Diario Judío México - Durante las próximas semanas, el plan de estudio de las Escrituras del pueblo judío se centrará en la figura de Abraham, primer antepasado de . Su historia, la que se encuentra en el libro bíblico de Génesis ocupa unos catorce capítulos, o aproximadamente veinte páginas.

“Más que cualquier otra figura patriarcal”, – escribe la autora Amy Dockser Marcus- “Abraham sigue siendo una viva presencia, una parte familiar de la vida y la política diaria del Medio Oriente.

Se estima que el 54% de la población mundial, unos 3,8 millones de personas, lo veneran como el ancestro común de todas las religiones de origen semítico, principalmente, el , el cristianismo y el Islam, y también religiones con menos adherentes incluyendo rastafarianismo samaritanismo, Druzism, mandeísmo, babismo y la Fe bahá’í.

Sería razonable pensar entonces, que al compartir los mismos los orígenes, la figura de Abraham habría de servir como un factor de unión religiosa. Sin embargo, no es así.

Tal como lo señala Jon D. Levenson, profesor de Biblia en la Universidad de Harvard: “hay por lo menos tres Abrahams, no uno. En cada una de estas religiones este está en relación con un Dios viviente que ha llamado a una r comunidad particula a su servicio.”

Cada una de las “religiones Abrahámicas” –tal como se denomina a aquellas religiones que cuentan a Abraham como su ancestro- reclaman que los tres primeros versículos del Libro de Génesis capítulo 12 se refieren a ellos exclusivamente:

»Haré de ti una nación grande,
y te bendeciré;
haré famoso tu *nombre,
y serás una bendición.
Bendeciré a los que te bendigan
y maldeciré a los que te maldigan;
¡por medio de ti serán bendecidas
todas las familias de la tierra!»

Las ideas de pueblo elegido o de elección en el y el cristianismo, y la intrépida oposición de Abraham contra la idolatría en el y el Islam, son sólo algunas de las conclusiones que las diferentes religiones destilan de la lectura de estos versículos.

Los judíos fundamentalistas, reclaman además un derecho adicional basándose en el versículo 7:

Allí el Señor se le apareció a Abram y le dijo: «Yo le daré esta tierra a tu descendencia.»

A pesar de que los académicos en su mayoría están de acuerdo de que un individuo histórico, Abraham, debe haber existido, todavía sigue siendo extraordinariamente difícil determinar de manera concluyente la historicidad de una figura religiosa tan antigua.

De hecho, el Abraham de las religiones Abrahámicas es más el resultado de siglos de tradiciones acumuladas que de la figura que se encuentra en las Escrituras Hebreas.

Cada una de las religiones Abrahámicas parecen olvidar que Abraham vivió antes de que hubiera una Torá, un Evangelio y un Corán. Como lo dice la erudita de las religiones Karen Armstrong: “antes que las religiones de Dios se dividieran en sectas en guerra las unas contra las otras.”

De hecho, el Abraham de las Escrituras Hebreas muestra virtudes muy diferentes a las reclamadas por las religiones.

En contra de las tradiciones posteriores, el punto de vista bíblico no da apoyo a la teoría de que Abraham fue quién originó la idea de un Dios único, o fundó una comunidad de monoteístas. La vida y los actos de Abraham no son religiosos, sino culturales, históricos. Él no reza; no observa rituales. Como dice el profesor Levenson: “No se trata simplemente de que en Génesis, Abraham no enseña lo que se dice que Moisés ha enseñado;  no enseña nada.”

El desaparecido filósofo y biblista israelí Yehezkel Kaufmann señaló que, aunque el TaNaKh no representa a Abraham como un guerrero de Dios, lo describe como un hombre moral y temeroso de Dios: Persigue la paz, es generoso, hospitalario e intercede en nombre de la gente de sodoma. Encarga a sus descendientes observar “la senda del Señor” actuando rectamente y con justicia. Abraham puede ser así considerado en su tribu como un “piadoso príncipe de Dios,” que aspiraba a una fe moral, noble, la que legó a sus descendientes.

Su importancia para la historia de la religión, sin embargo, es que es un héroe contracultural, uno que rompió los iconos convencionales de su época con el fin de hacer ver una nueva y revolucionaria civilización.

Esto es lo que una auténtica tradición de Abraham tiene que hacer hoy para atravesar el cenagal creado por el pensamiento circular de presuntuosos líderes religiosos que alimentan el ciclo de violencia que parece todos los días estar apretando un poco más la soga alrededor del cuello del mundo. Una tradición Abrahámica auténtica, judía, cristiana, islámica, es una que sigue la razón dada en la Torá para la preeminencia de Abraham:

Yo lo he elegido para que instruya a sus hijos y a su familia, a fin de que se mantengan en el camino del Señor y pongan en práctica lo que es justo y recto. Así el Señor cumplirá lo que le ha prometido.»

Las opiniones expresadas aquí representan el punto de vista particular de nuestros periodistas, columnistas y colaboradores y/o agencias informativas y no representan en modo alguno la opinión de diariojudio.com y sus directivos. Si usted difiere con los conceptos vertidos por el autor, puede expresar su opinión enviando su comentario.

SIN COMENTARIOS

Deja tu Comentario

Artículo anteriorNetanyahu: “Hitler no quería exterminar a los judíos”
Artículo siguientePalestino atropelló a sangre fría a un israelí que escapaba de una pedrada
Moshe Pitchon es un pensador judío y el director de BY un centro de estudios e investigación del judaísmo contemporáneo basado en el sur de la Florida en los Estados Unidos.