Diario Judío México -

Le gritaron gringa vendida, malinchista, bochornosa, la aporrearon con los peores epitetos habidos y por haber, vieja traidora le gritaron mientras
se bajaba de un taxi para ir y meterse al Café Tacuba, que te apliquen el 33 porque no tienes cabida, ni aquí, ni en ningún lado.

Le tiraron un bote de en el zaguán de su casa y le inscribieron, como sangre en las venas, cientos de amenazas para que dejara de dedicarsea menesteres del gobierno.

Pero nada pudo. Toda una tarde la mujer se la pasó indagando en su pasado, lo que no, al bote de la basura, lo que sí, conformando breves
suspiros y chispazos del corazón. Pensó también en sus amigas tan queridas de la prepa y cual instante se vio en los últimos meses de aquellos sesentas tomando apuntes, consultando libros, mientras la mayoría de sus cuatas anotaban en largas listas los ajuares y mil trapos que habrían de comprar en San Antonio, las sábanas y manteles, el juego de loza, todo lo americano que brilla y hurga en el alma hasta convertirte en adicta, los vestidos de verano antes del compromiso, los zapatos a la moda, lo que fuera y de cualquier manera conseguir marido para eso sí, comenzar el enjambre de una familia feliz, poderosa, contante y sonante y permanecer hasta los siglos de los siglos, sin mayores aventuras mentales más que para siempre formar parte del grupo de los elitistas, jurarse y vanagloriarse en ese vago poder que todo lo puede y todo lo trastorna porque poderoso caballero es don dinero.

La mujer las mira sorprendidas, tan idénticas a la adolescencia, tan sin cambio, tan apegadas pues al mismo rompe y rasga, sacar de lo que sea la mejor tajada posible dejando a un lado sentimientos, amistad, honor o lo que sea.

Setenta años en el poder estuvo el PRI y año tras año la misma jerizonga, sin cambio, repetitivamente, sin enterarse verdaderamente de nada de lo que pasaba a su alrededor. Las amigas siempre juntas, que una ida al café, que en familia, que con las uñas bien pintadas, super arregladas y emperifolladas en las fiestas donde sonrientes se repetían una y otra vez haber alcanzado la cima.

Hasta que le dieron en la torre a sus ideales, hasta que terminaron más vendidas que la mujer que se fue, que dando un portazo decidió romper con los desafueros mentales. En mitad de sus crisis de identidad confundieron el partido político con el cuchitril del alma y resentidas la miraron como loca, una psicópata más, al cabo, susurraron que ni madre tuvo.

Si uno camina por Insurgentes o por una de las callecitas de Polanco, si se cuela entre la del Valle o se entremezcla en la Nezahualcóyotl la sensación es la misma.

Aquí no pasó nada que todo sigue igual, sin grandes méritos ni ataduras, congelados todos en un eco sin voces, que al cabo una vez más a hacer tripas corazón, que al cabo ganó el que ganó y lo demás no importa, repetitivo eco de una agonía cíclica, ella del otro lado y los demás también, cada cual traspasando los límites de lo que se pudo.

Es una mal parida, murmuran, se le olvida de donde vino, una desaforada mental que prefiere la izquierda, loca de atar, sin control, aquí lo que vale repiten mis cuatas es la lana, el tener un guardadito, el hacer las paces con lo peor, lo más corrupto, lo más indeseable, el mantenerse estable en la misma cuerda, las mismas acciones para seguir alimentando el monstruo, el cambio, dicen en coro, alto y cada vez más alto, lo ideal, lo sustentable, lo idóneo es hacerse de la vista gorda para seguir en lo mismo, para acumular hasta el tope, definitivamente corruptas, convertidas en almas mortales vacías, sin más contexto que la corrupción y la mediocridad, el pánico a ser devorado.

La amiga ya no es, ha dejado de ser, no sirve, nunca volver a dirigirle la palabra, esa mala semilla, traidora, después de todo que nuestra clase
permanezca siendo la misma, sin cambios ni sorpresas. ahora en la calma chicha de lo que es pues es, no hay viento que jale, quietecitos todos, a callar, no hay que reclamar más de la cuenta.

De otro lado la maldita traidora, que se pudra sola, así les pasa a quienes se atreven a decir lo que que ha llegado a ser, las mismas callecitas, el mismo tráfico, los camiones tan retacados hasta el tope, la misma seño parada en la esquina ofreciendo sus tacos de canasta.

De ese lado, mis cuatas, pobrecillas, tan sin imaginación pensando que ya le hicieron porque el PRI salió, tan corrupto, tan narco, tan alejado de la realidad que debería de ocuparnos, tan agonizante y caduco mientras del otro lado pues nada, silencio, un largo silencio nada más que le hace mover la cabeza, me cae, se dice, que mis cuatas dejaron de ser.

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Miriam Ruvinskis nació en la ciudad de México en 1951. Pasó parte de su infancia en Buenos Aires, Argentina. Hizo algunos estudios de Literatura en la UNAM. Trabajó como periodista en la página cultural del periódico El Día, Diorama de la Cultura de Excélsior, El Heraldo de México y otros. Fue jefa de redacción de la revista Nocturno y Directora Editorial de Cuadernos de Psicoanálisis.

En 1971 la Editorial Bogavante publicó su libro de cuentos: La sala de partos verdes.

En 1973 se publica el poema en prosa Desde el polvo de un espejo.

En 1977 la Editorial Posada publicó su ensayo: Persecusión Judía en México, libro que habla acerca de los judíos en Latinoamérica desde
su expulsión de España en 1492.

Hipérbaton Editora edita en 1982 L bóveda de los Címbalos, libro de poemas y relatos cortos.

Premiá Editora publicó en 1985 la novela: El aullido crepitante de una dama nostálgica.

Joaquín Mortíz publicó en 1988, el libro de cuentos El último pétalo.

Vive en los Estados Unidos desde 1988 donde ha publicado en diferentes periódicos y revistas, entre los que figuran La Opinión de Los Angeles y el periódico El Latino.

Da conferencias de literatura latinomericana y ha trabajado como Directora de Eventos en A Clean Well Lighted Place for Books, Cody's
Books y Crown Books, en California.