Diario Judío México - Desde que comenzó a publicarse la cadena de reconocimientos latinoamericanos del Estado palestino, mucho se ha dicho y escrito sobre los problemas que éstos despertaban.

Se recordó que el Estado palestino aún no existe, se señaló que para funcionar, debe ser producto de negociaciones entre y la Autoridad Palestina y se advirtió que si se da a los palestinos el resultado esperado de la negociación antes de sentarse a hablar, pues no se les alienta a volver a la mesa de conversaciones.

En este análisis quisiéramos detenernos en un problema concreto que se basa más que nada en dificultades que existen ya ahora en el terreno, son reconocidas por todos como tales, y no son, por ende, especulación acerca de lo que podría o no suceder en el futuro. Y esto es relevante especialmente al reconocimiento que han hecho algunos países-Brasil, Argentina, Bolivia y Ecuador, por ahora, sumados por supuesto a la ya nada nueva postura de Venezuela-que dijeron explícitamente que el Estado palestino debe crearse “en las fronteras de 1967”.

Antes de analizarlo, quisiéramos recordar que si bien el Presidente de la República José Mujica anunció que reconocerá a Palestina en la primera mitad del año próximo aún antes de que Brasil y Argentina formalizaron su reconocimiento, hasta ahora los comunicados uruguayos al respecto fueron más generales. Mientras Brasilia y Buenos Aires –y luego La Paz y Quito- dijeron que reconocen al Estado palestino “en las fronteras del 67”, se abstuvo por ahora de un pronunciamiento tan explícito y tenemos entendido que el tema está siendo analizado en Cancillería.

En otras palabras: dijo que reconocerá al estado Palestino, pero aún no dijo nada sobre el “cómo”. Creemos que lo apropiado sería anunciar ese apoyo “para cuando se cree el Estado palestino en negociaciones de paz con ”. Pero habrá que esperar y ver cuál es la terminología oficial.

Precisamente porque aún se están analizando los detalles, consideramos pertinente destacar lo que explicaremos a continuación.

Existe un documento internacional que compromete a , uno de sus suscriptores, cuyo primer artículo ya deja en claro la problemática de la situación actual. Se trata de la Convención sobre Derechos y Deberes de los Estados, más conocida como Convención de Montevideo, que se firmó el 26 de diciembre de 1933 durante la séptima Conferencia internacional de los Estados Americanos. Tal como lo indica el nombre, por cierto, dicho evento interamericano tuvo lugar en nuestra capital.

Así dice el artículo número 1 de la Convención:

E1 Estado como persona de Derecho Internacional debe reunir los siguientes requisitos:

I. Población permanente.

II. Territorio determinado.

III. Gobierno.

IV. Capacidad de entrar en relaciones con los demás Estados.

Pues al hablar de “fronteras del 67” ya surge claramente el problema. Si bien sería más exacto hablar de las fronteras del armisticio de 1949, ya que las del 67 nunca fueron reconocidas internacionalmente, cuando se habla hoy en día de “fronteras del 67” claro está que la referencia es a las que existían antes de la Guerra de los Seis Días en la que al repeler los ataques en su contra, conquistó Cisjordania (la Ribera Occidental del Jordán, o sea Judea y Samaria), la Franja de Gaza, Jerusalem oriental y los Altos del Golan. O sea que aún dejando de lado el tema del Golan-que atañe al frente sirio-, reconocer el Estado palestino en las “fronteras del 67” equivale a exigir una retirada total de de esos territorios, entregar inclusive el Muro de los Lamentos y el barrio judío de la Ciudad Vieja a los palestinos-aunque no habían sido nunca antes los soberanos en esas zonas ni en ninguna otra-, y entregar también la Franja de Gaza al nuevo Estado.

La Autoridad Palestina, el único interlocutor reconocido de del lado palestino, ejerce gobierno únicamente en Cisjordania, no en Gaza, donde el gobernante es la organización integrista islámica Hamas, que tomó allí el poder por la fuerza en junio del 2007. Gaza es un “territorio determinado” y tiene por cierto “población permanente”, pero no es la zona controlada por el representante palestino que oficialmente negocia con y en quien el mundo desea depositar su confianza para que rija los destinos del Estado palestino.

Hablar de las fronteras del 67 equivale a afirmar que se exhorta a crear un Estado palestino dividido y por lo tanto con serios impedimentos para concretar las aspiraciones nacionales de los palestinos, con el agravante de que en una de las partes de ese territorio dividido ( y aquí lo central no es la separación geográfica, sino la de poder y enfoque de vida) el gobierno está en manos de una organización declaradamente enemiga de , que le continúa atacando aunque no hay allí ya ni un soldado israelí ocupando. El único soldado israelí que se encuentra en la Franja de Gaza., parte de esas “fronteras del 67”, es Gilad Shalit, secuestrado hace cuatro años por Hamas, cuando terroristas armados de la organización se infiltraron por un túnel subterráneo al vecino territorio soberano de , mataron a dos soldados y se llevaron a Gilad consigo a Gaza.

Cabe suponer que al volver a negociar, Israel y la Autoridad Palestina tendrán que abordar el tema de qué sucede con Gaza. Habrá que ver qué fórmula permitirá maniobrar entre la declarada posición palestina sobre la indivisibilidad de ambos territorios (lógico desde el punto de vista nacional, aunque la enemistad de fondo con Hamas supera en mucho las declaraciones de hermandad ante los micrófonos) y la no menos lógica necesidad de Israel de no permitir que en su frontera sur haya un territorio abiertamente hostil, que como parte de una entidad independiente, tendría más libertad de acción que la que tiene ahora Hamas, para armarse y hacer alianzas peligrosas. Ya ahora se las arregla, a pesar del bloqueo israelí, para introducir armas en grandes cantidades a Gaza y para actuar con abierto apoyo y dinero de Irán. Lo que sería, por cierto, si tuviera independencia….

Hace pocos días, uno de los jefes de Hamas en Gaza, Mahmud al Zahar, advirtió que también en Cisjordania podría haber una “rebelión” como la de Gaza en el 2007. Se refería, claro, al derrocamiento de la ANP y la toma del poder por la fuerza. Cabe recordar que la semana pasada, en una dramática rueda de prensa en Ramallah, el Jefe del Servicio de Seguridad Preventiva Palestina, General Adnan Damiri, reveló que habían sido encontradas grandes cantidades de armas, cohetes y lanzacohetes en dicha ciudad y que “Hamas pensaba usarlos contra la Autoridad Palestina”.

Al Zahar acusó a la ANP de forjar una “alianza diabólica” con Israel en Cisjordania, dirigida contra “nuestra conciencia, nuestros hombres, mujeres y niños, nuestras mezquitas, instituciones y universidades” y aclaró que los palestinos deben tener claro que esa alianza no durará para siempre “porque la entidad de ocupación, que protege [a la AP] también desaparecerá”.

Gaza, incluida en las fronteras del 67, es territorio abiertamente hostil a Israel. Podría no serlo, si Hamas hubiera tomado la retirada israelí de agosto del 2005, como un nuevo comienzo en pro del pueblo palestino. Pero optó por la continuación del conflicto, aunque no quedó ni un asentamiento israelí, ni un colono, ni un soldado…

Es más: en declaraciones a la prensa hace pocos días, el portavoz del brazo armado de Hamas, Izz al Din a-Qassam, Abu Obaida confirmó que de los 10,981 cohetes y morteros disparados según él hacia Israel desde los comienzos de la segunda intifada a fines del año 2000, el 68% fueron lanzados después de la retirada israelí.

Nada mejor que los aniversarios, para que las emociones hablen solas. Pues hace pocos días, en un mensaje especial que publicó por el 23º aniversario de la fundación de Hamas, el jefe máximo de Izz alDin al Qassam, Muhammad Deif, declaró, dirigiéndose a Israel:

“Ustedes dejarán de existir y Palestina, con Jerusalem, la Mezquita de Al-Aksa, los pueblos y las ciudades, permanecerán nuestros, desde el río hasta el mar. Ustedes no tienen derecho a ningún centímetro de esta tierra y nunca nos rendiremos a ustedes, mientras haya un musulmán en la faz de esta tierra”.

Esa gente –y no sólo el Presidente palestino Mahmud Abbas- es la que está incluida en el término “fronteras de 1967”. No van a desaparecer por más que Latinoamérica aclare que su intención es aportar a la paz en la región.

Brasil y Argentina, evidentemente, no cambiarán los términos de sus respectivos reconocimientos al Estado palestino. Nuestro país, honrando su tradicional principismo en internacional, aún está a tiempo de no cometer el mismo error.

Difusion: www.porisrael.org

FuenteSemanario Hebreo
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