Diario Judío México - , posiblemente la fiesta más alegre en la práctica colectiva de nuestro pueblo, celebra la salvación de nuestros antepasados bajo la dominación Persa en tiempos del rey Ajashverosh, hace unos 2,400 años. Por primera vez en nuestra historia nacional, en la era del Segundo Templo, estuvimos en peligro de ser masivamente asesinados por el designio de un dictador, Hamán, y de sus seguidores[1].

El final feliz de la historia tuvo dos pares de fechas claves: el 13 y 14 de Adar, por un lado, y el 14 y 15 de Adar, por el otro. Del primero, se deduce la celebración de , y, del segundo, la de Shushán . La razón de esta diferenciación surge del texto mismo del Libro de Ester, Meguilat Ester: la gran batalla contra los seguidores de Hamán el malvado – visir del rey Ajashverosh y conspirador del genocidio contra el pueblo judío – fue el 13 de Adar, con una contundente victoria que produjo la muerte de 75,000 tropas hostiles. El pueblo, en su gran mayoría disperso en un imperio compuesto por 127 provincias[2], celebró la victoria un día más tarde, el 14 de Adar, fijado en nuestros calendarios por siempre como la fiesta de [3]. Pero en Shushán, capital del Imperio Persa, la batalla tomó más tiempo, finalizando el 14 de Adar, y celebrándose el buen resultado el 15[4] – llamándose entonces a esa celebración “Shushán ”, siguiendo el nombre de la capital persa -.

Nuestros Sabios ordenaron mantener la diferenciación de celebraciones entre y Shushán [5]. Indicaron que, en todo el mundo, y en todas las ciudades, se festejaría el 14 de Adar; a la vez, en las ciudades amuralladas de la Tierra de que hubieran contado con murallas en la época de Yehoshúa (sucesor de Moshé Rabeinu, y gran conquistador de la Tierra de hace 3,300 años), la celebración sería como en Shushán, “Shushán ”, el 15 de Adar.

Hasta aquí, aparentemente, simples razones para celebrar un evento de verdadera salvación. No obstante, se trata de un caso único: en general nuestros Sabios buscaron unificar nuestras celebraciones. ¿Por qué dividir ésta?

Rabenu Nissim de Gerona[6] proporciona una clara respuesta a este interrogante – una respuesta que vincula a con la centralidad de la Tierra de en nuestra fe -. En su comentario al Talmud[7], Rabenu Nissim nos enseña que:

“… debido a que los israelitas habitantes de las zonas rurales y los que habitaban en Shushán no descansaron en el mismo día una vez finalizada la lucha, sino unos el 14 de Adar y los otros el 15, cada grupo organizó distintos días de fiestas y banquetes. Por tal motivo, cuando establecieron las fechas de la fiesta [de Purim] para las generaciones futuras, dieron a las ciudades amuralladas la categoría perteneciente a Shushán [ella misma una ciudad amurallada], lugar donde aconteció el milagro principal.
Quedaría por aclarar el motivo por el que se considera “ciudad amurallada” a aquellas ciudades que contaban con un muro “en el tiempo que Yehoshúa conquistó Erets ”.
Ello se debe a fin de conceder el honor correspondiente a la Tierra de
Expliquémoslo: en aquella época [la época en la que se escribió el Talmud, bajo la dominación romana], la mayoría de las ciudades de estaban en ruinas junto a sus muros. Si hubieran distinguido entre ciudades fortificadas y zonas rurales, tomando en cuenta la situación del momento, hubieran resultado la casi totalidad de las ciudades de bajo la categoría de áreas rurales, y ello hubiera sido un desprecio. A ello se debe que fijaron el status de las ciudades en la época de Yehoshúa: para salvar el predominio de Eretz sobre las ciudades de la Diáspora”.

Rabenu Nissim nos provee de un mensaje poderosísimo, que comprehende dos componentes complementarios:

– Por un lado, el que enfatiza la centralidad de la Tierra de Israel y sus ciudades, definiendo a Israel como el epicentro de nuestra celebración, de nuestra memoria, de nuestro ser popular y nacional.

– Por el otro, el que nos devuelve a la esperanza por la reconstrucción, a la alegría por un futuro mejor, a la Redención nacional. Nuestros Sabios, que vivían en el comienzo de la era de nuestro largo Galut, de la expulsión de nuestro pueblo de la Tierra de Israel y de la pérdida de nuestra vida nacional, creían fervientemente en un futuro edificante y próspero: un futuro en el que las ciudades de Israel serían reconstruidas, reparadas, incluso extendidas. En esos días aciagos y tristes, frente a las ruinas de lo que alguna vez había sido nuestra gloria nacional, los Sabios alentaron a sus compatriotas judíos a creer que llegaría la Redención para nuestro pueblo, más allá de la tristeza y la desolación con la que se confrontaban en esa época.

Hoy, cuando observamos la celebración de Purim a lo largo y a lo ancho de Medinat Israel – con su intensidad, su colorido, su omnipresencia -, debemos estar agradecidos a nuestros Sabios de antaño, que mantuvieron la llama de la esperanza y de la fe en el retorno a nuestra vida nacional, y que mantuvieron el lugar que la Tierra de Israel merece en la cosmovisión de nuestro pueblo.

Quiera Dios que en este Purim nos sintamos más cercanos a la Tierra y el Estado de Israel – centrales para la vida de nuestro pueblo, para nuestra identidad colectiva, para nuestra creación -.

Quiera Dios que el mensaje de vida, de esperanza y de salvación de Purim nos impulse a celebrar juntos, evocando la emoción del pasado que auspició este presente de gloria.

Y quiera Dios que todos y cada uno de nosotros escuchemos el relato de Ester, Mordejái[8] y su historia redentora, recuperando en ella una parte de la nuestra.

¡Jag Purim Saméaj!

RABINO CARLOS A. TAPIERO
Vice-Director General & Director de Educación
Unión Mundial Macabi

[1]Lo que es descripto en la Biblia, en el Libro de Ester, Meguilat Ester.
[2]Ester I, 1.
[3]Ester IX, 16,17, y 19.
[4]Ester IX, 14, 15 y 18. Los judíos mataron en Shushán a Hamán, a sus 10 hijos y a 800 enemigos – Ester IX, 6 & 15.
[5]Ellos infirieron que así ocurrió en el imperio persa mismo, ya que dice el Libro de Ester – Ester IX, 19 -: “Los judíos de las zonas rurales y aquellos que habitan en las zonas sin muros celebran [Purim] el 14 de Adar”.
[6]El rabino Nissim ben Reuven (1320 – 1376, hebreo: נסים בן ראובן) de Gerona o Girona, Cataluña, era un talmudista de gran influencia y autoridad en la ley judía. Él fue uno de los últimos de los grandes eruditos talmúdicos medievales españoles. También es conocido como el RAN (ר”ן, el acrónimo hebreo de su nombre).
[7]Talmud, Tratado Meguilá 1.
[8]Los héroes de la salvación del pueblo judío.

Las opiniones expresadas aquí representan el punto de vista particular de nuestros periodistas, columnistas y colaboradores y/o agencias informativas y no representan en modo alguno la opinión de diariojudio.com y sus directivos. Si usted difiere con los conceptos vertidos por el autor, puede expresar su opinión enviando su comentario.

SIN COMENTARIOS

Deja tu Comentario

Artículo anteriorLithuanian Genocide Center Faces New Scrutiny
Artículo siguienteDescanse en paz el Sr. Isaac Averbui Portnoy Z”L