Diario Judío México - Por si esta contingencia fuera poco, esta semana volvimos a experimentar la angustia que conocíamos bien, tanto en Oaxaca como en la Ciudad de , de un fuerte sismo que afortunadamente no causó daños mayores, aunque nos arrebató una decena de vidas que tristemente se pierden por esta condición natural que afecta a varias regiones de nuestro país.

Más allá de los memes y las reflexiones sobre lo que nos ha ocurrido en un 2020 que nos tiene prácticamente agotados, debemos alertar sobre las consecuencias psicológicas y emocionales que nos trae la , desconocida en su impacto al inicio del año, y que se suma a los miedos con los que convivíamos desde antes, por otros momentos traumáticos del pasado.

Las imágenes que el martes pudimos ver en las noticias, nos mostraron nuestra nueva realidad, pero con los viejos peligros y riesgos de siempre, que hoy nos obligan a lidiar al mismo tiempo con una carga interna que es nueva, más pesada para muchas y muchos por lo desconocido del Covid-19, y que demanda hablar de nuestra salud mental con la misma importancia que de nuestra salud física.

¿Cómo empezar? Bueno, primero, poniéndole nombre y apellido a lo que estamos sintiendo y por lo que estamos pasando, para entenderlo. Poder explicar lo que nos sucede es indispensable para resolverlo y, sobre todo, enfrentarlo con éxito.

Y las emociones que hoy podemos estar mezclando, hasta el cansancio mental y físico, todos los días son tres básicas: preocupación, y .

La diferencia entre ellas es la siguiente: preocuparnos es lo que sucede cuando nuestra mente se sumerge en pensamientos negativos, impulsada por la incertidumbre, y la preocupación tiende a ser repetitiva, lo que la hace el componente básico de la . Pero solo se queda en tu mente y no llega a afectar tu cuerpo.

El , por el contrario, es una respuesta fisiológica conectada a eventos externos (como el o el sismo) y detonarlo requiere una causa que nos presiona desde fuera (carga de trabajo, deudas, pérdidas personales, laborales, plazos fatales) y si se hace crónico deriva en complicaciones de salud, porque no podemos relajarnos nunca.

La es la culminación de una carga crónica de , que inicia con periodos de preocupación que nos rebasan y nos afectan en lo físico y en lo mental, sin que podamos controlarla, hasta llegar a detener nuestra vida cotidiana. Aquí ya no importa si la amenaza es real o no, simplemente la nos nulifica y nos enferma, al grado de que necesitamos buscar atención especializada, porque no podemos encontrar la solución solos.

Muchas y muchos de nuestros lectores pueden haber pasado por episodios de , otros pueden estar atravesando por ellos, y por miedo o pena no dicen nada hasta que es tarde. Una reflexión rápida: no hay vergüenza alguna en pedir ayuda, es lo contrario, solicitarla es un acto de valentía que debemos llevar a cabo.

Por eso es importante conocer la diferencia, autoevaluarnos a partir de estos tres elementos, y llamar al 5511-8575-55 y por mensaje directo al 552323-0303 para recibir atención gratuita de un profesional de Confianza e Impulso Ciudadano, la organización civil que tengo el honor de encabezar y que durante esta ha podido ayudar a cientos de personas a nivel nacional para diagnosticarse, atenderse y recuperarse.

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