El es una respuesta de nuestro cuerpo para hacernos reaccionar ante situaciones amenazadoras. Pero en exceso puede ser un problema importante que derive en diversas patologías.

El emocional generalmente ocurre en situaciones que las personas consideran difíciles o desafiantes. Las personas se pueden sentir estresadas en diversas situaciones.

El físico es una reacción física del cuerpo a diversos desencadenantes, como por ejemplo el dolor que se siente después de una cirugía. El físico a menudo lleva al emocional y este último con frecuencia se presenta en la forma de físico (por ejemplo, cólicos estomacales).

El manejo del implica controlar y reducir la tensión que ocurre en situaciones estresantes, haciendo cambios emocionales y físicos.

El puede ser visto como esfuerzo, fatiga, dolor, miedo, necesidad de concentración, humillación, pérdida de sangre o incluso un suceso inesperado que conduce a una revisión de la propia vida. Esta diversidad ha contribuido a crear una notable confusión y heterogeneidad que dificulta la elaboración de una explicación comprensiva del fenómeno.

El término ya era empleado a partir del siglo XIV para referirse a experiencias negativas, tales como adversidades, dificultades, sufrimiento, aflicción, etc, siendo en el siglo XVII, por influencia del prestigioso biólogo y físico R. Hooke, cuando el concepto se asocia a fenómenos físicos como presión, fuerza y distorsión, aplicándolo a estructuras fabricadas por el ser humano que tienen que aguantar el efecto de diversas fuerzas. El es visto como una respuesta fisiológica que involucra la actividad del sistema nervioso simpático y que se pone en marcha ante la presencia de ciertos agentes que incrementan la demanda del organismo, alterando el equilibrio u homeostasis del mismo, hasta compensar los cambios y restablecer el equilibrio.

El , por tanto, no es algo positivo ni negativo en sí mismo, sino que inicialmente solo es un proceso natural del organismo para adaptarse al medio, lo cual implica dar respuesta a los cambios y exigencias del mismo. Se activa cuando se percibe algún cambio en las condiciones ambientales y su función es la de preparar al organismo para dar una respuesta adecuada a tales cambios. Es cuando esta activación persiste en el tiempo, cuando se produce un “síndrome de estrés” que sí puede ser perjudicial para el organismo. Cuando se afirma que un individuo sufre de estrés, lo que se quiere decir en realidad es que dicho es excesivo. Por tanto, algo de siempre va a haber. De hecho, el propio Selye considera que una pequeña cantidad de es saludable y es la base por la que se diferencia entre eutrés y distrés como dos clases de estrés. El eutrés es el “ bueno”, esa pequeña cantidad óptima y saludable para tratar de obtener buenos resultados y adaptarnos a los cambios. El distrés es el “ malo” o patológico que resulta excesivo, acumulable y dañino para el organismo.

También conviene señalar que el es un proceso íntimamente relacionado con las emociones, y aunque no es en sí mismo una emoción, pues carece de tono afectivo, sí puede desencadenarla. Ante una situación ambigua, desbordante, amenazante o dañina, se activa el proceso de estrés, pero también se movilizan recursos psicológicos adicionales para decidir si se trata de una “falsa alarma” o una situación ante la que hay que responder de manera eficaz, e incluso anticiparse a los acontecimientos, para lo cual resulta útil movilizar anticipadamente emociones. De hecho, el proceso de también activa emociones que anticipan condiciones que requieren de una actuación adaptativa, como es el caso de la ansiedad, la hostilidad, etc.

Algunos síntomas del son:

  • Una frecuencia cardíaca más rápida
  • Palpitaciones
  • Respiración rápida
  • Sudoración
  • Temblores
  • Mareo
  • Molestias estomacales, como gastritis
  • Dolores de cabeza
  • Falta o aumento de apetito
  • Inquietud, temor, angustia, nerviosismo, ansiedad
  • Irritabilidad, enojo, furia
  • Dificultad para tomar decisiones
  • Dificultad para concentrarse
  • Cambios de humor constants
  • Depresión

Así mismo puede tener dificultad para concentrarse, sentirse cansado la mayoría de las veces o perder los estribos con mayor frecuencia. El también puede causar problemas sexuales e igualmente puede ocasionar problemas para conciliar el sueño o quedarse dormido y pesadillas.

Recuerda que el tiene solución. Pero es necesario saber cómo se inicia y cómo se manifiesta, para poder resolverlo.

Recuerda que en Maayán Hajaim contamos con una línea de atención telefónica, de ayuda psicológica, para cualquier momento de desesperación, soledad, tristeza, angustia, etc… Aquí los podemos orientar, para sentirse mejor y llevar a cabo una vida más saludable.

Tel. 52 92 51 31

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