“Afortunados somos; ¡cuán buena es nuestra porción y cuán grato
nuestro destino! ¡Qué bella es nuestra herencia!”.
Del rezo diario matinal.

Shavuot. Ser y Estar.

Tanto se ha escrito de la festividad de Shavuot (semanas) y de la entrega de la Torá, y es por ello que he decidido abordar el tópico desde otro ángulo. Puede que sea una arista novedosa, para el que esto escribe y también para algunos de entre el público lector.
No cabe duda que las tres festividades que denominamos regalím de reguel que aluden a las peregrinaciones (a pie) en la época bíblica hacia Ierushalaim.
Es decir todos juntos, de todos los lados y direcciones convergiendo hacia la ciudad Santa y hacia el Sagrado Templo.
Y justamente en este punto, podemos apreciar en toda su dimensión la felicidad del “Ser judío” para aquel hebreo donde este sentimiento ha desarrollado raíces en su corazón. Y esta es la base de partida para que todo hijo de Israel que “desee Estar” junto a sus hermanos en la Fe, sea en una peregrinación, en una congregación, en una Sinagoga, o en cualquier casa de estudio. También en estos bellos jaguím o celebraciones, y obvio para compartir y acompañar en aquellos momentos dolorosos, de pena y de pérdidas.
Ser (la condición)-Estar (la expresión del vínculo)- y hacerse presente y acompañar, constituyen los eslabones de una cadena que, si bien nos demandan una buena cuota de esfuerzo, por otro lado, nos colman(recompensan) con una inmensa felicidad interior de índole espiritual. Ya que, ninguna persona que lo haya experimentado puede ignorar ni dejar de reconocerlo como lo único y verdaderamente genuino, ya que brota o emana de la única fuente o manantial de aguas puras y cristalinas que se derivan de la Torá, que pese a su inmensidad (visto desde el lado humano) impresiona ser tan solo una contracción o síntesis de la inconmensurable (imposible de medir o valorar) Sabiduría Divina.

Bienaventurados somos…

Y la oración matinal o shajarit continua: “Bienaventurados somos cuando asistimos por la mañana y por la tarde a las sinagogas y casas de estudio”…
Es decir, durante el rezo diario, y también en festividades religiosas trabajar/nos en ese verdadero y merecido orgullo (obvio sin caer en la soberbia ni sobredimensionarnos) de Ser judíos por condición y de manifestar nuestro Vínculo por medio de nuestra participación en las diversas actividades comunitarias y reitero en el ámbito sinagogal.

Shavuot, tiempo de alegrarse. Final.

Y en este último bloque, la infaltable cita del Deuteronomio 16-14: ” Y te alegraras en vuestras fiestas solemnes, tú, tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva y el levita, el extranjero, el huérfano y la viuda que viven en tus poblaciones”.
Para concluir, todos los ríos y las corrientes del raigal, convergen y encastran mutuamente en brindar a todo judío la mayor dosis de felicidad posible. Y todo esto en un mundo donde justamente la alegría y la sonrisa se constituyen un raro visitante en las borrascosas aguas de la existencia del ser humano.
Y por todo esto, podemos concluir, que es cierto lo que afirman muchos gentiles que: “nosotros los judíos nos pasamos de fiesta en fiesta”. Pero ellos ignoran que inmenso tesoro han adquirido los judíos, el del servicio continuo a Hashem aferrándose a su Ley (que nos brinda protección aun limitándonos y se constituye en un faro o guía), que siempre otorga alegría y aleja la pesadumbre y los problemas, y la tristeza por cosas banas, y se constituye en el mejor antídoto contra la depresión y todo el conjunto de vicios y falsedades maquilladas como verdades, que el sistema social nos muestra como cosas importantes o vitales y que no son otra cosa que fuegos fatuos.
Esa es la consigna o síntesis y el desafío final y total, buscar la alegría (en ofrendar nuestra vida al Todopoderoso y el Dar y brindarnos a nuestros semejantes) sin desconectarnos del mundo material en donde temporalmente debemos residir.
Shavua Tov.