Diario Judío México - Nombrar es asunto delicado. Más aún, si queremos nombrar una ciudad de ansias monumentales y fachadas grandiosas con las voces de una lengua menor, sin poder y sin estado, sin ejército ni policía, sin gobierno ni prosapia. Nombrar es también un acto que reúne lo que obliga del pasado -una puerta que nunca puede cerrarse- con el presente, que nos pone un futuro ante los ojos(1). Y si nombrar es un modo de hablar del ídish en Buenos Aires, es porque esta lengua -al igual que esta ciudad- padeció en carne viva la pretensión de borrar los nombres, padecimiento que, a esta altura de la historia, es una voz de la lengua . Con todo esto en la voz, nombramos esta Buenos Aires ídish.

I- Quizás suene raro, tratándose del ídish, hablar de un futuro; no así de una historia que participa de una particularidad del : nunca -ni en los lejanos tiempos bíblicos- se han conformado los judíos con una única lengua. Si bien el hebreo ha sido siempre su lengua fundamental -lengua santa reservada al estudio de las Escrituras y a su interpretación- ésta siempre ha convivido con otras, de uso cotidiano, a las que el hebreo presta su alfabeto como rasgo de especificidad.

La multiplicidad de las lenguas judías, proliferadas en la errancia diaspórica, quizás constituya una puesta en acto lingüística de una paradoja del : habiendo introducido el monoteísmo en la cultura, carece, sin embargo, de una única autoridad interpretativa: el monoteísmo judío es multilingüe. De la multiplicidad de lenguas judías(2), el ídish es a la vez, la más persistente y la más despreciada. Hasta el día de hoy, esta lengua -hablada, en algún momento, por cerca de doce millones de persona, suele ser considerada por la opinión vulgar(3)– como un modo corrupto del alemán moderno o una deformación del hebreo. Sin embargo, su historia se remonta al siglo XI y arraiga en el Mittel-Hocht Deutsch, el hebreo, el arameo, un dialecto llamado La’az, las lenguas románicas y las eslavas. El ídish surge en la zona de Alsacia-Lorena, donde se asientan comunidades judías llegadas de lo que hoy conocemos como Italia y Francia, que traen consigo un tesoro lingüístico -hebreo y arameo- abrevado en la cotidianeidad de la Ley judía, pero ya atravesado por cerca de mil voces de raíz latina y románica (muchas de las cuales permanecen en el ídish de hoy(4)). Asentado entre los ríos Rhin y Mosela, ese rico sustrato lingüístico se topa con el Mittl Hocht Deutsch, fusionándose todos estos componentes en una lengua escrita con caracteres hebreos. Con la traslación de los judíos -empujados por las Cruzadas y otras persecuciones- hacia el Este, esa lengua primigenia se encuentra con las eslavas (polaco, ruso, checo, ucraniano) -y adquiere sus tonos más sabrosamente singulares, para terminar afianzándose en lo que será su ámbito más propicio, la Europa Oriental, donde florecerá como ídish moderno en todo su irónico y popular esplendor.

Esta mínima noticia de la deriva del ídish(5) muestra su particular cualidad, que Max Weinreich -fundador de la lingüística ídish- nombró como fusión -ainshmoltzn(6): su enorme facilidad para atraer al cuerpo lexical de las lenguas que la rodean y fundirse con ellas. La denominación de taitsh -(equivalente a la voz germana deutsch, traducción) que el ídish recibe en determinado momento- indica el papel que, durante mucho tiempo, le tocó desempeñar: traducir lo sagrado, esclarecerlo. la combustión producida por el choque de las lengua judías con la modernidad y de dos grandes movimientos -el Jasidismo(8) y la Haskalah(9)– entramados en dos grandes corrientes ideológicas -el despertar nacional del pueblo judío y el ansia de justicia social(10)-, el ídish germina en una impresionante corriente cultural y en una literatura de inédita potencia, que nace con tres nombres fundamentales:

Méndele Móijer Sforim, Itzjok Leibush Peretz y el conocidísimo Sholem Aleijem, llamados, respectivamente, “el abuelo”, “el padre” y “el nieto” de la literatura ídish moderna(11). Sin embargo, el desprecio de propios y ajenos, las renovadas persecuciones y, por fin, la Shoah, al asesinar a la gran mayoría de sus hablantes, vino a arrasar esa riqueza. Agonizante y enlutado, el ídish volvió a emprender la marcha y, desde sus lejanos ríos originales, también llegó hasta las orillas del Plata, donde, una vez más, comenzó a elevar la voz.

En Buenos Aires el ídish crece, incesante y torrentoso(12). Y mientras la ciudad se va llenando de los sonidos del ídish, el ídish va modulando las resonancias de la ciudad.

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FuenteMinisterio de Cultura
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