Diario Judío México - Los pintores judíos no comenzaron a ser conocidos hasta la segunda mitad del Siglo XIX, cuando sus correligionarios pudieron al fin gozar del movimiento de Emancipación que se manifestó por esa época en Europa. Anteriormente pocos judíos se habían consagrado a la pintura por el hecho de que su condición social no les permitía hacerlo libremente y que su religión prohibía la representación de las figuras humanas. El Décimo Mandamiento, que representa uno de los principios básicos del Judaísmo, decretó que no debían representarse los dioses con estatuas o las imágenes que se hallaran bajo los cielos, sobre la tierra o sobre el mar. Este texto recuerda también a sus seguidores que no representarán la imagen de Dios de ninguna manera, ni crearán estatuas que representan los símbolos o imágenes de hombre o mujer y aun de animales vivos sobre la tierra. (Deuteronomio 4:16 – 18). Este Mandamiento tuvo una influencia considerable sobre el curso de la historia del arte judío, restringiendo o inhibiendo su pleno desarrollo. Durante los siglos siguientes, las autoridades talmúdicas o rabínicas tuvieron tendencia a reforzar este decreto y condenaron la mayoría de las veces las representaciones de imágenes por idolátricas.

Por otra parte, las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en permitieron constatar que los judíos de los tiempos antiguos no se abstenían de representar imágenes. En realidad, el Décimo Mandamiento fue interpretado de diversas maneras a pesar de la censura de los rabinos. Ha habido gran variedad de formas de representaciones visuales que permiten ver hoy que durante ciertos períodos las comunidades judías y sus artistas llegaron a vivir y trabajar eludiendo las prohibiciones. Los ricos mosaicos encontrados en las sinagogas de la Galilea y los extraordinarios murales de la Sinagoga de Dora Europeos () que datan del siglo III den., así como algunos escritos que están relacionados con lugares de culto tienden a demostrar que el arte visual jugó un cierto rol en la vida de los judíos en diferentes épocas. Sin embargo, el arte judío sufrió luego un largo ciclo de decadencia antes del período de la Emancipación, a principios del Siglo XIX. De hecho, los pintores de comienzos del Siglo XIX ignoraron los principios religiosos prohibiendo la representación de imágenes y trabajaron fuera del marco religioso. No obstante, como se indica que las artes visuales, en particular el arte figurativo se convirtió con la Emancipación en transmisor importante del judaísmo con la representación de los aspectos de la cultura y la historia judías como se puede comprobar especialmente en las obras de Chagall o Kitaj.

Los partidarios de la Haskalá, que obraron en favor de la Emancipación, impulsaron a los artistas a hacer abstracción de los preceptos religiosos a riesgo de sufrir el anatema de los sectores ortodoxos. La corriente por la cual se inclinaron numerosos artistas llevó entonces al fenómeno del expresionismo judío el cual impulsó un verdadero ímpetu de renovación a la representación de los símbolos, signos y ritos de la cultura judaica.

Gracias a la Haskalá y a la nueva mentalidad de estos artistas, el mundo del arte prestó una nueva dimensión a la mentalidad de esos artistas, luego de 1870, de los que emergieron pintores como Jozef e Isaac Israëls, Edouard Moyse, Isidore Kaufmann, Mauricy Gottlieb, Simeon Solomon, Gustav Bauernfeind, Max Liebermann, Abel Pann, Lesser Ury, Yehuda Penn, Marc Chagall, Henry Hayden, El Lissitzky, Amedeo Modigliani, Julius Pascin, Chaïm Soutine, Moïse Kisling, Jankel Adler, Eugène Zak, Chana Orlov, Louis Marcoussis, Marcel Janco, Mané-Katz, Moshe Castel, Reuven Rubin, Nahum Gutman, Marcel Dyf, Pinchus Krémègne, Michel Kikoïne y tantos otros.

Hacia 1880 no hubo más de una treintena de buenos pintores judíos que trabajaban en Europa. Cincuenta años más tarde, su número se había decuplicado pero la edad de oro sólo duró tres décadas entre 1910 y 1940, es decir, hasta el momento de la invasión de Europa por las tropas nazis. Con la llegada de la guerra, las persecuciones se generalizaron inmediatamente en los países ocupados y el Holocausto causó la desaparición de numerosos artistas de talento. Cuando terminó el conflicto la idea de ver por fin nacer a una escuela judía de pintura se había desvanecido y eso a pesar del éxito mundial obtenido por Chagall. Después de su muerte, en el único lugar donde tuvo lugar un surgimiento artístico equivalente al período anterior a la Shoa, fue en donde numerosos pintores han tratado a menudo temas vinculados con las tradiciones del Judaísmo y su folklore.

Siempre hay un comienzo en lo que concierne a toda escuela de pintura y para los pintores judíos, el verdadero comienzo tuvo lugar dentro del marco determinado por el academicismo. Durante la primera mitad del Siglo XIX se pintaron retratos y algunos paisajes, fueron muy escasos los temas elegidos relacionados con la vida en el seno de la comunidad.

De hecho, las prohibiciones en la producción artística judía, concernían a la representación de imágenes, existía una fuerte inclinación, muy largamente practicada, hacia un arte judaico pleno de símbolos y signos, los pintores que se ocuparon de la vida judía no fueron numerosos. Además varios pintores no judíos, como Rembrandt, doscientos años más tarde habían realizado los retratos de numerosos rabinos y pintado numerosas escenas del Antiguo Testamento
Así, Jozef Israëls se dedicó a pintar típicas escenas holandesas y muy raramente temas judíos en tanto que Camille Pissarro, quién era judío estuvo exclusivamente ligado al movimiento impresionista y no produjo obras inspiradas por sus orígenes.

Más tarde, Modigliani, un judío italiano, se instaló en París donde encontró su propio estilo que se hallaba completamente alejado de las tradiciones judías. Lo mismo puede decirse de Hayden, Kisling, Pascin y Soutine. De los maestros que se convirtieron en los fundadores de la Escuela de Paris y su relación con el judaísmo no puede percibirse más que a través del modo de expresión y de la utilización de colores que los hizo inscribirse en un movimiento determinado. Había en ellos un verdadero sentimiento específicamente judío, que se trasuntó en muchas obras ya que estos pintores, lo quisieron o no, permanecieron ligados en su mayor parte a sus raíces familiares y a los países de dónde venían.

Ellos fueron como expatriados a Paris, Berlin o Viena que se convirtieron en sus nuevos lugares de residencia, pero permanecieron unidos por sus afinidades y formaron una comunidad unida con otros emigrados no judíos como Picasso, Juan Gris o Kandinsky. Sin embargo, para los franceses continuaron siendo extranjeros y solamente una minoría llegó a sentirse parte de su nueva patria. Sin embargo, el período caótico de la Segunda Guerra Mundial no tardó en recordarles sus orígenes y que ser judío y aún cristiano con un padre o un abuelo judío, constituía una terrible desventaja a través de toda la Europa ocupada.

Marc Chagall no fue diferente de esos artistas aunque adoptó una aproximación diferente en su manera de trabajar. Muy conocido por sus raíces judías, pintó la escena que le recordaba su juventud en el Shtetl y durante toda su carrera, su inspiración estuvo largamente ligada a la Biblia. Contrariamente a Chagall, Moïse Kisling en Paris o Henryk Kuna en Polonia, con todo y pese que ambos nacieron en familias judías, vivieron y trabajaron completamente fuera del contexto judaico.

Sería sin embargo inexacto pretender que los artistas judíos no comenzaron a manifestarse más que en el siglo XIX. De hecho a pesar del Décimo Mandamiento, decretando que estaba prohibido erigir estatuas y señalando que no podían postrarse ante ellas o adorarlas, los judíos que Vivian en Tierra Santa hace dos mil años y más aún, se tomaron la libertad de erigir esculturas en sus calles o decorar las sinagogas que fueron ricamente decoradas mientras que algunos de sus miembros encargaron manuscritos ilustrados para su propio uso personal. No existe de hecho un arte judío en un plano convencional en relación a otras corrientes artísticas marcadas por las influencias griegas, romanas, góticas, francesas, alemanas flamencas o italiana. Tampoco los artistas que produjeron en la Edad Media, los manuscritos iluminados judíos, fueron exclusivamente judíos.

Félix Nussbaum

A continuación comentaremos sobre algunos pintores judíos no tan conocidos como Félix Nussbaum nació el 11 de diciembre de 1904, en Osnabrück, al noroeste da Alemania, en el seno de una familia judía. Sus padres, Phillip y Rachelle, eran judíos tradicionales que consideraban a Alemania como su patria. Phillip Nussbaum, el padre de Félix, era un orgulloso patriota alemán perteneciente a la asociación de veteranos de la primera guerra mundial. Cuando el régimen nazi llegó al poder, tuvo que renunciar a su membresía. En su despedida, dijo: “…por última vez, queridos camaradas de armas, les saludo como un leal soldado… y si alguna vez soy llamado bajo la bandera, estoy pronto y deseoso…”.

Por esa época, Félix estaba en Roma con un pequeño grupo de estudiantes alemanes, tras haber ganado una beca en la escuela italiana de la Real Academia de Arte de Berlín. Poco más tarde, la beca le fue cancelada por su condición judía.

En 1994, a 50 años de la muerte del pintor, se inauguró en Osnabrück una importante retrospectiva, a la que se incorporaron obras recuperadas de inescrupulosos custodios y otras descubiertas en sótanos húmedos o altillos polvorientos. Poco tiempo antes de ser llevado a Aushwitz, le dijo a un amigo que le escondiera sus pinturas.

“Si yo muriera, no permitas que a mis obras le sucediese lo mismo, muéstralas al mundo”.

Malva Schaleck

Otra pintora no muy conocida es Malva Schaleck que nació en Praga el 18 de febrero de 1882. Su familia, culta y de buena posición, tenía raíces en Bohemia. Era la menor de cuatro hermanos. En la planta baja del edificio en el que vivía la familia había una gran librería, propiedad de los Schalek. También eran dueños de una biblioteca circulante, una biblioteca musical (Musik Schaleck) y una mueblería (Möbel Schaleck) en otras partes de la ciudad.


Patio ghetto Terezin 1941-1943

Su abuelo (Joseph) y su padre (Gustav) tomaban parte activa en las actividades políticas y culturales del movimiento nacionalista checo, y la librería constituía un salón para los intelectuales. Esta actividad no cesó a la muerte de su padre, acaecida súbitamente en 1889, sino que fue continuada por la madre, Judith (su apellido de soltera era Wohl). Varios años más tarde, la madre de Schaleck se casó con el Dr. Schnitzer, y la familia se trasladó a Hohenelbe, donde Malva completó sus estudios secundarios. Luego ella partió hacia Munich. Allí estudió arte durante un año en la Frauenakademie. Se mudó a Viena y abrió un estudio con la ayuda financiera de parientes que vivían en esa ciudad. También la ayudaron con conexiones sociales. Schaleck adquirió notoriedad como retratista. Posaban para ella especialmente judíos de clase alta y media.

Su fama también fue conocida en Praga.

El Tío Peppi de Schaleck, banquero, era el cuñado de Johann Strauss (h) y estaba muy conectado con los círculos artísticos de Viena. Estaba orgulloso de la obra artística de su sobrina y le puso un estudio en el edificio del Theater an der Wien. También la presentó a artistas y miembros de la alta sociedad de Viena, algunos de los cuales posaron para ella. Entre ellos estaba Katerina Schratt, la amante del Kaiser Franz Josef. Malva Schaleck se constituyó en miembro de los círculos artísticos, y se relacionó con los compositores Johann Strauss hijo y Brahms.


Retrato de Mrs Brodeckie Ghetto de Terezin 1943

Con la Anschluss (la anexión de Austria a Alemania, en marzo de 1938) y la introducción de leyes antisemitas por parte de los nazis, Schaleck huyó de Viena, dejando todos sus trabajos en el estudio. La acompañaba su tía, Emma Richter, cuyo hijo había sido asesinado recientemente por los nazis debido a sus actividades políticas. Las dos mujeres se trasladaron a Leitmoritz, Checoslovaquia, donde Robert, el hermano de Malva, era juez de la ciudad. El miedo y la angustia la acuciaban. Dependía de la generosidad de muchas personas, y mientras escapaba se enteró de la terrible suerte corrida por algunos miembros de su familia.


Cuatro mujeres en un dormitorio Gheto Terezin 1942

En 1942 Schaleck fue transportada al gueto de Terezin. Este fue un período de dificultades físicas y gran angustia. A pesar de su precaria salud, creó muchas obras en secreto, obras que describían escenas de la vida en el gueto. Sus trabajos estaban realizados a lápiz, carbonilla y acuarela, y los ocultaba en las paredes de los edificios. Descubiertos después de la liberación, constituyen fiel testimonio de diversos aspectos de las condiciones de vida en el gueto-campo deTerezin.
Después de negarse a retratar a un médico colaboracionista, Malva Schaleck fue enviada a Auschwitz el 18 de mayo de 1944, donde murió.

Jules Pascin

El 31 de marzo de 1885, en Vidin, Bulgaria, nació Julius Mordechai Pincas, octavo hijo (llegarían a ser 11) de la familia de un próspero comerciante de cereales.

En 1902 inició sus estudios de pintura en Viena, trasladándose el año siguiente a Munich, donde se inscribió en la Academia de Arte Heymann. Paralelamente, comenzó a trabajar como ilustrador para las revistas germanas Jugend y Simplicissimus, de amplia difusión. Se trataba de caricaturas cercanas a la obscenidad con las que su nombre se hizo muy conocido. La Boheme. Recién cumplidos los 20 años, Jules Pascin, como empezó a firmar, fue recibido la víspera de Navidad en la Gare (estación de ferrocarriles) de Montparnasse por un contingente de «Domiers», un grupo internacional de artistas plásticos y escritores que se reunían en el Café du Dôme, del que se hizo figura infaltable. Acostumbraba dibujar allí, usando lo que tuviera a mano, incluyendo fósforos quemados y gotas de café para colorear. Como su gran amigo Amadeo Modigliani y tan talentoso e importante como él en L.Ecole de Paris, se enorgullecía de ser considerado un artista romántico y bohemio. En su estudio organizaba extravagantes fiestas, que contribuyeron a convertirlo en una leyenda de la orilla izquierda del Sena. Aunque participó en exitosas exposiciones colectivas en Francia, su primera muestra individual se llevó a cabo en la Galería Paul Cassirer, de Berlín, en 1907 y, más tarde, expuso en la Berlin Secesión y en el Sonderbund – Ausstellung, de Colonia.

Para evitar ser reclutado por el ejército, se trasladó a Londres en 1914 y continuó viaje a Nueva York en octubre del mismo año. Allí, Pascin tomó contacto con algunos pintores de vanguardia, como Walter Kuhn, Yasuo Kuniyoshi y el también judío Max Weber, los que recibieron la influencia de su estilo figurativo, enriquecido con elementos del expresionismo y del cubismo, su sutil manejo de la línea y el color, además de su extraordinaria habilidad para el dibujo.

Se sucedieron exitosas exposiciones en el Armory Show y la Berlin Photografic Company de Nueva York, en el Salón d.Automme, el Salón des Indépendents y la Galería Berthe Will de París. Pascin se dedicó también a viajar. Realizó largos recorridos por el sur de Estados Unidos y Cuba. El artista plasmó sus experiencias en rápidos y brillantes croquis a lápiz, realzados, en ocasiones, por delicados toques de color. En 1918 se casó con Hermine David, a quien había conocido años atrás, en París, como estudiante de arte. Pero en 1920 se hizo amante de Lucy Krohg, esposa de un pintor noruego, con la que viajó por Argelia y Túnez, siempre boceteando y pintando. A su regreso de un viaje por Italia, en 1927, obtuvo la ciudadanía norteamericana, con el apoyo de Maurice Stern y de Alfred Stieglitz, el galerista que tanto ayudó a los artistas judíos en Nueva York.

Durante toda la década siguiente, se realizaron numerosas y muy bien recibidas exposiciones de su obra a ambos lados del Atlántico.

Pero, en 1930, la muestra presentada en las Knoedler Gallerías de Nueva York mereció críticas adversas. Poco después, el 2 de junio del mismo año, después de ver sus cuadros expuestos en la Galería Georges Petit y tras una más de sus tormentosas discusiones con Lucy, Pascin se suicidó, colgándose en su estudio.

La niña de las botas, el cuadro que hoy presentamos fue pintado poco tiempo antes del suicidio del artista. Se transparenta la evidente compasión del pintor por las prostitutas y otros seres
marginales. La expresión desencantada y resignada de la muchacha, apenas vestida,
el ambiente sórdido apenas insinuado, que no logran alegrar las flores, están plasmados
gracias a la fina sensibilidad y la penetración psicológica del artista.

Su técnica pictórica, de contornos dibujados a carboncillo, completados con tonos suaves y sombreados de óleos diluidos en trementina, con efectos que se asemejan a los de la acuarela, intensifica la triste atmósfera.

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Realizó varios estudios en Historia Universal, Literatura Universal y Hebrea. Más tarde siendo autodidacta sus conocimientos sobre Historia de Israel se destacaron en producciones escritas, en un principio por medio de artículos en "Foro" a partir de 1993 y posteriormente en la publicación de su libro "Encrucijada".

Ha incursionado también en géneros como poesía, cuento y novela histórica. Desde el 2006 escribe también en la revista "Expresiones" y en 2007 obtuvo el premio APEIM de periodismo.