Diario Judío México - El pasado fin de semana, el presidente Barack Obama habló en el Saban Forum, ante el que reiteró que la elección del presidente iraní Hasán Ruhaní anunciaba una nueva dirección para , y que ignorarla supondría una irresponsabilidad por parte de Washington. El presidente declaró:

El pueblo iraní ha respondido [a las sanciones] diciendo: necesitamos una nueva dirección para nuestras relaciones con la comunidad internacional y para afrontar este régimen de sanciones. Y eso es lo que condujo al poder al presidente Ruhaní. No era, necesariamente, la primera elección de quienes, en , son partidarios de la línea dura (…) Y no deberíamos subestimar o ignorar por completo un cambio en la forma en la que el pueblo iraní quiere relacionarse con el mundo.

Esta interpretación la han repetido de forma entusiasta durante meses los medios de comunicación. Pero, si bien es posible que, en un principio, gente razonable y de buena voluntad se la creyera, hoy sabemos que es una descarada mentira. Obama no comenzó a negociar con Teherán porque la elección de Ruhaní marcara un cambio de dirección para ; sus conversaciones secretas con el régimen iraní comenzaron en marzo, tres meses antes de que Ruhaní fuera elegido. Y tampoco es que dicha elección, de hecho, fuera señal de que el público exigiera un cambio. Al contrario, fue orquestada deliberadamente por el propio Líder Supremo, Alí Jamenei, algo que admiten ahora incluso los iraníes, como informaba el New York Times la semana pasada:

Un analista de Teherán con contactos con los altos mandatarios, Amir Mohebian, ha dicho que el ayatolá Jamenei llevó al poder a Ruhaní con la idea de cambiar de dirección tras los años de Ahmadineyad y de poner a prueba la sinceridad del presidente Obama respecto a llegar a un acuerdo en materia nuclear.

Por supuesto, hubo numerosas pruebas de ello incluso en junio, las cuales expuse detalladamente entonces. Pero ahora tenemos el eslabón que faltaba en esa cadena de pruebas: el motivo para el aparente cambio radical de postura de Jamenei al asegurar la victoria del más moderado de los ocho candidatos aprobados por el régimen a los que se permitió presentarse, después de que hubiera apoyado al candidato más conservador en las anteriores elecciones. Al haber iniciado conversaciones preliminares con Washington tres meses antes, y, tras haber llegado a la conclusión de que la Administración Obama estaba dispuesta a concederle la clase de acuerdo que deseaba, Jamenei, naturalmente, trató de poner a su mejor negociador al timón para que dirigiera las conversaciones.

Sin duda, Ruhaní lo era. Antes de ser elegido alardeaba -con razón- de que, una década antes, como principal negociador con Occidente, consiguió un acuerdo que permitió a expandir de forma dramática su programa nuclear: el número de centrifugadoras aumentó de 150 a 1.700, y se completaron las instalaciones de Isfahan para la conversión de torta amarilla (óxido de uranio). Lo que Jamenei y Ruhaní comprendieron es que, incluso aunque los occidentales se mueran por firmar un pésimo acuerdo, hay que guardar las apariencias con un rostro sonriente y no con un negacionista del declarado, como el expresidente Mahmud Ahmadineyad. Así, una vez decidido a seguir con las conversaciones, Jamenei se aseguró de la elección de Ruhaní.

Puede entenderse por qué Obama trata de hacer ver que el acuerdo nuclear es una respuesta a un creciente sentimiento contrario al régimen por parte del pueblo iraní; es algo que, evidentemente, a la mayoría de norteamericanos (y de israelíes) les encantaría alentar. Pero nadie le tendría que engañar esta flagrante mentira. El acuerdo al que ha llegado Obama es uno que los peores elementos del régimen iraní consideran que favorece a sus intereses, y, deliberadamente, orquestaron la elección de Ruhaní para asegurarlo. Todo lo que dice la Administración sobre cómo el pueblo iraní lo llevó al poder no es más que una cortina de humo lanzada en un esfuerzo desesperado por disimular lo terrible que en realidad es el acuerdo.

Commentary

 

http://elmed.io/ruhani-una-cortina-de-humo-para-obama

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