Mi abuelo vivió sus primeros años en Jerusalem antes de emigrar a Colombia. Llegó con sus padres y sus hermanos tras meses de viaje y trajeron consigo pocas posiciones materiales pero una gran riqueza cultural. Mi bisabuela hablaba ladino, ese idioma que se llevaron los judíos expulsados de España en 1492 y que cargaron por el mundo por generaciones. Muchas de las expresiones con las que crecí en casa y que asumí erróneamente que eran hebreo, resultaron ser palabras en árabe. Entre el ladino, el hebreo, el árabe y el español mi familia se estableció en Colombia donde yo soy tercera generación de la comunidad judía del país.

Este pequeño recuento de mi familiar es solo uno de miles de relatos que reflejan cómo lo que parece un acuerdo diplomático entre países en otro continente tiene un impacto directo en los judíos de la diáspora.

El primer tratado de paz entre Israel y una nación árabe se firmó en 1979 con Egipto, seguido por Jordania en 1994. Ismael e Isaac daban sus primeros pasos de reencuentro. Hace un año, con la firma de los se dio un salto gigante hacia adelante. El acercamiento de Israel con Emiratos Árabes Unidos y Bahréin marcó una nueva etapa en las relaciones diplomáticas entre los países del Medio Oriente y ha llevado a la normalización de relaciones con Marruecos y Sudán.

Tuve la oportunidad de enviarle al Embajador de Emiratos Árabes Unidos en Colombia, S.E. Salem Rashed Alowais, una carta diplomática hace un año felicitando a nombre del Jewish Diplomatic Corps del Congreso Judío Mundial por la firma de los acuerdos y hace unos días con motivos del primer aniversario. Representantes de los países que firmaron los acuerdos han tenido encuentros en América Latina con las comunidades judías locales, afianzando los lazos fraternales no solo con Israel sino con los judíos de la diáspora.

«Los judíos y nosotros somos hermanos,» me dijo una guía turística en Fez, Marruecos, hace unos años mientras me guiaba por la Mella o el antiguo barrio judío de la ciudad. Allí, sinagogas de siglos de existencia son monumentos vacíos que reciben la visita de judíos que buscan huellas del pasado. Existe la esperanza de un renacer de la judería en Marruecos pero donde ya podemos ver avances es en Emiratos Árabes Unidos donde una comunidad judía de tan solo una década de existencia, encontró su espacio para crecer.

En la pasada reunión plenaria del Congreso Judío Mundial llevada a cabo virtualmente en junio de este año, se aprobó el ingreso del Consejo Judío de los Emiratos, la comunidad judía más nueva del mundo. Alrededor de 2.000 personas integran esta comunidad que creció de manera orgánica y discreta y que salió de las sombras con la firma de los Acuerdos de Abraham.

En noviembre de este año tendré el honor de formar parte de una delegación de JDCorps que viajará a Emiratos Árabes con el fin de fortalecer los lazos de amistad y visitar una comunidad judía que, a pesar de lo que se pensaba hace cincuenta años, no solo pudo nacer en un país árabe sino que ahora es un ejemplo de amistad y coexistencia. Los traen consigo la esperanza de continuar construyendo puentes, de crear nuevas relaciones y de celebrar la unión entre nuestros pueblos hermanos.