Al acercarse a la edad de jubilarse, o de llegar a los 60 años, los seres humanos pueden o no manifestar problemas físicos, mentales o emocionales.  Es una situación natural y esperada, dado que al envejecer es lógico que se presenten dichos trastornos ya sea físico o mental, siendo lo físico, lo más fácil de diagnosticar sobre lo mental-emocional.

Es una etapa del ciclo vital en la cual se presenta una reestructuración emocional, social, familiar y económica por lo cual es frecuente encontrar alteraciones depresivas o ansiosas.

La depresión es un padecimiento frecuente en el  adulto mayor y ancianos.  En la mayoría de los casos se produce cuando se enfrentan al no ser necesitados más, dado que ya no contribuyen como antes a la familia y al sistema social al que pertenecen.  El grado de depresión varía de persona a persona, de sus antecedentes y del soporte familiar con el que cuentan.  En los casos requeridos es importante acudir a ayuda psiquiátrica y  psicoterapéutica, en especial cuando el adulto mayor duerme o come de más o de menos, cuando deja de participar en sociales-familiares y sólo busca el quedarse en casa, muestra apatía o duerme de más.

Otra gran mayoría de adultos mayores pueden experimentar ansiedad al dejar de trabajar, experimentando temores acerca de qué es lo que les va a pasar. Lo esperado es que durante esta etapa es la presencia de cierto grado de ansiedad ante un futuro nuevo y desconocido más si ésta es en demasía puede conducir al deterioro tanto físico como mental.

Un problema frecuente en esta etapa de vida es la de la pérdida de la memoria, situación que puede ser el resultado del mismo envejecimiento, de una demencia o de un accidente vascular-cerebral, para los cuales hoy existen apoyos importantes tanto médicos como psicosociales y para los casos extremos centros especializados para apoyo tanto familiar como para la persona.

En la Unión Europea, al enfrentar la cada vez mayor tasa de adultos mayores declaran el 13 de julio del 2008:

“La salud mental y el bienestar de la población están adquiriendo cada vez más importancia como fuente primordial de salud, de aprendizaje, de productividad y de integración social; además,  somos cada vez más conscientes de los problemas principales, entre los cuales está la necesidad de afrontar las tasas crecientes de trastornos diagnosticados de salud mental, para  que  las personas que padecen este tipo de enfermedades puedan disfrutar de una vida mejor, venzan el estigma y tengan garantizados sus derechos fundamentales.”

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