El mundo entero está alarmado por el rebrote de la pandemia de COVID 19, registrado en estos primeros días del nuevo año, producto de una nueva mutación del virus, conocida en el mundo científico como “ómicron”, al parecer más infectiva, pero menos letal que las otras variantes conocidas; solo en un día, la Organización Mundial de la Salud (OMS), informó una cifra récord de 2.6 millones de casos confirmados, cifra jamás imaginada y que continúa sin freno, llenando no solo de preocupación al mundo, sino los centros de salud, que en algunos países han colapsado. El 13 de enero de este año, la organización de salud: Statista Research Department, indicó un total de 50. 193.028 casos registrados en Latinoamérica y El Caribe, siendo Brasil el país más afectado, con 22.724.232 de casos, seguido de Argentina con 6.664.717, luego Colombia y México, con 5.410.698 y 4.214.253 casos, respectivamente, para situar en los últimos escaños a nuestro país, Ecuador con 559.950, seguido de Panamá, Paraguay y Venezuela, finalmente.

 

La pandemia ha descubierto inequidades socioeconómicas y de salud que ha dejado al hombre sobre la tierra, lleno de asombro e incertidumbre, observándose desde posiciones políticas minimizantes, hasta sendas proyecciones científicas de su impacto, que a la postre, quedaron en ridículo, pues el virus fue más poderoso y difícil de predecir su potencia patológica. Un tema dejo planteado como médico para analizar en cualquier oportunidad, es el umbral de la inmunidad colectiva, que ha traído muchas discusiones; para mí, el control epidémico eficaz, está sujeto al logro del mayor índice la inmunidad colectiva, logrado a través de la vacunación, mediante la cual, se confiere a las personas vulnerables y otras que sin razón válida no se han vacunado, una protección indirecta, pues el cerco epidemiológico creado por las personas vacunadas en el medio, protegerá a los mencionados, cerco que será siempre vulnerable, pues el peligro de lograr nuevas mutaciones del virus no desaparecerá, mientras exista oportunidad para multiplicarse. Por lo tanto, además de la vacunación, las medidas colaterales en boga no deben desaparecer, sino mantenerse, hasta que el virus alcance equilibrio en el medio, debiendo a mi juicio prepararnos para enfrentarnos a él, como cualquier virus de la gripe.

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Originario de Zaruma, El Oro, Ecuador, José Manuel es Doctor en Medicina Veterinaria y Zootécnica por la Universidad de Guayaquil. Ha recibido diversos reconocimientos por sus actividades académicas y culturales. Editorialista y colaboradr en diversos diarios como La Hora, El Universo y El Comercio entre otros. Es también autor de varios libros entre los que destaca la novela costumbrista "Relámpago y algunas expresiones escondidas" así como libros técnicos relacionados con su profesión.