Diario Judío México -

Los funcionarios del Departamento de Estado de la Unión Americana recibieron con muy buenas formas a los enviados del equipo de transición del entonces presidente electo Enrique Peña Nieto.

Varios de los hoy integrantes del gabinete mexicano estuvieron ahí­, intercambiando información. Las dos partes se tuvieron confianza y se hablaron con sinceridad. Los directivos de las agencias de inteligencia que responden al presidente Barack Obama no desaprovecharon su turno y exhibieron su principal preocupación.

Hace unos años, Estados Unidos detuvo a 19 inmigrantes ilegales nacidos en que intentaron entrar a su territorio a través de la frontera con México. La cifra escaló a 90 hace un par de años y llegó a más de 900 en el más reciente conteo. Un aumento de casi 5000%.

En el equipo de Peña Nieto todos abrieron los ojos y se quedaron sorprendidos y preocupados. No es para menos: Estados Unidos ve en cada inmigrante ilegal árabe a un potencial terrorista y si para desgracia del mundo nuestro vecino del norte vuelve a ser objeto de un ataque cuyo perpetrador haya ingresado a su territorio por los 3 mil 500 kilómetros de frontera con México, nuestro paí­s puede sufrir consecuencias migratorias, comerciales y de seguridad.

La reacción serí­a obviamente furibunda de todos los actores polí­ticos estadounidenses. Serí­a previsible el congelamiento de cualquier iniciativa migratoria noble hacia quienes buscan el sueño americano; el sellamiento de la frontera para personas y mercancí­as, lo que detendrí­a el acceso de los productos mexicanos a su principal mercado, y la agenda se centrarí­a en el tema de seguridad, en el que México no tiene hasta ahora buenas cuentas que rendir.

En ese encuentro privado, que me relataron dos de los asistentes, los altos funcionarios de la dependencia, entonces bajo el mando de Hillary Clinton, externaron preocupaciones puntuales que tuvieron que ver con el estado de Quintana Roo.

Esa entidad, que cuenta con la población con la mayor diversidad de nacionalidades en nuestro paí­s, se ha vuelto el paraí­so de acceso de inmigrantes ilegales procedentes de al continente americano, según el diagnóstico de Estados Unidos. Señala que la penetración del crimen organizado, particularmente del grupo criminal de Los Zetas, ha favorecido esa condición.

Los mismos reportes de inteligencia marcan que desde Quintana Roo los grupos de traficantes de personas que forman parte de la estructura del crimen organizado hacen ruta hasta el territorio estadounidense pasando por Yucatán, Campeche, Veracruz y Tamaulipas hasta tener acceso a Texas, bordeando la costa del Golfo de México.


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