El diálogo de Pedro Friedeberg (1936) con Mathias Goeritz (1915-1990) tiene su origen en la década de los años sesenta, a partir de una relación de amistad y de mutuo aprendizaje en sus trayectorias artísticas. El pensamiento y obra de estos personajes constituyen dos proyectos estéticos aparentemente distintos. Estos encuentran su concordancia en el estado de ánimo de una conversación basada en el sarcasmo y la ironía, por medio de la cual enfrentaron  buena parte de las situaciones dentro del campo artístico en donde sucedieron. 

Una de sus principales concordancias se encuentra en cómo ambos artistas abordan los efectos de la posguerra, a partir de su posición adversa frente al racionalismo del espacio arquitectónico y por consecuencia, a los postulados modernistas que atentaban contra el misterio y la sofisticación de las culturas universales, para dar paso a la eficiencia y homologación de la vida social. En ambos proyectos existe una resistencia al funcionalismo arquitectónico; en el caso de Goeritz, a partir del concepto de emocional que derivó en un espacio que fractura la lógica ortogonal del modernismo “bauhausiano” y que alude a la producción de experiencias sensibles desde la noción expresionista del misterio de las formas geométricas. Friedeberg por su parte, alude a la idea de anti- a partir de crear mobiliario doméstico que rompe con la noción de homologación y funcionalidad, resultado de la sofisticación y abigarramiento de sus formas decorativas, reduciendo al mínimo la eficiencia de su función utilitaria privilegiando al ornamento. De este modo crea objetos que están cargados de codificaciones y símbolos ancestrales que están en el límite del sentido común del espacio doméstico moderno y el supuesto “buen gusto” basado en la simplicidad de las formas dentro del diseño. 

 

Ambas visiones aluden al espacio ilusorio de la perspectiva, que puede ser reconocida en los esquemas, dibujos y obra pictórica del renacimiento y que, cada uno de estos artistas convocó en una suerte de recuperación del espacio poético desde el espacio ilusorio no funcional-utilitario, como queda de manifiesto en el dibujo ideográfico del Museo Experimental El Eco realizado por Goeritz, en el cual las líneas del espacio arquitectónico se bifurcan y crean un espacio de múltiples vistas, y en toda la obra gráfica de Friedeberg  donde lo arquitectónico se construye a partir de la perspectiva falsa del punto de fuga, permitiendo la interacción de formas tradicionales de clásica, con textos de diferentes autores, personajes y elementos arquitectónicos sin una lógica estructural convencional bajo un carácter fantástico. Lo anterior es resultado de un enfrentamiento con la modernidad que ambos personajes asumieron cuando participaron dentro del movimiento de los Hartos, mismo que tomó acciones a partir de una exhibición colectiva en 1961 que tuvo por interés principal oponerse al exceso de racionalización en el arte y a su desmedida reflexión. Desde entonces Pedro Friedeberg y Mathias Goeritz asumieron su actividad creativa como “hartistas”, desde una postura irónica que señaló continuamente a la “pretenciosa imposición de la lógica y la razón” dentro del arte. 

Desde este espíritu, la exhibición Salón de los astrólogos homeopáticos contempla una lectura  distinta el espacio de exhibición a partir de la reproducción a gran escala de una obra gráfica de Pedro Friedeberg que le da nombre al proyecto y que servirá de marco para la creación de un ambiente singular, mediante la instalación de obras y mobiliario diseñado por el mismo artista. El contraste formal entre la del Museo Experimental el Eco y el carácter estético de la obra de Friedeberg, exponen sus coincidencias a partir de establecerse como un lugar dispuesto para un programa de situaciones performáticas con artistas invitados de otras generaciones, en un afán de abrazar las posibilidades de la reinterpretación del espacio museístico desde linderos más amplios, libres y disonantes que los relacionados a los modelos de exhibición de carácter contemplativo y racional del cubo blanco promovido por Alfred Barr en la década de los cincuenta. 

 

Al mismo tiempo, este proyecto alberga la conversación epistolar que Friedeberg mantuvo con Goeritz entre los años 1962 y 1990, a partir de la exhibición de documentos y obras provenientes del archivo de Pedro Friedeberg a manera de ensayo visual, que permite al visitante la reinterpretación del estado de ánimo mencionado, y desde ahí, crear otras narrativas del momento histórico que dichos artistas protagonizaron. 

David Miranda

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Pedro Friedeberg es un artista y diseñador de México de origen italiano, conocido por su trabajo surrealista lleno de líneas, colores y símbolos religiosos antiguos. Su pieza más conocida es la “Mano-Silla”: una escultura/silla diseñada para sentarse en la palma, usando los dedos como respaldo y descansabrazos.

La ironía y el exceso son expresados comúnmente a través de su casi alucinante repetición de elementos en desorden, mas ese desorden es el resultado de un pensamiento consciente. Clasifica su trabajo como ecléctico e híbrido. Su arte no es política, es arte, es por el bien del arte y es elitista. No cree en el concepto de hacer arte “por la gente” porque a la mayoría de la gente no le importa. Sus obras casi siempre tienen un toque cínico y/o sarcástico y dice que su única intención al hacer arte es burlarse de sí mismo y de los demás.

Salón de los astrólogos homeopáticos estará abierta al público del 1 de octubre de 2021, al 16 de enero de 2022. 

El museo permanece abierto de viernes a domingo de 11 a 17 horas. La entrada es gratuita. 

 

MUSEO EXPERIMENTAL EL ECO 

Sullivan 43, colonia San Rafael,
Ciudad de México, CP 06470


5535 5186 · 5535 4351 (fax) | contacto@eleco.unam.mx | FB: museoexperimentaleleco

TW: museo_el_eco
| IG: museoexperimentaleleco | YT: museoELECO |eleco.unam.mx 

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