Las protestas en la ciudad vieja de Jerusalem, en las que más de 300 han sido heridos durante la última semana por la policía israelí, han tenido como epicentro la denominada Explanada de las Mezquitas. También llamado Monte del Templo, el complejo amurallado es un lugar de confluencia y conflicto de la tradición hebrea e islámica desde hace siglos.

La explanada es el tercer lugar más sagrado para el islam, después de la Meca y Medina, ya que alberga dos de las más importantes mezquitas, construidas en el siglo VII. En en Templo de la Roca se guarda la piedra en la que, según el Corán, Abraham se disponía a sacrificar a su hijo Ismael.

 

Israel controla Este y la explanada desde la Guerra de los seis días, en el 1967

Para los judíos, esta elevación visible desde todo Jerusalem, es el lugar donde, según la Biblia, el Rey Salomón construyó el Primer Templo para guardar el Arca de la Alianza y que fue destruido en el siglo VI a.C. por Nabucodonosor. La pared más cercana al templo antiguo es, hoy en día, el conocido como Muro las Lamentaciones, lugar de peregrinación para la comunidad judía.

El lugar está controlado por las autoridades israelíes desde la Guerra de los seis días, en la que Israel asumió el control de Este. Los reivindican esta parte de la ciudad como capital y lugar de culto, lo que ha provocado enfrentamientos intermitentes durante décadas.

Una visita del primer ministro Ariel Sharon a la explanda de las en el año 2.000 fue el detonante de la Segunda Intifada, la rebelión palestina que duró cinco años. En 2017, tres musulmanes israelíes dispararon contra la policía y fueron abatidos dentro del recinto. El gobierno de Netanyahu decidió entonces poner arcos detectores en la entrada, lo que indignó a la comunidad palestina y que finalmente tuvieron que ser retirados.

Una resolución en 2015 de la UNESCO, agencia de la ONU encargada de patrimonio, demandaba a Israel a garantizar la libertad de culto de las tres religiones monoteístas, con especial énfasis en el islam. Criticaba además el daño causado a la mezquita de al-Aqsa durante una de estas protestas.

Los disturbios se han reanudado coincidiendo con la celebración del Día de Jerusalem, una festividad menor israelí que conmemora la conquista de la parte oriental de la ciudad en la guerra de los seis días, a finales de junio de 1967. La población palestina considera este día como una humillación.

El sábado y el domingo, la calma volvió a la plaza, pero continuaron los enfrentamientos entre y la policía israelí en otras zonas de Este, dejando más de un centenar de heridos, según diversas oenegés palestinas.

La tensión se ha trasladado también a otras zonas de las región como Gaza, desde donde se lanzaron diversos proyectiles en apoyo a las protestas de la ciudad. Por sus parte, la comunidad internacional pide el cese de la violencia y Turquía ataca a Netanyahu por la dureza de la actuación policial contra la población musulmana.