Deja que entre
el viento y silbe
en la caña de tus huesos.
Isabel Escudero
1941-2016

...

Viniste a mí de noche
y a la mañana partiste
¡Ay, qué se me repita el sueño!
Isabel Escudero.

...

A todos los Caballeros Andantes, que fueron y son y serán.

A todos nuestros amigos de Brunete y de Las Navas del Marqués y a mi padre Felipe Navarro Yale.

Tú eres la más hermosa, oh sacra España, madre siempre feliz de príncipes y pueblos.

San Isidoro de Sevilla.

...

De cuando los dos caballeros andantes en su peregrinación llegaron a Israel.

A la luz de Israel.

Cuentan los hebreos, que en un antiguo texto de Ávila y conservado en pergamino, se cuenta una leyenda sobre las hazañas de dos misteriosos caballeros andantes; de los de obra y pensamiento, de los de pluma y tintero, siempre en guardia, las armas al servicio de los desamparados y la asistencia a las ventas solo después de haber cumplido con las obligaciones, en caballería cada jornada trae su afán.

Así vivían fuera de su época dos caballeros andantes, que se hacían en los caminos con los bandidos y los prevaricadores, guardaban éstos el paso entre los pueblos, vistiendo sencillo; con camisas de campo y pantalones vaqueros, y en sus caminatas encontraban toros y culebras, águilas y escorpiones, pero respetando a la naturaleza sabían siempre dónde pisar.

Poseían una bravura como la de los toros, cualidad, por lo visto, indispensable, para ser nombrado y distinguido en oficio más noble al que las gentes podían aspirar.

Plantaron árboles en Brunete, e hicieron muchos amigos, reparando allí el brazo herido de sus amigos, dejaron en estos lugares también muchos libros sobre la caballería andante, y regalaron briosas parras para plantar y muchas especias de gran valor, para que en un futuro cercano hubiese salud y abundancia en toda tierra por la que pasaban. Ésta singularidad marcaba su santo y seña de cada día, bien sabido era en todas las tierras de un extremo a otro de la península, que por donde pasaba tal Hermandad Santa prosperaba todo.

Nos hemos tomado un momento, antes de continuar el relato para que lean lo que estaba rubricado a rojo fuego en el escudo:

"Sólo los dignos pueden levantar el escudo mientras recogen su espada".

Salieron agradecidos y casi en fuga, como los verdaderos caballeros andantes; con cartas de amigos en sus alforjas, camino de las Navas del Marqués en la provincia de Ávila.

En el fuego de sus noches recitaban poemas y leían textos en voz alta de Platón, Aristóteles y tantos otros... los habitantes judíos, cristianos y musulmanes les oían encantados en las plazas de los pueblos. Son fuente de vida, decían, mientras la noche estaba siendo alumbrada por la luz de las estrellas y el amor incondicional de la lumbre y la cazuela de barro repleta de infusión de poleo natural y miel autóctona.

Tal era la repercusión de estos caminantes, que los sabios y doctos de los pueblos, acudían a ver a estos caballeros y le preguntaban al mayor de ellos, sobre el origen de la fuerza incombustible de sus hazañas, pues no había quien subiera las montañas y los cerros más rápido que él. Habló entonces el caballero andante y mayor sobre el libro UTILIDADES DEL AGUA I LA NIEVE de Isaac Cardoso, editado de nuevo por él, para gusto de un público amable y de buena voluntad, les habló de la caballería andante, de vivir dentro de la vida, porque un buen caballeros andante está siempre caminando, motor y fuente de vida y abandona la aparente comodidad del salón y la televisión para sumergirse en la verdadera ciencia del espíritu, pasión a la que llegaron muchos años atrás en una pequeña Iglesia dedicada al Arcángel Miguel.

Ya a la mañana siguiente, estaban en las Navas del Marqués, donde causaron gran conmoción, caminaban entre los bosques de robles, encinas, pinos, jaras y retamas y hablaban con sus gentes y recogían plantas medicinales de origen autóctono, que entre esto y el gazpacho de preparación extremeña, fueron a visitar los grandes molinos de viento, ya cargados de un fuego y una energía demoledora, porque todo seguía siendo igual a pesar de la moda de la modernidad.

Al final la vieja escuela inmortal, la antigua ciencia de los caballeros andantes.

Allí dejaron muchos amigos y a la luz de los trenes, entrando sin timidez por aquellos bosques, legaron allí nuevos árboles plantados, nuevos amigos y muchos cambios positivos. Lo que estaba derruido y en desánimo se levantaba con fuerzas renovadas, tales eran sus hazañas en la cruz de las buenas direcciones de la amistad.

Por la noche en una venta, tuvieron un intento de asalto por parte de unos bandidos, y haciendo uso de la verdadera ley de la caballería andante, los bandidos fueron espantados con un regate educado, y con palabra firme, de tal manera que los dejó con la boca tan callada que decidieron ir a dormir la melopea que llevaban.

Se entrenaron a la mañana siguiente por el pueblo, en el arte de la gimnasia y los relatos al dictado, mientras caminaban hacia las fuentes de aguas claras.

Quédose la gente tan encantada de ellos que, al mayor, en la Universidad, le nombraron Doctor Honoris Causa y al menor le dieron una medalla de un León Rojo donde quedaba grabado: Universitas Legionensis, tras disputar una competición amistosa en el noble arte de la espada.

Al lucero del alba, los labradores que les habían visto en su marcha, dijeron que se dirigían a Valencia, donde cogieron un barco, iban camino a Israel, de las hazañas que vivieron en Valencia fueron contadas en un libro intitulado: El misterio de la caballería en tierras mediterráneas.

Un buen amigo me dijo que su última visita pasaba por el castillo de Peñíscola, de lo que hicieran allí es menester contarlo de otro escriba. Un mes más tarde en su camino, se los vio en Israel, y por las hazañas que allí vivieron un artista muy solemne les inmortalizó para siempre en una canción; la rosa roja, pero esto ya son otras aventuras y hazañas.

Lo verdaderamente importante fueron las obras que la vida hacía a través de ellos. Sí, sí, la vida es lo más importante siempre.

De las hazañas de dos caballeros andantes, don Antonio, de Quintana de la Serena y don Alberto Kadan Navarro Yale, de Brunete.


ANNO TEMPLI CMII
BRUNETE-MADRID.
OCTUBRE DE 2020

1 COMENTARIO

  1. Exquisitamente escrito, esta bella historia de dos caballeros evoca un tiempo perdido, un tiempo lejano. Un tiempo de nobles caballeros respetuosos de la norma y exigentes en su trato consigo mismos y con los otros. Aun así, esto no debe impedirnos que tal romántico tempus haya de dejarse morir y olvidar sin remedio alguno. Pues, todo tiempo, como los trovadores antaño hacían, puede dejar su huella. En este caso, en la escritura, en el texto que ahora se nos ofrece y compartimos. Como un bálsamo que calma nuestra incertidumbre y zozobra pandémica actual es como debe leerse esta historia de dos caballeros que hermanados transitan de un lugar a otros ofreciendo sus enseñanzas y dando fe de una sabiduría y amor al prójimo encomiable y hoy necesaria.
    Salve,
    Francisco

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