Diario Judío México - La retórica, explica Gadamer (“Wahrheit und Methode”) y dice Aristóteles (“Retórica”), es el arte de persuadir moviendo los afectos. El retórico, según la etimología, es un orador, un hábil usuario del lenguaje, es decir, gran sabedor de tradiciones y cosmovisiones. El arte, según los libros de historia del arte, es inevitable, venido de voluntades imparables guiadas por ideas que sólo pueden plasmarse con certezas ciegas capaces de transformar la forma en sustancia. Hay afectos, ha explicado Spinoza (“Ética”), que debilitan, como el miedo (“sueña el que a medrar empieza”, dice Calderón de la Barca), y que fortalecen, como el deseo carnal.

La retórica, así, con ideas artísticas, como analogías y metáforas amenamente plasmadas, fortalece o debilita a las masas. Todo pueblo democrático, libre, crítico, debe entender las cuestiones de la retórica, que es instrumento fundamental de la política, ciencia de gobernar las ciudades (ciencia desde Maquiavelo, o saber técnico, o racionalizado por la razón instrumental, siguiendo a Habermas).

Meditemos brevemente las analogías. Dos clases de analogías hay: las matemáticas, que son cuantitativas, y las filosóficas, que son cualitativas. Decir que árboles y hombres poseen “raíces” (en realidad “causas”, “fundamentos”) es señalar una similitud meramente cuantitativa, pero explicar que las raíces de unos son biológicas y que las de los otros son culturales es señalar distinciones cualitativas. Explicar, separar, distinguir lo que es físico y lo que es intelectual, artístico, metafórico, analógico, batológico, perisológico, etc., es filosofar.

El político que confunde lo uno con lo otro, o sea, incapaz de hacer distinciones, de matizar, engaña a su pueblo. Las analogías cuantitativas, por hablar de sustancias, todo lo igualan. Las analogías cualitativas, por hablar de contenidos, todo lo diferencian. Igualar lo que es diferente, es decir, esgrimir analogías matemáticas al perorar delante de cualquier pueblo, es urdir ideologías, o es, a decir de Althusser, confundir lo que es “sistema” con lo que es “mundo” (“Ideología y aparatos ideológicos de Estado”).

Analicemos el fundamento de las analogías mentadas. Las analogías matemáticas (recuérdese que matematizar es simplemente “espacializar”, cuantificar), cuantitativas, es decir, que sólo sirven para crear series, son sustentadas por los conceptos “a priori” siguientes: unidad (todos), pluralidad (algunos) y totalidad (uno). Las otras analogías, en cambio, son sustentadas por los conceptos de realidad (visible o presente), negación (ausente) y limitación (abigarrado, ambiguo).

Los tres primeros, afirma Kant, pueden aplicarse a los objetos gracias al esquema llamado “extensión” (materia, sustancia), y los tres segundos gracias al esquema llamado “intensión” (color brillante, olor tenue). Todo lo que se unifica, pluraliza o totaliza se transforma en homogeneidad, es decir, en lugar donde todo se iguala.

¿Qué ideas novedosas, artísticas, creadoras, pueden plasmar los discursos que homogeneizan, que afanan que todos deseen lo mismo? Yo, profesor universitario, sufro cuando los jóvenes todos declaran que el ser empresario es el único ser de valía. Pero respondamos la pregunta: ninguna, pues todo lo vuelven sustancia. ¿Qué afectos mueve aquello que todo lo transforma en materia, que es lo único que captan los sentidos? Los afectos hedonistas, que fortalecen, sí, pero también envician.

El “Eclesiástico” dice que no debemos elogiar al que habla mal, cual bruto, sólo de materia. ¿Debemos, entonces, exigir que los políticos, para demostrar que son dueños de un espíritu noble, pergeñen arengas no sólo lógicas, sino además bellas, siendo en nuestra cultura lo bello reflejo de lo bueno, como sostiene Gadamer?–

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Edvard Zeind Palafox   es Redactor Publicitario – Planner, Licenciado en Mercadotecnia y Publicidad (UNIMEX), con una Maestría en Mercadotecnia (con Mención Honorífica en UPAEP). Es Catedrático de tiempo completo, ha participado en congresos como expositor a nivel nacional.