Desde un pequeño puerto fluvial junto al Miño se ve, elevada del otro lado de la corriente y de la frontera, la casi impenetrable fortaleza que aún es a día de hoy Valença do Miño. De aquesta parte en la ribera -parafraseando al clásico-, casi a nuestra espalda, Tuy va creciendo desde la orilla hasta la Catedral, que también tiene un aire de ciudadela, como si de alguna forma quisiera plantar cara al fortín portugués.

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El Miño en Tuy | C.Jordá

Entre ambas ciudades el Miño empieza a apurar sus últimos kilómetros pletórico y bello, avanzando majestuoso y lento con la luz temprana de la mañana, bajo las primeras gotas de una lluvia que más tarde tomará esa forma de diluvio de un cuarto de hora que tantas veces tienen los chaparrones en Galicia. Ni la ruidosa lancha de la Guardia Civil rompe la magia, la placidez y la belleza del momento y, aunque a esas horas del día aún me quedaba por ver la mayor parte de la ciudad, ya estaba seguro de que Tuy me iba a encantar. Y así fue, efectivamente.

Patrimonio de lujo y recuerdos de

Además de ese entorno bellísimo en el que la frontera es una presencia constante, Tuy tiene un patrimonio fenomenal y no sólo es una de las ciudades de la Red de Juderías de España, sino que guarda tesoros de nuestra herencia sefardí totalmente únicos, que no se pueden encontrar en ninguna otra parte de ni, por supuesto, del mundo.

Estoy hablando, por supuesto, de los fascinantes sambenitos de la Inquisición que se descubrieron hace años en un rincón de la catedral y que son un testimonio, terrible, necesario y en cierto sentido hermoso, de una persecución que fue mucho más allá de 1492. Se pueden ver en el curioso Museo Diocesano, a unos metros del gran templo, y en el propio Museo Catedralicio.

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Sambenitos de la Inquisición en el Museo Diocesano de Tuy | C.Jordá

Otra

Al mismo tiempo, en el claustro gótico de la propia catedral hay otro famoso y revelador recuerdo de una menorá grabada en una de las piedras. No es la obra de un escultor sino una marca sencilla y casi diría apresurada, pero es el testimonio de otro momento histórico muy diferente: aquel en el que una comunidad judía vivía en Tuy lo suficientemente integrada no sólo para contribuir a la construcción de la catedral -lo que podría ser y de una forma u otra probablemente fue una imposición- sino para dejar un testimonio de ello, aunque fuese modesto.

El claustro, por cierto, tiene una belleza gótica sencilla pero casi insuperable y le encontré un encanto especial, puede que fruto de uno de esos momentos entre dos chubascos en los que el aire se hace como más transparente y los colores, en este caso sobre todo el verde, se saturan.

Tímidos rayos de sol querían abrirse paso entre las nubes el y le daban también algo muy especial al panorama que se contempla desde una terraza junto al claustro: unas vistas preciosas de la parte más vieja de la ciudad, del río y del territorio al otro lado de la frontera.

Más acá de

Además de estos pedazos de historia sefardí celosamente guardados -y hay algunos más, no se pierdan un tour completo- y de esa ubicación hermosa y fascinante, Tuy tiene otras cosas que vale la pena conocer.

Por supuesto su catedral, de la que he hablado sólo de refilón, que es un peculiar templo gótico de aspecto fortificado y con una fachada extraña y bella al mismo tiempo. También ese casco antiguo de callejas de piedra húmeda que suben desde el río en cuestas que se agarran a la montaña y a la roca, con rincones tan especiales como ese túnel de las monjas clarisas que sirve de perfecto refugio cuando la lluvia aprieta; o esa incursión portuguesa que es el barroco encalado y de piedra de la preciosa capilla de San Telmo.

Carne, moluscos y… lamprea

Y como suele ocurrir en Galicia a la belleza, el encanto y la historia de hay que añadir otro atractivo no menor que los anteriores: lo que ocurre al sentarse a la mesa. Mejor si es acompañado de los joviales locales, gente buena que sabe hilar las historias y los platos con calma y gusto.

La cocina de es gallega por lo contundente y lo sabroso: buenos moluscos y excelentes carnes se dan la mano con naturalidad en la mesa -sobresalientes en O novo cabalo furado-, pero un plato destaca y por su originalidad y su peculiaridad, incluyendo que, además, es de temporada: la lamprea, disponible más o menos entre febrero y abril.

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Lamprea | C.Jordá

Con su aspecto de monstruo prehistórico -de hecho es uno de esos raros animales que no ha evolucionado en cientos de millones de años- y su sabor para paladares al mismo tiempo valientes y exquisitos, la lamprea desata pasiones y odios casi por igual. Incluso su presentación en una de las recetas tradicionales, hecha en su propia sangre como no la prepararon en La de Manu, una de las referencias locales, ayuda poco a que los menos animosos se enfrenten a ella.

No sé si les gustará si algún día la prueban, pero les animo a hacerlo: es uno de esos sabores únicos e inconfundibles que muy pocas cosas ofrecen. Como única e inconfundible es la propia Tuy, con su mezcla de judía, cristiana y gallega, con su aire de frontera, con su belleza tan especial.

FuenteLibertad Digital

1 COMENTARIO

  1. Este plato es absolutamente NO KOSHER. Es una pena que una publicacion judia invite a comerlo como parte de la reivindicacion de Sefarad. Por no comer cosas de este estilo muchos judios fueron torturados y asesinados. No debemos olvidar esto nunca aunque la posibilidad de hacer dinero con el “judeo-turismo”haga ahora que muchos espanoles, en gran medida antisemitas, finjan lo contrario.

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