accionar de estos seres inclinados hacia la maldad, movilizados por el odio, acostumbrados a actuar de manera peligrosa para sus semejantes sin encontrar límites o censura en sus entornos cercanos.

Pues, de no encontrar e implementar a tiempo estos mecanismos que limiten a los individuos destructivos, temo que serán tantos, tan evidentes y notorios que la balanza de nuestras sociedades terminará por inclinarse hacia el lado más temible del ser humano y, cuando eso sucede, la historia ha demostrado que a su paso solo queda destrucción, devastación y muerte.

¿Eso es lo que realmente queremos para nuestro futuro?

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Periodista - Escritora – Poeta – Esposa – Mamá. Autora de varios libros publicados. Editora de libros, revistas, boletines electrónicos y otras publicaciones. Productora de contenido para redes sociales Productora y conductora de podcasts. Graduada de Comunicación Social mención Periodismo Impreso con Diplomado en Comunicación Digital y Post grado en Dirección de Instituciones Comunitarias. Ganadora de la modalidad de poesía del Certamen Internacional “Notas Migratorias César Vallejo 2021”. Organizado por la Fundación Universidad Hispana. Ha sido elegida ganadora y finalista en diversos concursos literarios y poéticos en América Latina y España, a los que se ha presentado a lo largo de su carrera como escritora. Datos de contacto: E-Mail: raquelmarkuspro@gmail.com Instagram: @escritora.creativa Facebook: Raquel Markus Twitter: @raquelisheva