Muchas personas, hoy en día, ya no piensan, no tienen pensamientos propios, dicen lo que dicen los demás que, a su vez, lo han dicho otros.
Alguien opina algo y es notable que esa no es su opinión propia, sino que la escuchó de alguien más o sacó deducciones de cómo debe pensar según el pensamiento ajeno, pero jamás el propio.
Los antiguos filósofos ya hablaban de estos temas, así que no es "hoy en día", sino que esto ya viene de antaño.
Vale recalcar que la influencia de las redes sociales en la sociedad moderna es muy fuerte. Se puede ver en Facebook como casi nadie escribe nada, sólo comparten pensamientos o vídeos que compartieron otros que, a su vez, son compartidos por otros y casi nadie sabe quién fue su autor.
Esto llega a grado tal que muchas veces se escribe el nombre del autor en la publicación y realmente, esa persona jamás escribió o dijo eso, pero todos lo creen así por ser "seres pensados por otros y no seres pensantes".
¿Cómo se puede entonces confiar en alguien cuando se pide un consejo si no va a contestar lo que él piensa, sino lo que, según la influencia mediática debe pensar?
Y no es solamente por las redes sociales sino que personalmente, en una amena plática, casi nadie dice lo que cree, sino lo que leyó o escuchó en algún medio que a su vez es pensado por otros.
Ayer platicaba con unos vecinos respecto a la construcción del nuevo aeropuerto en la CDMX. Todos decían lo que le ha dicho gente que conocen y dicen vivir cerca de la zona en construcción. Alegaban sus argumentos reforzándolos con notas periodísticas como si haber leído es estar informado.
La realidad es que nadie de los que ahí estábamos sabía nada al respecto.
Incluso aquellas personas que viven por la zona tampoco saben los detalles de lo que pasa en ese suelo donde se construye.

Este flagelo del "ser pensado" y no tener pensamiento propio abarca todos los temas: religiosos, políticos, sociales y demás.

Es por eso que los que se animan a tener un pensamiento propio, a decirlo y a divulgarlo públicamente, no son bien vistos ni aceptados. No por no estar de acuerdo con su pensamiento, sino por no estar de acuerdo a que piense por su cuenta.

Mientras tanto, Facebook te pregunta ¿Qué estás pensando?

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Mi nombre es Gabriel Zaed y escribo bajo el seudónimo de Rob Dagán. Mi pasión por la escritura es una consecuencia del ensordecedor barullo existente en mis pensamientos. Ellos se amainan un poco cuando son expresados en tinta, en un escrito. Más importante es expresarse que ser escuchado o leído, ya que la libertad no radica en hablar, sino en ser libre para pensar, analizar.