Se multiplican los repetidos y violentos choques entre la Policía y los grupos ortodoxos en Israel. La arbitraria e irresponsable aglomeración en fiestas y en sepelios, el incumplimiento de reglas básicas para evitar los contagios, la calificación de nazis a quienes piden o aplican alguna disciplina: circunstancias que están conduciendo a una severa redefinición de los nexos ciudadanos en este país.

Desde hace varias décadas la mayoría de la sociedad israelí ha aceptado que los grupos ortodoxos- más allá de sus diferencias internas – apenas aportan a la economía y a la defensa del país. Se trata de grupos que no revelan interés alguno por las cuestiones nacionales, adhieren a una vestimenta y a uniformes típicos de la Rusia del siglo XVII o de Marruecos del XIX, desprecian a filósofos y escritores que renuevan la cultura y la humana convivencia, y para atender la propia salud dependen de médicos que desprecian.

La aparición y difusión del covid ponen hoy en tensión estos vínculos. La cuarta parte de los afectados por el virus son miembros de las comunidades ortodoxas y apenas están dispuestos a aceptar la indispensable disciplina que las autoridades exigen a toda la ciudadanía. El resultado: la multiplicación de multas que difícilmente pagarán, la denominación de nazis a los grupos policiales que solicitan algún orden, y el ahondamiento de fisuras y divisiones en el país en momentos en que la unidad es indispensable.

Si los resultados del certamen electoral de marzo dan lugar a una coalición gubernamental que no necesitará el apoyo de las agrupaciones ortodoxas, algunas normas políticas y éticas podrían cambiar.

Entre ellas: exigirles el reconocimiento del Estado y el servicio activo en la defensa del país, alentar el acceso a profesiones indispensables como las ramas de la medicina y de la electrónica, y aceptar la convivencia con personas e ideas que viven y piensan de modo desigual.

¿Imperativo o utopía?

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Llegué a México desde Israel en 1968 invitado por Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. A partir de 1969 me integré a la CEPAL, Naciones Unidas. Fui investigador en El Colegio de México en los años noventa, asesor de UNESCO, y en la actualidad catedrático en la Universidad Bar Ilán de Israel.