Diario Judío México - En mi consulta, la gente me cuenta diariamente toda clase de cosas interesantes que normalmente no dirían en ningún otro lado. Hay cosas que me he acostumbrado a escuchar. Un tema común cuando se acerca el año nuevo —ya sea el 1 de enero para algunos o Rosh HaShaná para otros—, es que las personas quieren aconsejarse sobre cómo dedicar más tiempo a las cosas importantes de sus vidas.

Todos quieren dedicarse a la familia y lo dicen una y otra vez con gran vehemencia. Sin embargo, a muchos les resulta demasiado difícil desconectarse de los emails para ver el recital de ballet de su hija o guardar el teléfono para disfrutar el partido de su hijo. Peor aún:

Hay quienes están tan ocupados viajando de un lado a otro por negocios que ni siquiera tienen tiempo para poner a sus hijos a dormir una vez por semana.

Para estas personas, mi consejo es siempre el mismo:

Es hora de notar la diferencia entre lo que dices y lo que haces. Lo que dices es que amas a tu familia; lo que haces es amar a tu trabajo.

Hay una metáfora muy famosa que escuché una vez en la yeshivá Aish HaTorá en Jerusalem, hace más de una década:

“Un hombre de negocios finalmente se hizo el tiempo para llevar a su hijo a pescar —luego de haber sido promovido a CEO— y viajaron a un hotel en México. El recientemente coronado CEO estaba muy feliz de dejar sus preocupaciones en el rascacielos de Manhattan durante todo el fin de semana largo.

Mientras pescaba con su hijo, vio un nativo que estaba teniendo un gran éxito pescando un pez grande tras otro. Siendo un hábil empresario, decidió ofrecerle al nativo consejos no solicitados:

–       ‘Eres un pescador tan talentoso; deberías comenzar a ahorrar el dinero que ganas con la pesca de cada día”.

El nativo se encogió de hombros.

–       “Con todo el dinero que ahorres, eventualmente podrías comprar un barco”, sugirió el gerente.

El nativo volvió a encogerse de hombros.

–       “Sé que suena tonto, pero si tuvieras un barco, posiblemente podrías pescar incluso más peces que los que pescas ahora desde la orilla”.

El nativo se encogió de hombros una tercera vez.

–       “Sé que quizás no te interese ahora, pero eventualmente podrías comprar un barco más grande y contratar a unos que trabajen para ti’.

El local no mostraba ningún interés, pero eso no detuvo al CEO.

–       “Sabes amigo, eventualmente podrías tener una armada de barcos pesqueros y, si tomaras bien todas tus decisiones, podrías dejar que las personas pesquen por ti durante un tiempo mientras tú manejas el negocio desde una bonita oficina con aire acondicionado”.

El nativo sacó otro pez del agua y continuó ignorando al CEO.

–       “Y para entonces lo habrás logrado”,

Dijo el CEO que no conseguía entender por qué el nativo no estaba más interesado en la conversación.

Finalmente, el CEO se frustró y gritó:

–       “¡No entiendes! ¡Si tienes una buena empresa y ahorras tu dinero, cuando seas ascendido a CEO finalmente podrás dejar la oficina una vez al año durante un fin de semana largo para estar con tu hijo por primera vez en el mes e ir a pescar a México como le habías prometido!”.

El nativo sonrió y caminó a casa con su cuota diaria de pescados…

Las personas serían más felices si pasaran menos tiempo en la oficina y más con sus familias, si trabajaran menos turnos nocturnos y disfrutaran más cenas familiares, si tuvieran menos teleconferencias en la noche y llevaran más a sus niños sobre sus hombros.

Cuando hablamos sobre estas opciones, todos responden que pagarían una fortuna para pasar más tiempo con sus seres amados y que jamás venderían a su familia por un mejor salario. El problema es que no siempre las acciones de las personas van de acuerdo a sus propias palabras.

Es difícil disminuir de golpe las horas de trabajo. Quizás una decisión realista para este Rosh HaShaná podría ser tratar de dejar la oficina un poco más temprano para llegar a casa a tiempo para la cena.

Y para quienes estén en un nivel más avanzado, podrían intentar comprometerse a no chequear su email hasta que los niños estén dormidos.

 

Por el Dr. Jacob L. Freedman

Publicado: 26/9/2016

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Psic. y Logot. Mauricio R. Carvajal Guajardo / Jefe de Psicología

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