Desde su inicio te atrapa en el mar de su pasta bellamente ilustrada con algunos peces, un barco y un entramado de colores que se desvanece para anunciar un fascinante título que vislumbra la gran aventura que será  leerlo.

Al tenerlo en las manos, no resistes la tentación de conocer su contenido, lo abres y conforme lo hojeas, sientes que te sumerges en el mar, mientras descubres  los tres apartados en los que se divide: Obertura y Cantatas, y Minipoemas, de lo que algo breve les diré:

Obertura (01) y Cantatas (04).

La obertura. Con la primera composición poética de cuatro estrofas continuas, el lector de inmediato se engancha a una musicalidad que despierta los sentidos y estimula los recuerdos de la infancia, donde te sitúas en el recreo de la escuela y la canción Lindo pescadito ahora ofrece rimas nuevas, poesía para tus ojos, que no puedes evitar leer con cadencia, cantar en tu mente y después en voz alta, sonreír mientras lo haces; así, la autora te introduce al mar y su inmensidad, al oficio del pescador, a los tipos de peces que puede atrapar y de éstos, un pez atrevido que canta la misma estrofa al pescador. Surgiendo de manera simultánea con la ilustración, un solo momento que se fusiona en ese instante: Poesía e imaginación.

Las cantatas son cuatro. Las tres primeras hacen mención a los marineros. Con preguntas formales y chuscas que algún  niño, les haría con candor: “¿te mareas marinero, en la tina de lavar?”. También nos lleva de la mano por las situaciones que enfrentan estas personas que navegan a diario en el mar, como narrando con sutileza, pero de manera lírica: “Marinero de agua dulce, ven conmigo a navegar, dejaras tu blanda cama, tus mascotas y a mamá”. La cuarta cantata refiere a un camarón que se durmió en la playa y se lo lleva la corriente. Como aquel dicho, pero ahora se lo lleva con todo y un camastro.

Los . (23 composiciones)

Con un lenguaje claro y entendible, un admirable juego de palabras, gran sentido del humor, la rima  y otros recursos poéticos, la autora presenta veintitrés peces increíbles y divertidos. Algunos ataviados con utilería y disfraces como el Pez payaso y el Pez merluza, otro que cocina alubias como el Delfín, algunos hacen travesuras: el Pez mono y el Pez loro; otros más, nos sorprenden al encontrarlos en los objetos de uso cotidiano, en algún juguete o herramienta. Entonces aparece el divertido Pez zapato, el Pez calcetín, el Pez trompo y el Pez clavo. También nos hace recrear la imaginación con animales de la granja dentro del mar: el Pez gallo y el Pez gallina. Un Pez gato turulato, un Pez cocho como rico bizcocho y un Pez chocho que se sumerge en lo hondo. No pueden faltar los peces originados por las frases que resultan de unir dos palabras, así encontramos el Pez cante,  un Pez cuezo y el Pez Tado, un pescado apestado.

Parte (07)

Conformado por siete minipoemas, donde continua el asombro de encontrar más peces fantásticos: El pez tacón, el Pez León, pues si hay un rey en la selva, no puede faltar en el mar; el Pez Cepillo, el Pez Camaleón, los Peces chuscos como un saxofón narigón  y el gran finale, cerrando con mil cornetas, viola y violín; esta travesía poética.

Para finalizar haré mención de la estupenda y bella expresión artística de Esther Ghinzberg, ilustradora del . Cada uno de los treinta y cinco   cuenta con una ilustración, como parte de plasmar de manera gráfica la forma literaria. Con dibujos expresivos y de gran colorido transita dando paso a la expresión de la idea oral y escrita, que ha sido captada para brindar en una imagen divertida y bien cuidada, la esencia de lo que se pretende transmitir. El dibujo hecho poema. La palabra hecha imagen, un maravilloso texto que muestra el trabajo y compromiso de grandes creadoras.

es un que va a contagiar de alegría a quien lo lea, su público no solo será infantil, considero que no tiene límite de edad, tampoco cuántas veces se quiera leer, si solo o acompañado, en voz alta o en silencio, con mirada de niño o de adulto; pues la poesía nos lleva al recreo de la imaginación, la sensibilidad y las .

Les confieso que siempre quise tener un pez globo amarrado de un hilo y que lo meciera el viento, como el del poema, Pez globo: “Te infla el globero, los días de fiesta; y en el mar –tu cielo- parece que vuelas”.”

Muchas gracias.

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