Diario Judío México - El capítulo cuarenta y nueve- el penúltimo capítulo del libro del Génesis- describe la convocatoria a los hijos de Jacob para escuchar, ante su lecho, su mensaje de despedida.

Utilizando un discurso colmado de metáforas, a veces, un tanto oscuras- incorrectamente considerado como bendiciones – el patriarca transmite lo que ha aprendido de la vida.

Un ejemplo de esta observación es el versículo 18
“Pongo mis esperanzas en tu salvación, Señor”

Jacob Neusner, uno de los rabinos académica más sabios y prolíficos de nuestros tiempos, hizo el incisivo comentario que este es el mensaje que imprime al judaísmo su definición final y distintiva. La tarea de es tener esperanza. Para un judío la desesperación es un pecado.

“La tarea asignada a los judíos dentro de la humanidad”, dijo el rabino Neusner, “ha sido, a pesar de todo, perseverar y mantener la perfecta fe y la confianza: la esperanza. Eso es lo que ha significado ser . ”

Al patriarca no se le escapa la profundidad de la maldad humana. Reconoce la fragilidad de las buenas intenciones de sus hijos y su gran capacidad para hacer el mal. Sin embargo, no es pesimista, ni “levanta las manos.”

“¿De dónde obtienen los judíos su asombrosa capacidad para ponerse por encima de todos sus problemas, para nunca darse por vencidos, nunca perder la esperanza? Pregunta el rabino Elyahu Eliezer Dessler, el “mashguiaj rujani” (“consejero espiritual”) de la yeshiva Ponevezh en .

Su respuesta: “esta es nuestra herencia heredada de nuestros santos antepasados ​​ quienes aceptaron en vida todo lo que les fue enviado por el Todopoderoso “.

Los rabinos Emil Hirsch y Joseph Jacobs resumen: “A pesar de su realismo, el judaísmo nunca aconseja la resignación pasiva, o el abandono y retirada del mundo. Rechaza la teoría de que el origen de la vida es el mal, o que el hombre y la vida y el mundo son corruptos, como consecuencia del pecado original. Su optimismo es evidente en su fe en la elevación lenta pero segura de la humanidad, en el triunfo final de la justicia sobre la injusticia, y en la segura venida de una era mesiánica. ”

Todo ser humano que, después de las penas y tribulaciones de un larga vida pueda transmitir este mensaje a sus hijos, está imbuido del espíritu judío.

Con esta parashá (sección) se completa el ciclo anual de estudio de Bereshit (Génesis), el primer libro de la Torá para comenzar a estudiar la semana siguiente el libro de Shemot (Éxodo)

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