Diario Judío México - Si hemos de creer a Associated Press (AP), parece que las especulaciones sobre un último movimiento de Obama con respecto a podrían resultar equivocadas. Pese a los claros indicios de que la Casa Blanca estaba preparando una maniobra en Naciones Unidas que debilitaría a sin que su sucesor pudiese dar marcha atrás, fuentes de la Administración han declarado a AP que el presidente “ha descartado prácticamente un intento postrero de presionar a ”. Se trata de un duro golpe a las esperanzas palestinas de que EEUU acabara plegándose al Consejo de Seguridad de la ONU y concediéndoles el Estado sin que primero tuvieran que firmar la paz con . También significa que los israelíes pueden esperar un cambio de aires con la Administración Trump, libre de la carga de hostilidad de Obama hacia el primer ministro Netanyahu.

Pero si las informaciones son correctas –otras fuentes de la Administración indican que el secretario de Estado, John Kerry, podría seguir presionando para traicionar a –, entonces la verdadera pregunta que debemos hacernos ahora es: ¿por qué? La respuesta, al menos según las fuentes de AP, resulta sorprendente: la elección de Donald Trump.

El razonamiento que se sigue en la Casa Blanca es que, si el presidente Obama hace caso a los enemigos de y a sus propias inclinaciones, Trump lo interpretará como un mero ataque contra él y Netanyahu. Aunque una decisión de EEUU de votar –o no vetar– una resolución del Consejo de Seguridad que tachara a de Estado forajido por mantenerse en cualquier parte de la Margen Occidental y en ciertas zonas de Jerusalén no podría ser revertida por su sucesor, sí supondría un percance inmediato para la Administración republicana entrante. Obama y su equipo creen que eso obligaría a Trump –cuyas declaraciones sobre el proceso de paz están por todas partes, pero que también ha declarado su inquebrantable apoyo al Estado judío– a una asociación aún más estrecha con los israelíes. Dicha maniobra excluiría cualquier posibilidad de que Trump siguiera la pauta de Obama de presentarse como un árbitro más imparcial en el proceso de paz, que marcara más distancia entre EEUU e .

Por supuesto, los seguidores de Trump han insistido todo el tiempo en que dar marcha atrás en ese objetivo de Obama de marcar distancias es uno de sus principales mandatos en exterior, y que jamás hubo la menor posibilidad de que las acciones de Obama pudieran influirle para cambiar de rumbo. Pero Obama, aparentemente, cree que Trump, como todos sus predecesores, harto de escuchar a los diplomáticos veteranos y a aliados y adversarios de EEUU, acabará aceptando el lugar común que asume –equivocadamente– que lo que se necesita para alcanzar la paz es presionar a Israel, en vez de a los verdaderos intransigentes: los palestinos. Con tal de no hacer algo que pueda dificultar ese proceso de asimilación de la cultura de la diplomacia internacional, Obama dejará pasar el placer de cargar contra Netanyahu una última vez.

Lo interesante de este análisis es que contradice la creencia común acerca de cómo toma Obama las decisiones. Así, el veterano funcionario del Departamento de Estado Dennis Ross, tan involucrado en el proceso de paz, afirmó en septiembre que una sorpresa norteamericana en la ONU en diciembre sería mucho menos probable su resultara elegida Clinton, ya que el presidente se inclinaría a permitir que su sucesora llevara las cosas a su ritmo en Oriente Medio, en la seguridad de que comparte sus objetivos. En cambio, Ross estaba seguro de que si Trump ganaba y a Obama le seguía una Administración decidida a renegar de su de alejamiento, éste tendría un incentivo añadido para lanzar un diktat sobre Israel que no pudiera ser fácilmente revocado.

Tenemos aún varias semanas más de presidencia de Obama para averiguar si la información de AP es cierta. Pero sería una ironía suprema que Obama, que hizo todo lo posible para asegurar la elección de Clinton (y la continuación de sus políticas), rehusara perjudicar a Israel a causa de la victoria de Trump. Si Trump desoye los consejos de presionar a Israel, y en su lugar opta por poner la carga de la prueba donde corresponde –sobre los palestinos–, entonces Obama habrá perdido su apuesta.

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