En El amor de la señora Rothschild (traducción de Roser Lluch i Oms y Ayeleth Nirpaz, Lumen, Barcelona, 2018) Sara Aharoni (Israel, 1953) narra la historia familiar de los fundadores del imperio financiero que lleva su apellido —Gútel y Meir Amschel Rothschild— y retrata la relación amorosa que vivieron en el barrio judío de Frankfurt, a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Él fue un hombre intrépido que luchó contra las prohibiciones impuestas a los judíos y se esforzó por alcanzar la igualdad de derechos para ellos. Fue exitoso en su negocio bancario familiar, que desempeñó un papel primordial en el comercio europeo. Gútel y Meir Amschel Rothschild —precisa la autora en esta entrevista— “transmitieron sus valores de diligencia y devoción a sus hijos, quienes se instalaron en las grandes capitales de Europa, establecieron una red de instituciones financieras y se convirtieron en una de las familias más ricas del mundo”.

En la novela, compuesta por tres “diarios”, Aharoni escribió una carta que el futuro esposo dirige a Gútel:

Distinguida Frau Gútel Rothschild:

Dentro de mí arde un fuego que sólo se avivará y podrá manifestarse con la total cooperación de una persona de tu carácter. […] Será un honor y un placer para mí hacer cuanto pueda para satisfacer tus deseos todos los días y todas las noches.

Meir Rothschild,

el más feliz de los hombres.

Y antes de que pronunciara la plegaria de un judío en el lecho de muerte, Gútel le susurró su última frase: “Nos has traído mucho honor y respeto”. Él sólo respondió asintiendo y cerró los ojos.

Los historiadores escribieron mucho sobre Meir Amschel Rothschild y poco sobre Gútel. Para mí era importante saber de ella

El apellido Rothschild tiene connotaciones vinculadas a la riqueza, la filantropía y la opulencia. En El amor de la señora Rothschild —novela basada en una amplia investigación— usted escribió sobre el fundador de la dinastía financiera, Meir Amschel Rothschild, quien estuvo activo en Alemania a finales del siglo XVIII y principios del XIX, y sobre su esposa, Gútel, quien es la narradora y protagonista del libro. ¿Por qué optó por abordar la historia desde la perspectiva de la mujer?

Mi investigación para escribir El amor de la señora Rothschild duró dos años y medio. Disfruté la pesquisa. Descubrí que los historiadores escribieron mucho sobre Meir Amschel Rothschild y muy poco sobre Gútel. Lo lamenté. Para mí era muy importante saber de ella. Profundicé en consultas y reuní piezas de información. Cada fragmento nuevo era un diamante para mí. Cuando reuní suficientes diamantes construí un rompecabezas y descubrí a una mujer con cualidades extraordinarias. Era una persona modesta, inteligente, generosa, dispuesta a ayudar al otro. Su cocina era un refugio. Quien quería abrir su corazón acudía a su cocina. Era sabia. Decidí escribir la historia del fundador de la dinastía a través de los ojos de su esposa. Quería colocar a la mujer en el centro de la narración.

Uno de los recursos de la novela son los diarios, donde Gútel plasma sus emociones y pensamientos.

En realidad ella sí escribió un diario, pero no se conservó porque Meir Amschel Rothschild no quería dejar secretos de la familia tras su muerte. Procuró no dejar rastros. Yo decidí escribir tres diarios que le corresponderían a la esposa, desde sus quince años hasta su muerte, a la edad de noventa y seis. Los diarios de Gútel son para el lector el viaje de una familia única. Ella nos permite ver el estilo de vida de los miembros de un imperio bancario. Se revelan pensamientos, se perciben la complejidad de la vida de los personajes y sus debilidades. Se comprende su visión del mundo, se entiende qué los motiva. Se vislumbran las relaciones entre los miembros de la familia y los vínculos con otros personajes. El estilo de vida de Gútel revela una vida judía bajo las convulsiones históricas del momento.

¿De qué manera percibe el enriquecimiento legendario de la familia Rothschild tras la investigación y la escritura de la novela?

Lo percibo como una especie de realización de un proyecto, como la ejecución de algo de importancia familiar. La vida en el Judengasse, el gueto judío de Frankfurt —donde Meir Amschel Rothschild y Gútel se casaron cuando ella tenía diecisiete años—, era muy complicada. Los judíos vivían bajo una larga lista de decretos y prohibiciones. Eran muy pobres. Y una persona pobre estaba condenada al ostracismo. La situación se agravaba si el individuo era judío. Meir Amschel Rothschild se dijo: “Soy judío y vivo en la pobreza. No soy considerado una persona y tengo que cambiar esta situación”.

Entonces le contó sus planes a Gútel. Anhelaba honrar a la familia y a la comunidad. El honor en esa época radicaba en el dinero. Su esposa le preguntó cómo sería posible enriquecerse con todos los decretos y prohibiciones en el gueto. Él contestó: “Sacaré a la comunidad judía del gueto”. Trabajó con esfuerzo y energía porque deseaba ser una persona. Tuvo éxito. Sus cinco hijos siguieron sus pasos. Establecieron grandes bancos en ciudades europeas. Trabajó mucho, al grado de que no podía parar. Se hizo rico por su esfuerzo. Los críticos de la fortuna de los Rothschild tienen que saber que la familia ayudó a mucha gente durante generaciones.

“La muerte se ha abalanzado sobre nosotros y nos ha arrojado a la cara la insignificancia del ser humano. No hay riqueza en el mundo que pueda salvarnos de las fauces del Ángel de la Muerte”, escribió en El amor de la señora Rothschild.

Meir Amschel Rothschild y Gútel perdieron múltiples hijos. El dolor ante la pérdida nunca desapareció. Ante la muerte estuvieron muy unidos. También después. Mi conclusión es que se tiene que hacer siempre algo ante la pérdida. Ambos pudieron levantarse.

En la novela se lee: “Luego cojo la moneda que me ha dejado al lado de la almohada, la sujeto un momento en la palma de la mano y la deposito en una sencilla caja de madera que tengo debajo de la cama. Es la forma que tiene Meir de darme los buenos días”.

Esas monedas tienen un significado muy fuerte. Gútel recibía monedas de su amado. Como digo, él las colocaba al lado de su almohada. No había flores para obsequiarle a su esposa. Le daba monedas como gesto de amor. Cuando se mudaron a una casa más grande, Gútel le dio todas las monedas que recogió puestas por él en su cama, él le dijo que debía guardarlas para los momentos difíciles. Ella se negó y le dijo que las monedas del amor eran para los días buenos. Era su aportación para un gran momento, como la mudanza a una casa más amplia. Son las monedas del amor que supo compartir con su familia.

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