¿Qué nos está pasando que se alteran todos los medios de comunicación por el asesinato a mujeres y cuando matan a hombres nadie dice nada?

¿Qué nos está pasando que lo normal es escribir con errores ortográficos y al que los corrige se lo maltrata?

¿Qué nos está pasando que no nos quejamos de los errores ortográficos en los libros escolares y sí nos quejamos que un maestro le levante la voz a un alumno por contestar mal?

¿Qué nos está pasando que no nos quejamos que en las escuelas ya no enseñan el valor familiar?

¿Qué nos está pasando que creemos que la escuela debe enseñar valores?

¿Qué nos está pasando que en las se publica casi de manera exclusiva mensajes reflexivos con tintes deprimentes mientras mostramos fotos y estados de una vida de despilfarro y fiesta?

¿Qué nos está pasando que nos preocupa más el rescate de mascotas que salvar a un humano?

¿Qué nos está pasando que el mundo de los veganos tienen derecho a criticar a los que comen carne?

¿Qué nos está pasando que nos prohíben pensar u opinar libremente y estamos obligados a aceptar las aberraciones sexuales porque eso es ser tolerante y si no lo aceptamos nos consideran homófobos, como si sólo una parte debe ser tolerante y la otra no?

¿Qué nos está pasando que ya no existe la figura del líder como el maestro, padre o presidente y los únicos que merecen respeto son los que tienen dinero?

¿Qué nos está pasando que el que no tiene dinero, la mujer o el niño siempre los tratamos de inocentes?

¿Qué nos está pasando que se habla mucho del respeto y el amor a la madre y no se tiene en cuenta casi nunca al padre?

¿Qué nos está pasando que se filman las peleas escolares y se comparten en las redes sociales?

¿Qué nos está pasando que las bromas que causan risa son aquellas donde alguien se ríe del brutal sufrimiento ajeno?

¿Qué nos está pasando que ya no existe un horario para programas para chicos y para adultos?

¿Qué nos está pasando que se alega que una mujer vestida de manera provocativa se dice que está bien y no lo hace para que la miren?

¿Qué nos está pasando que se presume a ver quien es el más borracho?

¿Qué nos está pasando que todos opinan de lo que no tienen idea como la construcción del nuevo aeropuerto en la CDMX?

¿Qué nos está pasando que al templo ya no se va a rezar, sino a hacer sociales y los líderes no pueden decir nada por miedo a quedarse sin el trabajo?

¿Qué nos está pasando que un cargo de líder espiritual es más por trabajo que por convencimiento?

¿Qué nos está pasando que cuando fallece alguien adinerado que ayudó a mucha gente, todos lo lamentamos aunque sea dos o tres días y cuando fallece alguien que ayudó mucho sin ser adinerado no se habla de él ni siquiera en vida?

¿Qué nos está pasando que todo lo exitoso o famoso pensamos que pertenece a conspiraciones y mentiras?

¿Qué nos está pasando que todos los niños tienen celulares con todo tipo de libertad y los padres no controlan lo que ven sus hijos?

¿Qué nos está pasando que cuando un niño tiene 6 años decimos que ya es grande y tiene derecho a decidir?

¿Qué nos está pasando que ni cuando juega nuestra selección amamos a esos colores que nos representan y preferimos que gane el equipo contrario?

¿Qué nos está pasando que no alzamos la voz para criticar a los medios de comunicación cuando hablan de tolerancia afirmando que ya no son hombres y mujeres los únicos géneros de la humanidad, sino que existen miles de matices intermedios y aberrantes?

¿Qué nos está pasando que los choferes del transporte público van a toda velocidad o a paso de tortuga mientras fuman y hablan por celular metiéndose en sentido contrario, platicando con una mujer desconocida a su lado y la música a todo volumen y no nos quejamos?

¿Qué nos está pasando que escuchamos esa cosa asquerosa a la que hoy en día llaman música donde no tiene ni letra ni instrumentos?

¿Qué nos está pasando que creemos que ser buenos es ser ecologistas mientras nadie hoy en día puede ser ecologista?

¿Qué nos está pasando que ni siquiera percibimos que algo nos está pasando?

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Mi nombre es Gabriel Zaed y escribo bajo el seudónimo de Rob Dagán. Mi pasión por la escritura es una consecuencia del ensordecedor barullo existente en mis pensamientos. Ellos se amainan un poco cuando son expresados en tinta, en un escrito. Más importante es expresarse que ser escuchado o leído, ya que la libertad no radica en hablar, sino en ser libre para pensar, analizar.