Queridos amigos:
, la Fiesta de las Cabañas donde rememoramos la salvación del Pueblo Judío de los desafíos de la intemperie y la precariedad por 40 años de travesía desde Egipto hacia la Tierra de , es llamada, también, HeJag[1], La Fiesta, enfatizándose con esa denominación el carácter gozoso y especialmente festivo de esos días. Tenemos una específica orden divina de deleitarnos en esta Fiesta. Dios nos dice, sin reparos, “Vesamajta bejagueja” – “Y te alegrarás en tu Fiesta”[2], siendo ésta una mitzvá tan importante como la de la construcción de la Sucá[3] (la Cabaña conmemorativa de esta Fiesta) o Arba’at Haminim[4] – las 4 especies que debemos portar en la semana de -.
 
Siendo la alegría un pilar esencial de esta Fiesta… ¿Cómo explicar que desde el Medioevo[5] se ha incluido en incontables Comunidades la lectura en de Meguilat Kohelet, el libro de Eclesiastés[6]? – el libro de la Biblia que, junto con la primer parte del Libro de Yob (Job) tiene la visión más pesimista de la vida y de la razón de la existencia humana -.
 
Kohelet es un libro atribuido a la pluma del Rey Salomón en sus días postreros. Se trata de un libro totalmente diferente al resto del Tanaj – la Biblia -, que pone en duda varios de los basamentos conceptuales sobre los que se sustenta una gran parte de la Biblia. Esto es posible por tratarse de uno de los Escritos, la tercer parte de la Biblia: si la Torá es la Revelación Directa de Dios al Pueblo de -y, a través de él, a la Humanidad toda -; si los Libros de los Profetas traen la Revelación de Dios a través de Sus Elegidos sobre temas coyunturales de la época que atravesaban – salvo el tema de la Redención final Mesiánica, que es futura -, los Escritos traen la dirección opuesta: cuando el hombre, desde su particular circunstancia, le habla a Dios. Así los Salmos, los Proverbios… y también Kohelet (este Rey de Jerusalem que dice: “Vanidad de vanidades: todo es vanidad”[7]) expresan diferentes situaciones existenciales humanas, según la autoría de cada obra.
 
¿Por qué, entonces, de las distintas expresiones humanas plasmadas en la Biblia, se elige, en la Fiesta de la Alegría, un libro que expresa el hastío, el tedio, la desesperación?
 
Quiero aventurar sumar a las respuestas tradicionales a esta pregunta dos direcciones adicionales posibles: Kohelet, el rey de Jerusalem, era un hombre que gozaba de todo aquello que valoramos hoy como éxito: fortuna, poder, belleza rodeándolo. No obstante, él ve en todo ello una expresión de lo vano, y sin valor: una muestra de lo errado en los énfasis de su propia vida; de lo desequilibrado entre aquello que consiguió y aquello que era realmente importante y que fue postergado. El tratado Post-Talmúdico de Sofrim introdujo el libro de Kohelet en nuestra Fiesta de máxima expresión de alegría quizás para recordarnos cuáles son las razones por las que debemos festejar una y otra vez, y que muchas veces olvidamos o tomamos por sentado: nuestra salud; el amor, la compañía y la comunicación con nuestra familia y amigos; la posibilidad de ganarnos nuestro sustento con un trabajo; la vida en comunidad, basada en el apoyo mutuo y en el compartir valores que nos son propios; la actividad que nos estimula y hace parte de lo que nosotros somos – nuestro Macabi -; el basamento ético que nos sostiene – nuestra Torá -; nuestro presente glorioso de vida nacional – el Estado de -.
 
Por otro lado, quizás se nos ordenó leer sobre la desesperación, el escepticismo y el desconcierto de Kohelet en nuestra Fiesta de la Alegría para recordarnos que el dolor, la decepción y la caída son una parte integral de la vida, y que, a pesar de ellos, debemos ser capaces de disfrutar de todo aquello bueno que es parte de nuestras existencias, y que no desaparece aún en los momentos más aciagos, más obscuros, más duros. Así es la vida: una combinación de aquello que nos enaltece y hace de nuestras existencias algo sublime y feliz, y todo eso otro que quiere imponerse para reducirnos a “vanidad de vanidades”.
 
Quiera Dios que vivamos otro lleno de alegría, de gozo, de canciones y danza, de Comunidad y de Macabi, de profunda felicidad.
 
Quiera Dios que sepamos diferenciar entre aquello que debiera ser verdadera razón de alegría de aquello vano y fútil, pasajero y desprovisto de auténtico valor, y que tantas veces es mostrado por Occidente como los verdaderos patrones del éxito.
 
Y quiera Dios iluminarnos para encontrar siempre la luz en la oscuridad, el sentido en la tiniebla, la alegría en los desafíos que nos presenta la vida.
 
Con nuestros mejores deseos,
 
¡Jag Saméaj!
¡Jazak ve’ematz!
 
RABINO CARLOS A. TAPIERO
                                        Vice-Director General & Director de Educación
                                    Unión Mundial Macabi