Diario Judío México - Recordar la ofensa como si hubiera ocurrido hace apenas varios minutos; desear las peores desgracias a la gente que nos ha insultado o injuriado, es vivir con odios y rencores.

El camino del perdón es largo. No se puede olvidar una ofensa de la noche a la mañana, y más cuando la injusticia ha sido grave y ha marcado nuestra existencia.

El primer paso para perdonar, es reconocer que determinada persona nos ha ofendido y debemos decirlo, el segundo paso, es separar la ofensa del ofensor. Esto, requiere de muchos momentos de reflexión; de masticar lo ocurrido de manera serena para comprender la actitud de la persona que nos ha agredido.

El cargar con rencores, perjudica más al que los siente que a la persona aborrecida.

Es necesario extirpar de raíz este sentimiento de odio para tener nuestra conciencia en paz.

El perdonar requiere de querer llevar una vida libre de culpas.

La reconciliación es curar nuestro espíritu y fortalecerlo.

“Nada pesa tanto como un corazón lleno de odio y rencor”.

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