A Jiménez Lozano, el amigo del pueblo judío, in memoriam.
A Luis Racionero, también en la memoria.

Ha olvidado el ser humano, por su egóica personalidad, a su anfitriona la memoria.

Ahora, los medios de comunicación nos asaltan, y nos arrinconamos entre el miedo y la esperanza, como bien dice una de las mejores plumas de Europa, don Gabriel Albiac.

Ya hemos olvidado otras epidemias y sus vacunas -o ya no se acuerdan de lo que leyeron ayer-. De rodillas tocamos la tierra en sus raíces, plantando árboles en Brunete, sin escuchar la incompetencia, en estos menesteres, de nuestros políticos.

Lo primero es la salud, y la salud empieza por dentro, por el corazón cálido de la hermandad entre los hombres, de las cadenas de ayuda, de la motivación de seguir todos hacia delante, juntos, con el rigor de la conciencia y la consciencia; estamos en guerra unos hermanos contra otros, y cuando hay guerra, acampan a sus anchas las enfermedades. Ya no miramos al corazón, ni preguntamos a los abuelos, ni abrazamos a los padres. Nos hemos perdido en disertaciones incoherentes, que demuestran la incapacidad de nuestros políticos y de nuestra actual organización social. Señores y señoras, los cambios reales vienen desde el interior. Ahora observamos, pacientes, la paciencia es algo grandioso. Ciencia y espiritualidad deben unirse, formar una cadena, y poner la vida por encima de todo, las ideas tienen a la gente, pero la gente no tiene ideas, como queda demostrado, tras el descalabro de querer hacer casas por el tejado, la mona aunque se vista de seda mona se queda.

El insigne filósofo, Santo Tomás de Aquino, decía: "lo que se mueve, se mueve por otro". Qué rápido olvidamos la historia y qué fácilmente se cae la frágil capa del humo que nos venden.

Seguiremos plantando árboles en Brunete, mientras otros los cortan, seguiremos eligiendo la vida, mientras otros eligen su propia muerte.

La vida en sí es Salud.

ANNO TEMPLI CMII. .MADRID.

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